Opinión

Luperón

La espada de aquel guerrero cabalgó por montes y llanos en busca de libertad.

Se empinó ante el cruel invasor; su sable de acero alumbró cientos de batallas, desde la aurora del norte hasta el sur, de este a oeste.

El titán de bronce dominicano prendió su alma libertaria y, allá en Santiago, en Marilópez y Los Chachases, se erigió como el escudo restaurador.

Su heroísmo no daba tregua; su arrojo no conoció otro camino. Su marcha, sin regreso, surcó pueblos enteros conquistando libertad.

Era Luperón, de gigante corazón, el mismo que un día la miseria humana pretendió fusilar y que un valiente Mella salvó.

Se resistió abiertamente a los anexionistas; luchó con ardiente pasión y peleó hasta hacer brillar su bandera: dominicana, su única estrella. Voló su alma en defensa de la soberanía nacional.

Su garra de león, su piel de oso, envueltas en la magia de su genio militar, abatieron al poderoso ejército español.

Su corazón de niño, amante de la paz, gran antillano visionario, puso en Hostos y Betances el destino de la educación.

Brindemos todo por el héroe de bronce, el de la espada de acero:

¡Luperón!

Otras del Comité Político
últimas Noticias
Noticias Relacionadas