En la República Dominicana, la situación ambiental ha alcanzado un punto crítico que exige atención urgente y acción inmediata. La reciente tragedia del asesinato del valiente agricultor Francisco Ortíz, quien enfrentó la mafia de comercialización de arena en defensa de nuestros ríos, no solo representa un acto de violencia individual, sino también un símbolo alarmante de la incompetencia y la falta de autoridad por parte de quienes hoy tienen el rol constitucional del manejo y protección de nuestros recursos naturales.
Este crimen atroz es solo la punta del iceberg de todo lo que ha estado sucediendo en todo el territorio dominicano contra aquellos que defienden el medio ambiente. El testimonio del periodista Rafael Metz, quien escapó milagrosamente de un intento de agresión por parte de depredadores de arena en el Río Guayubín, así como numerosos reportes que han sido víctimas ciudadanos, guardaparques e incluso miembros del SENPA, ilustra la peligrosa realidad que enfrentan quienes se oponen a los delitos ambientales en nuestro país.
En otros países la escalada de estos eventos resultaría en la dimisión de las autoridades respo
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nsables, mientras que aquí sucede todo lo contrario, se emplean a fondo para minimizar y pasar por alto, amparados en el apoyo irrestricto del primer mandatario. Este patrón de inacción solo perpetúa la impunidad y socava cualquier esperanza de un cambio significativo en la protección de nuestro medio ambiente.
En este momento crítico, hacemos un llamado a todos los ciudadanos y ciudadanas comprometidos con la preservación de nuestra tierra a unirse en una causa común, no podemos permitir que la muerte de Francisco Ortíz haya sido en vano y debemos responsabilizarnos de vigilar y denunciar cualquier actividad ilícita que amenace nuestros recursos naturales. A falta de autoridades que les duela el medio ambiente, hagamos de esta lucha una tarea patriótica, en aras del bienestar de las generaciones futuras y la salud de nuestro planeta.
Nos negamos a permanecer en silencio mientras nuestros ríos y áreas protegidas son saqueadas impunemente. Es hora de actuar, unidos, en defensa de nuestro patrimonio natural.
Juntos, podemos marcar la diferencia.