Economía

Plantean escenario Mercosur, Alba, Caricom y República Dominicana

Los acuerdos regionales de comercio han prácticamente liquidado la OMC. Una vez firmado el Acuerdo de Marrakech (Marruecos), en 1994, se abrió un período de esperanzas para un comercio más justo entre las naciones del mundo. Justo finalizando la Guerra Fría, tres años después, y en pleno auge del pensamiento neoliberal, 125 países firman el acta de nacimiento del órgano mundial del comercio, con reglas reforzadas sobre comercio de bienes y comercio de servicios (GATT 94/ GATS), consolidación de la protección efectiva de los mercados internos de cada país, y un tribunal internacional para resolución de disputas comerciales, hasta ese momento inexistente.

Los Estados Unidos y la Unión Europea, con sus socios pro-occidentales de Japón, Australia y Nueva Zelanda impusieron su criterio del libre comercio, en una acepciónneoliberal. Una acuerdo que resultó muy asimétrico, en el cual los países pobres fueron los primero en ver desmontada la protección a sus mercados internos. Sin embargo, los gigantescos subsidios a la producción agrícola e industrial de los países desarrollados no fueron tocados. Esta enormeasimetría –apertura de los mercados pobres y protección de los mercados ricos con enormes subsidios- dio como pie un malestar creciente de los países en vía de desarrollo.

La OMC fue el resultado de la última ronda de negociaciones de GATT que antecedió a Marrakech, lallamada “Ronda Uruguay” ya que fue en ese país que se lanzó esa última ronda de negociaciones comerciales multilaterales en el año 1986. En 2001 se acordó iniciar una nueva ronda de negociaciones en el marco de la OMC, que todavía no han concluido y parece que nunca van a concluir, ya que lleva más de 14 años, mayormente estancada en los últimos años. La Ronda Doha fue llamada también la agenda de negociaciones comerciales para el desarrollo, a fin de enfrentar las grandes asimetrías del Acuerdo de Marrakech y la OMC. Los países en vía de desarrollo, bajo el liderazgo de la India y Brasil, plantearon cambios importantes en las reglas comerciales que únicamente beneficiaban a los mercados y las economías desarrolladas.

Ante esta rebelión de los países pobres, los Estados Unidos y la Unión Europea posteriormente, optaron por “no hacerle caso a la OMC” y descuartizar el acuerdo mundial comercial, por acuerdos bilaterales o regionales, cada vez más generalizados. Comenzaron con el Tratado de Libre Comercio entre EE.UU y Canadá al cual se agregó unos años después México, en el TLC de América del Norte. Paralelamente los EE.UU propusieron un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), propuesta que enfrentó la resistencia de América Latina, encabezada por Brasil. Como bien se ha afirmado, de haberse impuesto el ALCA, los procesos de cambio en la región al sur de río Bravo no hubieran tenido el impacto que han tenido.

Ante esta situación los Estados Unidos optó por los acuerdos bilaterales o regionales. Chile, Colombia, Panamá, Perú firmaron tratados bilaterales, y los países de América Central–Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala- (a los que se “adhirió” más tarde la República Dominicana) firmaron un TLC subregional con los Estados Unidos. Sus resultados han sido catastróficos para la estructura productiva y las balanzas comerciales de los países que han accedido a estos acuerdos.

Pero paralelamente en América Latina se consolidaron procesos de integración política y comercial de primer orden. El Mercosur, que ya incluye como miembros de pleno derecho a Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Venezuela y recientemente Bolivia es el acuerdo comercial y político más importante de la región. Lo mismo ha pasado con la creación del Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA) que agrupa a Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Cuba, Surinam, Granada, Antigua y Barbuda, Dominica, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucia y San Vicente y las Granadinas. Recientemente se formó la llamada “Alianza del Pacifico” entre México, Chile, Perú y Colombia.

A todo este proceso la República Dominicana ha estado ausente. Tuvo un gran activismo para romper su tradicional aislamiento comercial y diplomático, con la firma de los Tratados de Libre Comercio con América Central y con CARICOM a fines de los años 90 (98-99). Posteriormente, en agosto de 2004, nos integramos sin mayor negociación al TLC entre EE.UU y América Central al cual ahora denominan DR-CAFTA en inglés. Luego de esa integración al TLC con América Central y EE.UU. participamos en el Acuerdo de Asociación Económica con el Caribe (CARICOM + RD) y la Unión Europea en 2008, mejor conocido como EPA por sus siglas en inglés. Recientemente, como complemento del DR-CAFTA, la República Dominicana se convirtió en miembro de pleno del Sistema de Integración Centro Americano (SICA).

