Romper las Nuevas Cadenas
────────────────────────── Palabras del Secretario General Johnny Pujols en el acto de graduación del Instituto de Formación Política Profesor Juan Bosch.
El presidente me ha puesto la responsabilidad de en nombre de él y de la dirección de nuestro partido dirigirles unas palabras, muchas gracias Presidente por el honor.
Quisiera iniciar felicitando al equipo del instituto, por haber logrado ese hito, por
haber puesto en práctica, lo que estamos viendo en esta mañana.
Esto inició en el X Congreso del partido cuando se tomó la decisión de regresar a la
formación política de manera obligatoria y siguió con todos los pasos técnicos,
legales, que hemos ido dando para garantizar este esfuerzo, pero el mayor avance ocurrió cuando cada uno de ustedes, tomó la decisión de creer que esto era sumamente importante y que valía la pena hacerlo.
Entrando hoy, es imposible no recordar cuando comencé la militancia política, hace
23 años. En el 2003, el partido recién tomaba la decisión en el sexto congreso, de
eliminar la formación política como algo obligatorio.
Yo vi a mi madre, militar en el partido y ser parte de los círculos de estudios en los
años 90, así que la decisión, me entristecía profundamente y hoy, 23 años después, en un momento en que se dice que la formación política es cosa del pasado, que el futuro pertenece a las figuras individuales, a líderes, a movimientos y organizaciones alrededor de esos líderes y para ellos, el PLD se resiste, el PLD se revela a esa visión, y 628 compañeros y compañeras dicen que sí es
posible, darle profundidad y propósito, a la decisión vital de ser un dirigente político. No solo que es algo posible, sino que es algo necesario.
La apuesta de nuestro partido es la apuesta correcta.
Para quienes no comparten esta visión, quisiera hablarles de un hombre. Frederick
Douglas, nació esclavo, en Maryland en el año 1818, sin escuela, sin derechos, sin
nombre legal propio, su amo, un día le dijo a la esposa, que dejaran de enseñarle a
leer, porque si aprendía a leer, ya no iba a servir como esclavo.
Douglas, que escuchó eso detrás de la puerta, se dio cuenta rápido que la
esclavitud, estaba realmente en la ignorancia. Que el sistema de dominación
no temía a los esclavos fuertes, sino a los esclavos que podían pensar. Aprendió a leer
y se convirtió en uno de los oradores y escritores políticos claves, del movimiento
abolicionista en Estados Unidos.
Igual que con Douglas, aquí, les estamos enseñando a leer, no textos, porque eso ya
ustedes lo sabían hacer, les damos la receta, para leer a la sociedad dominicana, sus límites, sus contradicciones, para leer el poder, sus mecanismos. La teoría Boschista es precisamente, para entender el país y para transformar el país.
Lamentablemente hoy hay otra esclavitud, mucho más compleja. A las personas
de hoy nadie le prohíbe pensar, nadie le impide leer, nadie les ordena obedecer. Y
sin embargo, con la ayuda de la desinformación, de la inmediatez y de redes mal utilizadas, el individuo se convierte a sí mismo, voluntariamente, en mercancía para otros. Se empobrece a sí mismo, material y culturalmente. Se somete a sí mismo todos los días.
Es la paradoja más cruel de nuestro tiempo: el hombre más libre de la historia es también el más sometido.
Porque sus cadenas son invisibles. Él las elige en nombre de la libertad. En nombre
del derecho que tiene a elegir, elige ser esclavo. Esclavo de las adicciones, de
la dispersión, de la distracción, de la desatención, del placer.
Ya no usa su voluntad para ser culto, para ser bondadoso, para apreciar la vida, para
disfrutar la belleza, para amar y para vivir mejor, para compartir la vida con su familia, con sus amigos, para luchar por ellos y para ser feliz.
Usa su libertad para parecer feliz y sentir placer, para escapar de la realidad,
para escapar de la prisión que él mismo se ha construido en su mente, y por eso está aplastado y deprimido.
La política tiene una nueva tarea. Ya no solamente hay que liberar al ser humano de
la pobreza y de las estructuras externas que lo oprimen, se trata adicionalmente, de
liberarlo de sí mismo. De devolverle la capacidad de pensar con claridad en
un mundo diseñado para que no piense.
De devolverle la atención en un mundo que la fragmenta. De devolverle la voluntad en un mundo que la agota. De devolverle al otro, al amigo, al compañero, al vecino, a la familia, en un mundo que los borra constantemente, que le ha enseñado a pensar primero en sí mismo, luego en sí mismo, y después en cómo los otros le sirven a él.
Por eso la formación política hoy es indispensable. Juan Bosch entendió esto muy tempranamente. Cuando fundó este partido en 1973, no fundó una maquinaria
electoral.
No fue la ambición personal motivó al profesor Juan Bosch a fundar el PLD. Fundó una escuela, porque sabía que un militante que no piensa no puede dirigir. Y un partido que no dirige, que solo obedece, no transforma. No puede construir Punta Catalina.
