El discurso de la tercera rendición de cuentas del presidente Luis Abinader, como los dos anteriores, tal y se adelantó, terminó con nuevas promesas que no se cumplirán y propuestas que buscan desviar la atención de los dominicanos y las dominicanas de los problemas que los agobian.
Se trata de la crónica de un nuevo fracaso de una gestión en la que predomina la improvisación, la ineptitud e incapacidad para afrontar los retos y desafíos del país.
No son los partidos políticos los que recurren al calificativo de embustero, término usado por los dominicanos para definir las afirmaciones y promesas del mandatario, es el propio pueblo el que reacciona indignado a tantas cosas presentadas en las pantallas, muy distantes de la realidad.
En los colmados, supermercados, mercados y plazas comerciales se vive una cruda realidad muy distinta a las fantasías presentadas en una pieza de más de dos horas y media de duración.
Muchos de los rostros soñolientos o aplausos prefabricados acorde al guión escrito para la escena teatral en el salón de la Asamblea Nacional confirman la decepción de la ciudadanía.
La gente se ha cansado de las manipulaciones y mentiras enarboladas por los actuales gobernantes desde la campaña, pues desde ese instante se montaron en una narrativa dominada por falsedades e hipocresía.
La solemnidad de un acto que responde a un mandato constitucional se vio afectada con un orador que en lugar de transmitir tranquilidad y sosiego, se destacó por los gestos bruscos, como si estuviera discutiendo consigo mismo.
Pero el colmo se evidenció en las afueras, donde turbas, una mezcla de hordas y bandas, enfrentaron a palos y pedradas a ciudadanos que reclamaban la devolución del 30 por ciento de los fondos acumulados en la Administradora de Fondos de Pensiones. Estos penosos hechos se produjeron a pocas cuadras del Congreso de la República.
Sabiendo el historial de falsedades de las actuales autoridades, el Partido de la Liberación Dominicana dispuso que sus técnicos y especialistas dieran seguimiento a la comparecencia. Horas después de la intervención del mandatario produjeron unas declaraciones en la persona de Abel Martínez, candidato presidencial del PLD, quien con responsabilidad y basado en las propias estadísticas del gobierno puso en claro al país de que se trataba de un discurso reeleccionista cargado de mentiras. Abel Martínez abogó por la renovación de las esperanzas, a la vez que se comprometió a devolver la alegría y el orgullo de ser dominicanos. Especial atención mereció la parte en que el aspirante presidencial del PLD invitó al pueblo dominicano a aguantar la calamidad que lo agobia en este momento porque ya falta poco para su final. Y así es. Este desgobierno tiene fecha de caducidad: el 16 de agosto de 2024.