El presidente Abinader proclamaba orondo recientemente que no hay una solución dominicana para el problema haitiano, pero pareciera que es él quien busca una solución haitiana para la crisis dominicana.
Sus asesores le han recomendado dirigir la mirada de los dominicanos hacia Haití. Que haga a Haití responsable de todos los disparates que ocurren aquí y que se asocie con lo más rancio de la política dominicana y haitiana. Que explote los sentimientos más bajos de aquí y de allá en busca de solución demagógica a una situación—la de aquí y la de Haití—que requiere cabeza fría y pie de plomo.
Don Valentín Quintero sigue incendiando el cañaveral y diciendo que la culpa es del pobre Luis Pie. El trabajador haitiano sigue cojeando, con su pie mal herido, camino hacia la muerte, como lo describe Juan Bosch en aquel cuento magistral.
¿Quiénes asesinaron a Jovenel Moise? ¿Fueron realmente los sicarios apresados? ¿Quiénes los buscaron y contrataron? ¿Quiénes querían asesinar al presidente?
Y las “bandas” que actúan en Haití, ¿cómo se formaron? ¿Quiénes las pagan y las avituallan y las dotan de armamento y uniformes y vehículos modernos? ¿Surge todo eso de la tierra o cae del cielo? ¿Quiénes se benefician del caos en Haití?
¿Cuál es la “solución” que se está urdiendo? ¿Ha sido comunicada al gobierno dominicano?
Son muchos los intereses nacionales e internacionales involucrados en la cuestión haitiana. ¿Está el gobierno dominicano dejándose influir por sectores dispuestos a provocar una hecatombe haitiana con repercusiones dominicanas?
Los fantasmas de Trujillo y don Valentín Quintero rondan cerca del gobierno dominicano.
¿Por qué en este momento suspender a estudiantes universitarios haitianos que pagan bien caros, y en dólares, sus estudios en el país?
¿Por qué en este momento “auditar” el Plan de Regulación de Extranjeros cuando todo el mundo sabe que “extranjero” no es más que un eufemismo para referirse a los haitianos regulados, quienes han pagado un dineral en impuestos, han pasado la mar de calamidades y sufrido vejámenes de toda naturaleza para conseguir su legalización?
¿Por qué, en franca violación de los derechos humanos, los tratados internacionales, las políticas de buena vecindad negar atención a haitianas y haitianos que acudan a nuestros hospitales?
¿Por qué esa actitud de acoso inexplicable en un momento tan delicado?
¿Por qué esas declaraciones innecesarias que aluden a cuestiones internas de otro Estado?
¿Anda el gobierno dominicano en busca de ahondar tensiones? ¿Buscan el presidente dominicano y sus asesores una solución haitiana a la crisis dominicana?
Ya lo intentó Trujillo en 1937 también en medio de una crisis económica y costó centenares de vidas haitianas, la condena internacional y todo lo que acciones como aquélla provocan en la vida de los pueblos.
Ya vimos a los fascistas europeos alimentar el racismo y los odios como forma de conducir la gente hacia la guerra y hacia los campos de concentración, para hacerla olvidar la terrible crisis económica de 1929 y sus repercusiones sociales y para justificar el despojo.
¿Rondan de nuevo los fantasmas de Trujillo y Quintero en la política dominicana en el gobierno del PRM?
¿Quiénes llevan al presidente a aferrarse a viejos esquemas de actuación arriesgando a la República Dominicana a situaciones lamentables?
La solución haitiana, ha dicho la Secretaría de Asuntos Internacionales del PLD, debe ser multilateral, no unilateral. ¡Cese la unilateralidad! La ONU, la OEA, CELAC, PARLACEN y demás instancias de discusión y concertación tienen que proveer la legitimidad necesaria a lo que se haga por Haití.
El gobierno dominicano debe abandonar las políticas equivocadas y seguir reclamando a la comunidad internacional que actúe y que lo haga desde las instancias creadas para tales fines. Haití requiere una solución, más que “humanitaria”, realmente HUMANISTA a la situación creada por sus saqueadores tradicionales.
El gobierno dominicano no debe dejarse conducir a la pendiente enjabonada que tratan de imponerle sectores nacionales y extranjeros.