Julio Ortega Tous
Grecia aprobó el 17 de agosto el tercer rescate financiero. El mismo día los ministros de finanzas del Grupo Euro hicieron lo mismo. Ahora en lugar de la “Troika”, los que han aprobado el nuevo rescate son el Banco Central Europeo, la Comisión Europea a través del Eurogrupo de los 19 países que comparten la misma moneda, y el Mecanismo Europeo de Estabilidad. El Fondo Monetario Internacional ha expresado su reserva sino se incluye una sustancial reducción de la deuda pública de Grecia, ya que de lo contrario según el organismo multilateral con sede en Washington, el nuevo rescate será otro fracaso.
Como reportó el diario digital español Público al respecto. “ La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, ha aplaudido el acuerdo alcanzado este viernes para un tercer rescate financiero a Grecia por los socios europeos, pero insistió en que la deuda helena es «insostenible» y deberá considerarse «un alivio significativo» si se quiere tener éxito. Sin embargo, el Eurogrupo no contempla que se realice una quita a la deuda griega”. «Mantengo con firmeza la visión de que la deuda de Grecia se ha vuelto insostenible y el país no podrá restaurar la sostenibilidad de la deuda solo a través de acciones propias», remarcó Lagarde en un comunicado.
El organismo con sede en Washington, famoso por su agenda de reformas neoliberales, le planta cara a la más dura posición del ministro de Finanzas alemán, Wolfan Schaüble para quien “en la zona euro es imposible un perdón de la deuda”. El “halcón” Schaüble se olvida de lo que le pasó a su propio país después de la II Guerra Mundial. Alemania destruida, quebrada y ocupada por ejércitos vencedores, suplicó una reconsideración de la deuda heredada del régimen nazi, y en 1953 fue agraciada con los acuerdos de reducción de la deuda de parte de los triunfadores en la II Guerra, incluida la hoy denostada Grecia (https://es.wikipedia.org/wiki/Acuerdo_de_Londres_de_1953_sobre_la_deuda_alemana).
Alemania obtuvo el perdón o anulación del 62.5% del total de la deuda, o sea dos terceras partes, además de ser el principal receptor de las ayudas del Plan Marshall de reconstrucción de Europa puesto a disposición de Europa Occidental por Estados Unidos. Solo así se puede explicar el llamado “milagro alemán” de la post-guerra, y el restablecimiento del crecimiento económico que llevó a la potencia actual que es la República Federal de Alemania.
Sin embargo, la memoria alemana es corta. No solo de lo que se benefició después de la guerra, sino del daño y el pasivo que dejó Alemania a toda Europa, principalmente a lo que es hoy la Federación Rusa, el Este de Europa y Gran Bretaña.
Según el FMI, en el 2016 la deuda pública de Grecia, de no ser objeto de un alivio sustancial se elevará a un 200.9% de su PIB. Con un programa fiscal, también diseñado por Alemania y sus servicios de Bruselas, que solo carga todo el peso del esfuerzo fiscal en los impuestos indirectos y reduce incluso los impuestos directos a las capas ricas, será casi imposible volver a retomar el camino del crecimiento y reducir los niveles de pobreza y desigualdad dejados por más de 5 años de ajustes y dos “rescates” financieros fracasados.
Además, la imposición de este tercer rescate al gobierno de Alexis Tsipras ha desatado una crisis política de grandes dimensiones. El partido de Tsipras, que ganó las elecciones con una plataforma anti recortes y anti liberal ha sido afectado por una profunda divergencia de sus dirigentes con aceptación por Tsipras del nuevo programa. 54 diputados de 149 que tiene en el Parlamento griego, votaron en contra del nuevo programa, al que Tsipras se comprometió con el stablishment europeo. Su ex ministro de finanzas, Yanis Varufakis, ha votado en contra y ha dicho que prefiere abandonar su puesto de diputado a ceder a la extorsión y el chantaje a que fue sometido Grecia.
Esto plantea una próxima crisis política, ya que la aprobación de este tercer durísimo rescate por amplia mayoría parlamentaria, sólo fue posible con los votos de los responsables de la quiebra y el saqueo de Grecia: los partidos Nueva Democracia (conservador) y PASOK (socialdemócrata), quienes han advertido que no seguirán apoyando al gobierno de Tsipras después de la aprobación de las medidas del rescate. Esto plantea una crisis política y por tanto nuevas elecciones a corto plazo, probablemente en septiembre u octubre. Incluso, esto plantea una posible división de Syriza, el partido coalición del izquierda que apoyó a Tsipras.
Grecia, como dice el FMI, que no es un corderito manso, no puede salir adelante sin una sustancial reducción de su deuda pública. Esa deuda pública está en casi un 90% en manos de los gobiernos europeos, del Banco Central Europeo y la Comisión Europea. Para poder ser sostenible Grecia requiere una reducción por lo menos de 50 ó 60% del total de su deuda que la lleve a 80% a 100% de PIB y no a mas de 200%. Sólo así podría preverse una Grecia viable en el mediano plazo que retome el camino del crecimiento y la equidad social.