Opinión

Declaraciones políticas o realidades incómodas, señor presidente

El presidente Luis Abinader ha respondido recientemente a las críticas de la oposición calificándolas de manera ligera como simples “declaraciones políticas”. Según él, es “normal” que los líderes opositores critiquen al gobierno, y considera que eso demuestra que “la democracia funciona”. En otras palabras, nos invita a aplaudir lo que para muchos dominicanos no son simples opiniones, sino verdades que reflejan la realidad de un país con un “motor fundido”, como expresó el expresidente Leonel Fernández, y “cansado de promesas incumplidas” según señaló el expresidente Danilo Medina.

Del PLD al PRM: Lo que funcionaba y lo que hoy no funciona

En la República Dominicana, la comparación entre los gobiernos del PLD (Partido de la Liberación Dominicana) y el actual PRM (Partido Revolucionario Moderno) se ha convertido en un tema recurrente en las conversaciones cotidianas. No se trata solo de nostalgia política, sino de un análisis objetivo de lo que, para muchos, funcionaba antes y lo que hoy parece haberse perdido.

1. La estabilidad económica vs. el costo de la vida actual

Durante los gobiernos del PLD, especialmente en la era de Danilo Medina y parte del período de Leonel Fernández, la estabilidad macroeconómica era un tema del que se hacía gala. El crecimiento sostenido, el control de la inflación y un dólar relativamente estable daban la sensación de seguridad económica a muchos sectores.
Hoy con el PRM, aunque se habla de crecimiento económico, la realidad en los bolsillos de la gente es diferente. El costo de la canasta básica se ha disparado, los productos de primera necesidad suben semana tras semana y la percepción general es que el salario rinde mucho menos.

2. Obras visibles vs. promesas y lentitud en la ejecución

Una de las banderas del PLD era su capacidad para mostrar resultados concretos: carreteras, escuelas, hospitales y obras que, aunque criticadas por supuestos sobrecostos, eran visibles. El pueblo sentía que algo se estaba haciendo.
Con el PRM, los anuncios abundan, pero la ejecución es lenta. Proyectos prometidos hace más de tres años siguen en planos o en procesos burocráticos interminables. La gente percibe que se habla mucho de transparencia, pero se ve poco en acciones concretas.

3. Cercanía con la gente vs. gobierno distante

Danilo Medina, con su programa de “Visitas Sorpresa”, logró vender la imagen de un presidente cercano al campo y a los productores. Aunque muchos cuestionaban la efectividad real de esas visitas, el gesto generaba confianza en amplios sectores rurales.

En contraste, el PRM, con Luis Abinader, se percibe como un gobierno más técnico y alejado de la población. Las ayudas sociales han pasado a ser, en gran medida, simples programas digitalizados sin el contacto directo que antes servía también como estrategia política.

4. Manejo político y gobernabilidad vs. improvisación y conflictos internos

El PLD, pese a sus cuestionamientos éticos, era un partido con una maquinaria política disciplinada que garantizaba gobernabilidad. Las decisiones, acertadas o no, parecían coordinadas y estratégicamente pensadas.
En el PRM, la constante es la improvisación: ministros que se contradicen, funcionarios que dan declaraciones desafortunadas y un partido que aún parece no entender del todo cómo administrar con cohesión un país.

5. Corrupción antes y ahora

No se puede obviar que el PLD fue fuertemente criticado por los grandes escándalos de corrupción. Sin embargo, el PRM llegó con la promesa de cambio y transparencia, y a casi cuatro años los casos de corrupción continúan apareciendo, muchos protagonizados por funcionarios actuales. La diferencia es que antes había “obras con corrupción”, y ahora la percepción popular es que hay “corrupción sin obras”.

Señor presidente, ¿de verdad cree usted que se trata únicamente de retórica política?
Cuando la gente no encuentra medicinas en los hospitales, cuando miles de jóvenes siguen desempleados, cuando la delincuencia mantiene en zozobra a barrios enteros, ¿es correcto reducir esas críticas a un simple “juego democrático”? Si el motor no estuviera fundido, no se sintiera en las calles el olor a desesperanza que viven muchos dominicanos. Si el cambio no estuviera agotado, no habría cada vez más voces no solo de políticos, sino de ciudadanos reclamando que este modelo de gobierno no funciona.

Decir que es “normal” que la oposición critique es un intento de desviar el verdadero debate, su gestión no está respondiendo a las necesidades del pueblo. No se trata simplemente de que un opositor nunca hable bien del gobierno, se trata de que hoy hay muy poco que aplaudir.

El cambio prometido por el PRM sigue siendo para muchos dominicanos, una deuda pendiente. No se trata de idealizar al PLD, cuyos errores le costaron el poder, sino de reconocer que algunos aspectos de su gestión, como la estabilidad económica percibida, las obras tangibles y la conexión con la gente, son elementos que hoy la población extraña.
La democracia no se mide por el hecho de que los opositores puedan hablar, sino por la capacidad de los gobernantes para escuchar y corregir. Y en eso lamentablemente, este gobierno parece tener los oídos tapados.
Al pueblo no le interesan las excusas ni los discursos elegantes; le interesa que las promesas se cumplan. El 2028 puede parecer lejano, pero como dijo el expresidente Danilo Medina: “la gente se está preparando para cambiar el cambio”. Y no porque lo diga la oposición, sino porque la realidad misma grita más fuerte que cualquier declaración política.

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