Esa convicción formó al PLD. Y no es casualidad que los gobiernos del PLD
hayan sido los más transformadores de la historia. No fue solo voluntad
política.
Fue la calidad de los cuadros, la capacidad de los equipos, la profundidad
del pensamiento que este partido cultivó durante décadas.
Así gobernó, transformando radicalmente la vida del pueblo dominicano. Le dio la esperanza al pueblo dominicano de que a República Dominicana le es posible ser grande, ser un ejemplo para la región, de prosperidad, crecimiento y desarrollo humano.
Las 26,000 aulas entregadas, las 37,000 que se construyeron, nacieron de una
comprensión profunda del rol del Estado en el desarrollo humano, de una visión
integral de nuestra realidad, de una comprensión de los círculos de pobreza
existentes y de cómo se generaban y perpetuaban de una generación a otra.
Los hospitales equipados, los caminos que llegaron a donde nunca había llegado el
gobierno, el apoyo al campo, las visitas sorpresa en los rincones más olvidados del
país, todo fue posible porque el Presidente Danilo Medina era un hombre formado, que entendía por qué quería gobernar y para qué gobernaría,
y cómo lo haría.
Qué triste un país que luego de tener un campo floreciente envía a sus productores a la quiebra. Que deja morir a los pacientes por destruir el programa de medicamentos
de alto costo. Que permite que el narcotráfico se pasee como ejemplo para nuestros jóvenes y se siente en el congreso a construir las normas que todos debemos cumplir.
¿Qué tipo de dirigentes políticos somos, si no nos formamos para defender este pueblo y para rescatar su bienestar?
No quiero que se confundan. Esto no se trata de la búsqueda intelectual por placer,
ni de superioridad académica. Para nosotros la formación política debe ser
algo práctico, es consciencia. Consciencia de que mientras celebramos este
momento, hoy en esta ciudad probablemente, un muchacho no tiene el pasaje para volver a casa, una madre que no sabe cómo va a dar de cenar a sus hijos.
Consciencia del dueño de un pequeño negocio que, trabajando 16 horas al día y siendo honrado, siente que este país no le sirve para vivir y cuidar a su familia. Ellos son la razón por la que esto importa. Si los perdemos de vista, habremos construido
algo hermoso, brillante pero inútil.
También hemos venido a prepararnos para enfrentar los vicios y distorsiones que
nos acechan, dentro de nosotros y también afuera, en el sistema político que
compartimos con otros actores.
Entiendo por qué la política de nuestro tiempo ha apostado por la figura sobre la
institución.
En tiempos de incertidumbre, la certeza de un dirigente fuerte parece
reconfortante. Un líder que lo sabe todo, que no necesita partido porque él
mismo es el partido, eso ofrece la ilusión de la solución inmediata.
Entiendo esa tentación. Pero esa certeza es frágil. El mesianismo no forma cuadros.
No puede formarlos porque los cuadros formados piensan por sí mismos y eso es una amenaza para quien quiere que todo dependa de él.
También compañeros y compañeras están las trampas del ego.
Políticos que en nombre de supuestos principios o de asuntos de conciencia, les dan la espalda a sus electores, a su partido, engañan y mienten.
Esos líderes que en nombre de la
consciencia pretenden someter a organizaciones, instituciones y a los demás, a su ambición, tarde o temprano ponen en evidencia la carencia precisamente de
consciencia y de principios.
Generalmente la gente de principios y conciencia no los lleva en la boca, los lleva en la conducta. En su comportamiento con y frente a los demás.
No puede haber consciencia aislada. La consciencia no nace del individuo que
se contempla y se admira a sí mismo. Se construye en plural, junto a los otros.
Sin el otro no hay espejo, sin espejo no puede haber reflexión y sin reflexión
no hay consciencia. Lo que este tipo de líder llama «su consciencia» es en realidad su ego sin control, porque nunca se sometió al juicio del otro.
La consciencia real nace del encuentro con el otro. Es el resultado de la reflexión
constante que solo es posible cuando nos dejamos cuestionar, cuando permitimos
una mirada distinta a la nuestra, una mirada que nos complete, que nos corrija, que nos contradiga.
El que nunca necesita al otro para pensar, en realidad nunca ha pensado bien y cree tristemente que piensa mejor que los demás.
Otro peligro es el populismo que adula para dominar.
Le dice a los demás lo que
quieren escuchar, que convierte la política en show, que convierte la acción política
en perseguir olas, al ciudadano lo convierte en audiencia que no delibera, que solo
aplaude o abuchea. No estamos aquí para hacer lo que todo el mundo quiere,
estamos aquí para ayudar a nuestro pueblo a avanzar, y a veces tendremos que
confrontar, vamos a pasar momentos duros, de incomprensión, de molestia. Hay que convencer a otros.
Un dirigente debe estar listo incluso para perder batallas, como en el 2024, lo que no perderemos nunca es la guerra, porque de nuestro lado está la verdad y la verdad es IMBATIBLE.
