Alberto Quezada
El conocido aforismo de Publio Terencio que sirvió de epígrafe permanente a la columna Microscopio del periodista Orlando Martínez, “Soy hombre: nada humano me es ajeno “, pienso que en este momento más que nunca antes, más que un enunciado filosófico, el mismo debe servir a las actuales y futuras generaciones de dominicanos de instrumento transformador para el logro de un sociedad más sensible, justa y solidaria.
¿Por qué digo esto?, porque nunca como ahora, quien escribe había observado un proceso tan acelerado de desinterés, desmotivación, apatía y desprecio hacia cosas tan fundamentales como son nuestros principios y valores que nos definen como individuo y como nación.
Es una barbaridad, que debe preocuparnos a todos por igual, ver como nuestra juventud, fundamentalmente, se va perdiendo en los laberintos de una sociedad en donde la teoría del “parecer” se está imponiendo por mucho, al concepto racional del “Ser”.
Definitivamente, amigos lectores, estamos asistiendo a la confirmación de lo planteado por el escritor y formidable narrador Mario Vargas Llosa, en su interesante libro publicado en el año 2012 “La Civilización del Espectáculo” donde afirma que la banalización y la frivolidad se han apoderado del ser humano, la política y la cultura.
Estima, además, el premio nobel de literatura del 2010 y autor de las obras “Conversación en la Catedral” y La Ciudad y los Perros” que partiendo de esos sentimientos y comportamientos la sociedad contemporánea estaría transitando hacia la construcción de un mar mayor que podría llegar a erosionarla.
Es despreciable y lo digo con dolor, que en pleno desarrollo de un nuevo siglo las normas de comportamiento de la mayoría de los dominicanos y dominicanas esté siendo inducida y orientada hacia la despreocupación de cosas tan cardinales como son nuestra identidad nacional, nacionalismo, nuestros héroes, tradiciones, cultura, etc.
Este pueblo, de mis amores y dolores, debe despertar y desmontarse de ese carro del horror, que es, el de la indiferencia y desmayo hacia los problemas nacionales, de la comunidad, de su vecino, de su hermano, compañero de trabajo y amigo, no importe en qué lugar del mundo se encuentre.
Debemos asumir una de conducta solidaria y sensible, en nuestras casas, lugares de trabajo y donde quiera que nos movamos, de esta manera estaríamos lanzando la primera chispa para encender la pradera de la justicia social y la libertad en nuestro país y el mundo. ¡Comencemos!!.