Bolivia gira a la derecha, Argentina
profundiza su reforma: ¿excusas para una
guerra sin balas?
América Latina no está en guerra, pero
algo se mueve en sus entrañas. Bolivia
abandona el socialismo tras dos décadas, y
Argentina se hunde más en su reforma
neoliberal permanente. ¿Es esto parte de
una guerra sin balas, una guerra preventiva
que se libra en los discursos, en los
mercados y en las urnas?
—
Bolivia: el fin del ciclo y el inicio del shock
Después de 20 años de hegemonía del
Movimiento al Socialismo (MAS), Bolivia ha
girado hacia la derecha. El balotaje entre
Rodrigo Paz Pereira y Jorge “Tuto” Quiroga
marca el fin de una era y el inicio de otra,
donde el Estado deja de ser garante para
convertirse en gestor. La crisis económica
—con una inflación del 25%, escasez de
dólares y combustible— ha sido el
catalizador del cambio.
Los nuevos líderes prometen un “shock
económico”: cierre de empresas estatales,
recorte de subsidios y apertura al capital
extranjero. ¿Es esto una respuesta legítima
a la crisis, o una excusa para desmontar el
modelo social que incluyó a
los pueblos indígenas y redujo la pobreza?
—
Argentina: el reformismo como dogma
Mientras Bolivia cambia de rumbo,
Argentina se mantiene firme en el suyo. El
presidente Javier Milei ha convertido la
reforma en religión: laboral, fiscal, penal,
migratoria. “Reformismo permanente” es su
mantra. La motosierra del ajuste no es solo
metáfora: es praxis.
El Estado se desmantela, los derechos
sociales se erosionan, y la política se
convierte en espectáculo. ¿Es esto una
guerra contra el pasado, o una guerra
preventiva contra cualquier intento de
redistribución futura?
—
La guerra sin balas: ¿quién dispara
primero?
La geopolítica no perdona continentes. En
Venezuela, Estados Unidos despliega
destructores y duplica recompensas. En
Bolivia y Argentina, los cambios internos
parecen responder a presiones externas:
FMI, mercados, alianzas estratégicas. ¿Es
esto parte de una guerra preventiva donde
el enemigo es el modelo social?
Las guerras ya no necesitan explosiones.
Basta con una narrativa, una crisis, una
elección. La excusa es siempre la misma:
“estabilidad”, “libertad”, “modernización”.
Pero el resultado suele ser el mismo:
concentración de poder, debilitamiento del
Estado, y una ciudadanía más vulnerable.
—
Mis deudas: entre el cambio y la sospecha
Desde Zürich, observo cómo América
Latina se transforma. No hay tanques en
las calles, pero hay reformas que duelen
más que las balas. Mis deudas no son solo
económicas. Son morales. Son las de
alguien que ve cómo el continente se
reconfigura bajo la lógica de una guerra
que no se declara, pero que se libra todos
los días.
La guerra preventiva no necesita enemigos
reales. Solo necesita excusas. Y América,
hoy, parece estar llena de ellas.