Otro gran enemigo de la democracia es el clientelismo. El clientelismo no libera al
pobre. No puede liberarlo porque si lo libera, pierde el control. Lo alquila, le compra el voto, con dinero, con favores, hasta con droga, como vimos en el proceso electoral pasado.
El clientelismo como toda adicción, genera dependencia.
Y la dependencia es poder sobre mentes resignadas. Hay que liberar a la
gente también de la resignación, de la desesperanza.
Pero hay vicios más silenciosos que corroen por dentro, de los que tenemos que
vacunarnos nosotros mismos diariamente. El egoísmo que convierte la militancia en
un trampolín personal. El egocentrismo que hace creer al dirigente que el partido
gira alrededor de él. La superioridad moral que nos lleva a creer que solo nosotros
tenemos la razón y que el que piensa distinto no solo está equivocado: es malo.
La mentira y la infamia que destruyen compañeros desde adentro para eliminar
competencia. La ambición destructiva que no construye, sino que derriba para
ocupar el espacio que otros dejan.
Y ese vicio particular, tan común y tan dañino, de creer que yo soy el que aporto y que el partido me debe. No. Usted no es nadie.
Usted, si se forma y trabaja para servir, puede convertirse en un instrumento útil al servicio de este pueblo. Ese es el honor al que puede aspirar y debe aspirar un peledeísta.
Contra todo eso, compañeros y compañeras, la respuesta es simple y radical: la organización. La formación, la mística y el método. La convicción de que
ningún hombre, por brillante que sea, vale más que la institución que lo
formó.
Que el poder no es el destino sino el instrumento. Y que el instrumento sin propósito carece absolutamente de sentido.
Un partido no es un grupo grande de personas persiguiendo desesperadamente el poder.
Un partido son sus prácticas, sus métodos, la calidad de sus relaciones
internas, la manera en que procesa sus diferencias, la forma en que trata a sus
propios compañeros, su comprensión de los demás, de los que piensan distinto, de
los que todavía no han llegado.
Un partido tiene congresos, tiene estatutos, tiene compañeros que compiten por las mismas posiciones, tiene vida propia más allá de cualquier liderazgo individual.
Un partido promueve y brinda oportunidades a sus jóvenes, pero a través de una escalera de méritos, porque un partido también respeta, considera y protege la trayectoria y el trabajo de los que tienen más tiempo.
Un partido existe en y por sus dirigentes, pero debe existir después que ya no estén,
en su ejemplo y en la formación y práctica de los que vienen. Ser ese partido, es
nuestra mayor victoria, nuestra mayor fortaleza y es la bofetada en la cara de
nuestros adversarios, de los que no saben lo que es ser realmente un partido al
servicio del pueblo.
Un consejo final: el poder tiene un olor que embriaga. Embriaga despacio, sin que
uno se dé cuenta. El que llega convencido de que nunca va a cambiar, de que es
suficientemente fuerte, de que nada lo va a corromper, ya comenzó mal.
«¡Respice post te! ¡Hominem te memento! ¡Memento mori!» — «¡Mira detrás de ti! ¡Recuerda que eres hombre! ¡Recuerda que
morirás!»
La famosísima frase latina, romana, para ponerle los pies en la tierra a sus victoriosos generales. La única vacuna contra la soberbia y la degradación del espíritu es recordar todos los días para qué estamos aquí. Recordar quién eres
cuando nadie te está mirando. Especialmente cuando nadie te está mirando.
Recordar a la madre, al joven, al comerciante, al dominicano, a la dominicana que nos espera, que nos observa y recordar que sin los demás no eres nadie. Que ni siquiera es posible hablar de política sin los demás. Pero los demás a tu lado. No a tus pies.
Compañeros y compañeras, para nosotros la formación está en nuestra centralidad,
renovamos nuestros votos con ese fundamento. Este instituto está abierto sin
requisitos, sin costos, para militantes, para simpatizantes y ciudadanos que quieran
formarse. El PLD, que nació como escuela, tiene la responsabilidad histórica
también de ser escuela para la nación.
El mejor gobierno, el del presidente Danilo Medina, fue posible porque
tuvimos los mejores cuadros. Los mejores cuadros fueron posibles
porque hubo formación. Hoy la formación vuelve y con ella, todo lo
demás es posible.
Me siento profundamente orgulloso y privilegiado al decirles, felicidades, felicidades a los egresados de esta promoción, del Instituto de Formación Política Profesor Juan Bosch. Ustedes hoy reciben un certificado, pero lo que realmente el partido les está entregando son raíces, y las raíces son lo único que los va a sostener cuando inevitablemente llegue el miedo, la duda, el fracaso, el dolor, el ataque, la frustración. Las raíces nos mantienen de pie y nos mantienen en el camino. Con ustedes comenzamos a preparar de nuevo, la vanguardia organizada del pueblo dominicano.