Es un axioma entre los asesores de campañas electorales que cada campaña siempre será inédita en todo sentido y que haber ganado una no asegura que ganarás la siguiente con las mismas herramientas, cálculos, planes o estrategias.
Esto no se ha entendido en el PRM y su Gobierno que insisten en vender una percepción de que ganarán arrolladoramente las elecciones de mayo, presentando una aceptación del electorado inexistente.
Han recurrido a las famosas encuestas de escritorio, han comprado vocerías y defensorías en los medios de comunicación y multiplicado los «influencers» y activistas de redes sociales para hacer valer una mentira.
Siempre se ha dicho que la necesidad tiene cara de hereje, por lo que la gente, entiéndase, los electores, no respaldan al gobierno o candidato con los precios de la comida cara.
Con inflación no se ganan elecciones, ni mucho menos con inseguridad, deterioro del sistema de salud, la educación en el suelo, la producción agropecuaria colapsada, entre otros deterioros.
En su intento de que la percepción de que supuestamente el gobierno y su candidato presidencial son a los que el pueblo respalda, se han cometido todas clases de abusos.
Los programas sociales del gobierno están al servicio de la reelección, el otorgamiento de pensiones privilegiadas mediante decreto presidencial a dirigentes de la oposición a cambio de que pasen a apoyar a la reelección, la compra vulgar de alcaldes, diputados, senadores, candidatos electos y no electos, entre otras acciones que obedecen a un plan orientado a instaurar un modelo hegemónico, son solo ejemplos de lo que se hace para imponer un candidato al que los números no le dan.
Además de abusar con los recursos públicos y el dinero de los préstamos internacionales, desde el Gobierno se ha desatado una contracampaña publicando mentiras de renuncias de opositores, declaraciones falsas de dirigentes de los partidos de la alianza Rescate RD, sumando ahora acusaciones e interrogatorios del esquema de judicialización de la política.
El gobierno y el PRM venden un triunfalismo inexistente, sustentado en mentiras y engaños que dieron resultado en el 2020, pero que ahora la gente cogió la seña.
Si me engañan una vez, sin vergüenza es, si me engañan dos, sinvergüenza yo .