Por: Jose Manuel Castillo | El retorno de Trump a un entendimiento pragmático con Beijing podría recordar, en cierta medida, la visión geopolítica de Nixon, reconocer que ninguna potencia puede aislar completamente a China sin afectar la estabilidad económica mundial.
En ese contexto, la relación entre Washington y Beijing seguirá siendo una mezcla compleja de rivalidad estratégica, cooperación económica y competencia tecnológica. En ese proceso subyace la aspiración de EEUU de recolocar parte de su industria y diversificar sus cadenas de suministro, con el propósito de reducir la dependencia excesiva de mercados lejanos y evitar crisis logísticas como las que quedaron en evidencia durante la pandemia de COVID-19. La interrupción del comercio marítimo, la escasez de insumos estratégicos y la paralización parcial de puertos y fábricas demostraron la vulnerabilidad del sistema económico global ante escenarios de emergencia internacional. En ese contexto, la región de América Latina y el Caribe, y particularmente, la República Dominicana, por su posición estratégica en el centro del Caribe, reúne condiciones excepcionales para consolidarse como el principal Hub Logístico de la subregión. Su cercanía con la costa este de Estados Unidos, su conectividad marítima y aérea, así como el desarrollo de puertos, zonas francas e infraestructura aeroportuaria, le permiten proyectarse como un punto de enlace natural entre el Caribe insular, Centroamérica y América del Sur. La República Dominicana no solo puede servir como plataforma de redistribución comercial, sino también como espacio para procesos de manufactura ligera, ensamblaje, almacenamiento estratégico y nearshoring industrial. En un escenario internacional marcado por la competencia geoeconómica y la reorganización de las cadenas globales de valor, el país tiene la oportunidad de convertirse en una pieza clave para la seguridad logística y comercial de Estados Unidos y de toda la región hemisférica. El gran desafío estratégico de República Dominicana no es solo construir puertos, carreteras o zonas francas modernas, sino formar el capital humano necesario para sostener una economía industrial y tecnológica competitiva.
Ningún país puede convertirse en un verdadero Hub Logístico e industrial sin una fuerza laboral capacitada y eficiente. Por esa razón, el país debe impulsar un amplio programa nacional de formación técnico-profesional orientado a las necesidades de la economía moderna. La meta debe ser convertir a la República Dominicana en una “fábrica de técnicos cualificados”, especializados y profesionales capaces de responder a las demandas de sectores como manufactura, logística, tecnología, servicios digitales, operación portuaria y mantenimiento industrial. La experiencia de países como Corea del sur y Singapur demuestra que el desarrollo económico sostenible depende en gran medida de la educación técnica y de la preparación de su mano de obra. Las empresas internacionales no solo buscan infraestructura y estabilidad, sino también personal preparado y competitivo. Si la República Dominicana logra desarrollar miles de técnicos capacitados en áreas estratégicas, aumentará significativamente su capacidad para atraer inversión extranjera directa, impulsar el nearshoring y fortalecer la industria nacional.