Hablan los hechos

“No puede ser” contra “No hay peligro en seguirme”

Con la negación radical de los contrarios como lema de campaña, arrancó la promoción de las ofertas políticas para las elecciones del 16 de mayo de 1930 en las que se enfrentarían las candidaturas presidenciales de Rafael Leónidas Trujillo Molina, por la Confederación de Partidos, y Federico Velázquez, de la Alianza Nacional Progresista.

Todo un proceso precedido de intrigas, traiciones, claudicaciones, chantajes y oportunismos en la vida política dominicana, en el marco de una depresión económica en los Estados Unidos, potencia hegemónica que buscaba preservar toda su influencia alcanzada con la intervención militar de 1916 al 1924.

Velázquez, rejugado caudillo de mil batallas, llevaba como compañero de boleta al horacista Angel Morales, mientras que el brigadier Trujillo debutaba en la política acompañado del fogoso orador santiaguero Rafael Estrella Ureña.

Vencidos todos los obstáculos en su objetivo de convertirse en candidato presidencial ante la “indiferencia” del gobierno norteamericano, Trujillo, jefe del Ejército, se dedicó busca al el triunfo electoral, no convenciendo, sino venciendo, con el control de la Junta Central Electoral (JCE) y el terror militar en contra de sus adversarios.

Pese a los horrores que empezaba a protagonizar la banda de antisociales conocida con “La 42”, al servicio de Trujillo, el candidato Velázquez, lleno de optimismo, confiaba en que las elecciones se desarrollarían en libertad, debido a que así se lo había garantizado el ministro norteamericano Charles Curtiss.

Los abanderados del “No puede ser” comenzaron a olfatear los riesgos que corrían frente al candidato y jefe militar cuando un domingo en la tarde celebraban un mitin en el Parque Colón y mientras los oradores hacían sus proclamas proselitistas los aviones del Ejército Nacional comenzaron a hacer vuelos intimidatorios sobre sus cabezas.

Unos días antes, durante un recorrido de los líderes de la Alianza por el Cibao, justo en el momento que salía de Santiago con destino a Moca en horas de la noche fueron sorprendidos por una lluvia de balas que aunque no provocaron víctimas hicieron impacto en las carrocerías de los automóviles.

Los choferes dominicanos, que se habían agrupado en sindicato, celebraron una noche de abril de 1930 una manifestación en respaldo al “No puede ser” y al candidato Velázquez, actividad que terminó con la muerte a balazos y heridas de varios dirigentes por ráfagas de fusiles y ametralladoras. En circunstancias parecidas cayeron el dirigente horacista de Barahona Demóstenes Matos y el periodista de Azua Emilio Reyes.

Abstención electoral en 1930

De acuerdo con cronistas históricos de la época, el candidato Velázquez y demás líderes de la Alianza Nacional Progresista se vinieron a dar cuenta de manera tardía que concurrir a unas elecciones contra el candidato Trujillo y su Confederación de Partidos sería como acudir a un perfecto matadero electoral.

“Amedrentado el campesinado, desarmados por el Ejército los dirigentes aliancistas de cada ciudad, pueblo o aldea, a merced, por lo tanto, de los sicarios que los perseguían sin descanso, era imposible concurrir a las urnas”, dice el investigador Luis F. Mejía en su obra De Lilís a Trujillo.

Velázquez, en un extremo esfuerzo por conseguir que el proceso se condujera de manera cívica, envió cartas a la Junta Central Electoral en fechas 16 y 17 de abril de 1930, en las que denunciaba el pavor que sembraban en la población los personeros de trujillismo naciente.

“Acusaba, tanto a oficiales del Ejército, como a las bandas de matones al servicio de Trujillo en las diversas regiones del país, de haber disuelto a tiros los mítines y manifestaciones de la Alianza y encarcelado, herido o asesinado, a cuantos no fue posible echar de lado por medio de amenazas”, dice el autor citado más arriba.

Refiere que antes las denuncias de Velázquez, “la Juna Central Electoral se dirigió al Gobierno, presidido en ese momento por el doctor Jacinto B. Peynado, por haberse separado del mando, durante el período electoral, Estrella Ureña, a título de candidato a la Vicepresidencia, para transmitirle las quejas recibidas y requerirle el cumplimiento de la ley”.

