Por: Humberto Salazar
La noticia de que fue detectado el Vibrio Cholerae, que es la bacteria que produce el cólera en los seres humanos, debe llamar a preocupación y alarma pues hablamos de que en la ribera de esos ríos se encuentran los sectores más poblados y marginados del Distrito Nacional y la provincia de Santo Domingo.
Hablamos de sectores donde no existen en muchos casos acceso a agua potable, recursos económicos mínimos que no permiten el gasto en agua embotellada y en que el hacinamiento es la norma por lo que, en caso de no llevar la información a tiempo como forma de prevención, podríamos tener una epidemia de cólera de grandes proporciones.
Hablamos de una enfermedad íntimamente relacionada con la pobreza, sus brotes son provocados por agua y alimentos contaminados con el vibrion cólera que son ingeridos y provocan la producción de una toxina a nivel intestinal que rápidamente causará una enfermedad aguda y muy peligrosa.
El cólera se caracteriza por provocar una diarrea aguda y frecuente, que en caso de no identificarse la causa y tratarse a tiempo, puede provocar una rápida deshidratación y en algunos casos la muerte hasta en personas sanas.
Además la diarrea puede ser acompañada de náuseas y vómitos que ayudan a que la pérdida de líquidos del organismo sea aún más rápida y por lo tanto se produzcan casos de extrema gravedad.
En caso de no identificarse y tratarse, el cólera provocará la muerte por deshidratación, los niños en estos casos tienen un muy alto riesgo de sufrir casos severos.
En la República Dominicana no habíamos tenido casos de cólera hasta el año 2011, cuando soldados procedentes de Asia en Haití, contaminaron el rio Artibonito y provocaron una epidemia en el vecino país que al poco tiempo produjo brotes en algunos puntos del nuestro.
El buen manejo que dio el gobierno en ese momento, con una masiva campaña de información para la prevención de la enfermedad, mantuvo los casos circunscritos a zonas del Cibao y el gran Santo Domingo, manteniéndola fuera de las zonas turísticas del país.
En el caso del brote que ya ha sido identificado en las orillas de los ríos Ozama e Isabela, es urgente crear una campaña de educación para la prevención de la enfermedad, pues hablamos de los barrios más pobres, un verdadero cinturón de miseria que aprieta la ciudad de Santo Domingo.
Esos barrios se caracterizan por la insalubridad, crisis permanente en la disposición de los desechos sólidos, uso de los ríos Isabela y Ozama como balneario por parte de los niños, ingesta de alimentos no cocidos y falta de servicios de agua potable.
Es decir, una bomba de tiempo que debe ser desactivada con labores de comunicación para prevenir la enfermedad y medidas efectivas para mejorar los servicios públicos y eficiencia de los servicios médicos, especialmente para la detección y tratamiento de los casos, en caso de que se produzcan brotes importantes.