Sin embargo cabria preguntarse. ¿Por qué el impulso negociador dominicano de 1998-2008 se cerró y se ha limitado a Estados Unidos, Europa, América Central y CARICOM? ¿Qué ha pasado con el TLC con CARICOM?¿Por qué está prácticamente inoperante? ¿Qué queremos hacer con CARICOM? ¿Por qué abortaron los inicios de negociaciones con Canadá, con Colombia y con México, entre otros? ¿Por qué la República Dominicana no tiene política alguna respecto a MERCOSUR, al ALBA y la Alianza del Pacífico? ¿Podríamos integrarnos en algún momento al CARICOM? ¿Qué hacemos con Cuba, que se planteó en el pasado un Acuerdo Comercial de Alcance Parcial? ¿Hemos asimilado los cambios que representan el tratado transatlántico (TIPP) o el nuevo y casi secreto acuerdo en servicios e inversiones (TISA), por no mencionar el caso del tratado de asociación de Pacífico (TPP)?

Todo parece indicar que las fuerzas proteccionistas de sectores del empresariado, han logrado imponer su posición de cerrar el país a más acuerdos, lo que convierte a nuestro país en coto cerrado para los exportadores americanos y europeos, y en menor medida centroamericanos. ¡Es un imperativo mirar hacia el sur! Mirar hacia el MERCOSUR, hacia el ALBA, así como hemos mirado hacia el norte hasta estos momentos. ¿Cómo pensamos continuar nuestras relaciones con América Central y con el CARICOM?

Hay grandes peligros en el mundo actual. La OMC sigue durmiendo el sueño eterno. Los Estados Unidos por su parte han definido una estrategia de alianzas comercialesregionales con tintes geopolíticos. El llamado TPP (Asociación Comercial Transpacífica) es un acuerdo con la meta de aislar a China y la India de su entorno natural y forjar alianzas geopolíticas y comerciales con el entorno asiático. El otro es el TIPP, Asociación de Comercio e Inversión Transatlántica con la Unión Europea, que además de apoderarse de ese gran mercado para sus transnacionales, trata de aislar a Rusia de su entorno europeo. Finalmente, los Estados Unidos impulsan un llamado Acuerdo de Servicios e Inversión, al margen de la OMC y del Acuerdo General de Comercio de Servicios de esta, llamado TISA por sus siglas en inglés, que asegura para las empresas norteamericanas la predominancia en los servicios, la inversión y la propiedad intelectual, totalmente desregulada.

El TPP, con 40% del PIB mundial, conllevará un costo adicional mayor en salud para sus 800 millones de habitantes, de un estimado de 1.5 billones de dólares (trillones en inglés) que hoy se ahorran los consumidores de esos países con medicamentos genéricos. La FarmaMafia ganaría sobre la costilla de los pobres asiáticos y americanos –con la posibilidad de integrar México y Canadá- entregados en sus brazos. El TPP tiene como meta aislar a China, India y Rusia en el Pacifico, un mercado entre los tres países de más de 2,700 millones de personas. ¿Cuál es la ganancia de aislar 2,700 millones de seres humanos de 800 millones?

Estas realidades mundiales deben hacer reflexionar a nuestras autoridades y a nuestros hacedores de políticas públicas, sean del gobierno o del sector privado. Los encargados de formular una política comercial para beneficio de la nación. Debemos plantearnos seriamente algún tipo de acuerdo (miembro asociado o acuerdo de alcance parcial) con MERCOSUR, que incluye Venezuela, Brasil y Argentina, entre otros. También son miembros asociados del Mercado del Sur, Chile, Perú, Ecuador, Colombia y México.

Igualmente debemos plantearnos la participación en el ALBA. Hay incluso países del ALBA que son miembros del DR-CAFTA, como es el caso de Nicaragua, y de Honduras, que con el golpe de Estado a Zelaya fue retirada del ALBApor el gobierno golpista. Las relaciones con CARICOM son más complejas, ya que tiene unas implicaciones políticas que no son viables para el país. Debemos retomar las negociaciones con Canadá, con México y con Colombia para completar nuestros acuerdos comerciales bilaterales. Finalmente está el caso de la Alianza del Pacífico, a la cual solicitamos el estatus de observador pero de cuyos resultados no se sabe nada.

El aislamiento comercial tiene graves consecuencias en los intereses globales del país. Así como la inactividad diplomática agarró al país «asando batata» con el tema de la migración haitiana, debemos sacudirnos y retomar una activa agenda de política comercial.

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