¿Qué pasa con el Seguro Nacional de Salud (SENASA)?, entidad que en el campo de la salud gozaba de confianza y prestigio en la población dominicana.
Esa interrogante se ha generalizado en la opinión pública y en las mujeres y hombres del pueblo que tenían una garantía de servicios en el área de salud.
La respuesta del Gobierno a esta interrogante ha sido tímida y poco clara. Han respondido con el esquema mercadológico usado por el PRM de pretender minimizar el escándalo que generan las dificultades en el servicio.
Desde el SENASA se emitió un comunicado en el que se destacan los niveles de expansión, crecimiento y eficiencia, mientras el presidente de la República aseguró que la ARS no se encontraba en déficit. Sin embargo, admitió que ha requerido un aporte extra de recursos, que se le estaría inyectando.
No se puede tapar el sol con un dedo, expresión del refranero popular que traduce que no se debe justificar lo injustificable.
“El Gobierno tiene que ponerle atención a lo que se está diciendo sobre SeNaSa”, dijo en el fin de semana el Presidente Danilo Medina en respuesta a una inquietud periodística.
Es la más atinada recomendación para evitar el desplome total de la aseguradora, que ofreció amplias coberturas y acceso digno y eficiente en los servicios de salud, convirtiéndose en el principal respaldo en la salud de los sectores más vulnerables del país.
El Partido de la Liberación Dominicana, identificado con las causas populares, se solidariza con la preocupación por el progresivo deterioro del Seguro Nacional de Salud.
En lugar de evasivas y estrategias mercadológicas con las que se procura justificar el desastre con argumentos baladíes, el Gobierno y su partido deben entender que tienen de frente una situación crítica que requiere de ajustes urgentes, para salvar un seguro que brindó con eficiencia servicio y atención a los más necesitados. Se requiere acción, y no bla bla bla propagandístico, para sacar al SENASA de cuidado intensivo, donde lo han colocado la incapacidad y la improvisación del presidente Abinader y el PRM.