La campaña electoral que ha llegado a su fin, trajo consigo un aumento de las personas decepcionadas con los políticos e indignación con el ejercicio de la comunicación en República Dominicana.
Nunca antes un gobierno había comprado, con recursos públicos, a militantes políticos opositores, quienes al venderse se transformaron en tránsfugas unos y traidores otros.
Años pregonando su apego a principios y defendiendo ideales progresistas y ante el primer disparo, se tiraron del barco, para confirmar aquello, de que cuando la embarcación se sospecha se hundiría, las ratas son las primeras en lanzarse al agua.
Al agua se lanzaron ratas y serpientes que se nutrieron de los partidos a los que juraron lealtad y compromiso y ahora por unas cuantas monedas, como se manifiesta en la nómina pública o en las pensiones que nada tienen de solidarias o simplemente en el abultado gasto publicitario, saltaron la valla .
En este último capítulo se ubican los analistas y comentaristas que le levantaron la mano al presidente reeleccionista o aquellos que alquilaron sus programas o medios para presentar como bondadoso una autoritaria gestión gubernamental.
En una entrega anterior denunciamos la autocensura en los medios y ahora preguntamos por las opiniones de aquellos críticos impenitentes contra el Gobierno pasado, quienes callan ante los horrores de una gestión que ha quebrado la maquinaria productiva nacional, para beneficiar a los suyos, que prometió planes para controlar la delincuencia y contrario a ello, el miedo se ha apoderado de los ciudadanos.
Muestran complicidad con la falacia pregonada de que los ingresos promedio de los hogares cubren el costo de la canasta familiar, entre otros detalles
Lo que está pasando con los medios de comunicación es bochornoso y desvergonzado.
El domingo 12 de mayo los canales sociales presentaron desde diferentes ángulos los disparos con armas de fuego en una actividad proselitista del partido en el Gobierno. En las imágenes se aprecia el temor que generó en el vecindario el tiroteo, al parecer entre bandos de un mismo partido político.
Absolutamente nada de eso se publicó en la otrora prensa crítica, objetiva y comprometida. Callar o ignorar hechos es atar la libertad de información de pies y manos al mejor postor, en este caso a un Gobierno, que estrenó el año con una ley mordaza.