El cronista sostiene que Mozo Peynado, como le decían al Presidente interino, era “cómplice” de Trujillo, pero que además, nada tampoco “habría podido hacer aún en caso de estar en desacuerdo con los métodos de terror implantados”.

Para ilustrar el ambiente de horror en que se desarrollaba el proceso, afirma que una noche se encontró con Don Mozo en la puerta del Club Unión, y aprovechó para quejarse ante quien fuera su profesor universitario por la actitud pasiva del Gobierno frente a los crímenes que se cometían en la campaña. “Me oyó en silencio y sólo me contestó: ten cuidado y habla más bajo; en la esquina hay un espía y te puede oír. Eso me lo decía el Presidente interino de la República”, sostiene Mejía.

A principios de mayo de 1930, temerosos del juicio de la Historia, renunciaron todos los miembros de la Junta Central Electoral. El pleno renunciante fue sustituido mediante decreto del Presidente Peynado por otro que encabezó el doctor Arístides Fiallo Cabral, cuya “misión” fue darle aval jurídico a las elecciones.

La Alianza Nacional Progresista anunció su retiro de los comicios por “carencia de libertad y de seguridad al tiempo que demandaba ante los tribunales de Justicia la nulidad del proceso y que se reconociera la ilegalidad de la nueva Junta Central Electoral”.

Todas las demandas de los aliancistas fallaron. El 16 de mayo de 1930 se celebraron las votaciones sin participación de la oposición a la Trujillo, quien con su compañero Estrella Ureña salió electo sin votos en contra. Los candidatos presidencial y vicepresidencial, con todos sus candidatos para senadores, diputados, síndicos y regidores ganaron “arrolladoramente”, con lo que sellaban el inicio de una Nueva Era en la Historia Dominicana.

Se impone el brigadier: “!Ay de los vencidos!”

Se ve claro que los abstencionistas en las elecciones de 1930 no tenían todavía bien claro con qué tipo de personaje se enfrentaban cuando elevaron la instancia ante la Corte de Apelación de Santo Domingo pidiendo la anulación de las elecciones.

En el momento que la Corte se proponía dictar su fallo sobre los recursos legales iniciados por la Alianza Nacional Progresista se presentaron los integrantes de la banda “la 42” armados de revólveres, cuchillos y machetes mientras los jueces huían despavoridos con togas y birretes volando por los aires. Los magistrados fueron perseguidos hasta sus casas y se ocultaron, desistiendo temerosos de evacuar sentencia.

No conformes, los miembros de “la 42” hicieron preso al candidato retirado Velázquez en un “allanamiento” a su residencia de Gascue, asesinaron en Dajabón al general Evangelista Peralta (Tío Sánchez), y el 1 de junio ocurrió el atroz asesinato junto a su esposa en San José de las Matas del poeta y político santiaguero Virgilio Martínez Reyna.

El origen del crimen contra Martínez Reyna y la señora Altagracia Almánzar de Martínez, quien se encontraba embarazada, se remontaba a los días en que el brigadier Trujillo conspiraba contra el Presidente Horacio Vásquez y el primero le revelaba al jefe del Estado todos los detalles de las deslealtades.

La historia registra que la noche de la fecha indicada llegó el grupo de matones al mando del general José Estrella, rompieron la puerta y penetraron en la casa, y en su lecho de enfermo lo ultimaron a tiros y machetazos, lo esposa intentó escudarlo con su cuerpo, tocándole la misma suerte.

El crimen de San José de las Matas fue una advertencia para los adversarios políticos de Trujillo, quienes tomaron en avalancha el camino del exilio. El 16 de agosto de 1930, aniversario de la Restauración, tomaron posesión el nuevo presidente y su vicepresidente Estrella Ureña, en medio de festividades que el doctor Euclides Gutiérrez Félix describe como propias de un monarca. Se trató de la última pala de tierra sobre el ataúd de la democracia dominicana surgida tras el retiro de las tropas norteamericanas el 12 de julio de 1924.

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