Apenas con la categoría de tormenta, el fenómeno atmosférico identificado como Melissa trajo consigo lluvias intensas y prolongadas que paralizaron las actividades productivas y sociales por varios días en República Dominicana, a la vez que han dejado en provincias y barrios del Gran Santo Domingo una perturbadora imagen de desolación y abandono.
Sin un balance aún definitivo, se cuentan por decenas de miles las familias que han quedado sin agua potable, con sus viviendas inundadas o destruidas, derrumbes, caminos y carreteras deteriorados, con escombros que obstaculizan la comunicación de comunidades enteras.
Las precipitaciones resultaron más intensas que lo que habían indicado los pronósticos, quizás como consecuencia del fenómeno del cambio climático y su lento desplazamiento, con un trayecto atípico, según explicaciones de expertos.
Salvo excepciones, los ciudadanos respondieron al llamado de las autoridades, lo que habla de cierta madurez y comprensión ciudadana ante estos fenómenos naturales, pese a la duda generada por un posible manejo politiquero de la situación de parte del oficialismo que se movilizó e hizo declaraciones en lugares vulnerables donde prometieron villas y castillos, como ha sido el comportamiento de esta gestión.
La tormenta, como se previó, evolucionó a huracán, con una amplísima zona de nubosidad, que traerá más precipitaciones y otros contratiempos porque los suelos están saturados.
Ya se están realizando los levantamientos en las provincias para evaluar daños y coordinar la reparación de infraestructuras públicas, mientras la ciudadanía trata de mitigar los daños a viviendas e instalaciones privadas, que no se compensan con los anuncios y promesas oficiales.
Pese a la desolación dejada a su paso por ‘Melissa’ y la impotencia por lo vulnerable de su situación ante estos fenómenos, el país apuesta a la recuperación.
Melissa actualizó una mutual perversa: lluvias torrenciales y la negligencia oficial que aún persiste en la idea errada de afrontar los daños con poses y anuncios que en vez de soluciones concretas persiguen obtener el agrado ciudadano y el buen trato de una opinión pública que ha abierto los ojos y no le concede ni el beneficio de la duda.