Opinión

Los Cambios Democráticos en América Latina IV

En el artículo anterior dijimos que aunque muchos no lo crean, lo que estamos tratando en esta serie es fundamentalmente político, y viene en el paquete que hemos comprado del neoliberalismo. Y también dijimos con tristeza, que debe ser nuestro compromiso, en esta compra neoliberal, tomar las cosas que van al pueblo llano, con el objeto de refrenar rebeldías recurrentes, nacidas de la abundancia de algunos y la escasez de muchos. Y continuamos lamentándonos, al decir, que cuando nos referimos a la abundancia, queremos enfatizar en las oportunidades, pero también en las actitudes egoístas, ególatras y hasta pedantes, que exhiben muchos en el quehacer diario o en el discurrir de sus actividades cotidianas; y explicamos el hecho de que, a veces no entendemos los por qué, porque solo nos importan los qué.

En el camino del párrafo anterior, debemos hacer algunas aclaraciones acerca del liberalismo y del neoliberalismo, para buscar rutas de acceso a cambios futuros, muy necesarios para la mejora de la percepción ciudadana sobre algunos tópicos de la política vernácula. Para tratar de lograr ese propósito, debemos referirnos al pensamiento liberal en el Siglo XXI y para ello nos auxiliaremos de una conferencia que le ofrecimos a los estudiantes del Politécnico Hermanas Mirabal, ubicado en los Girasoles, día 24 de abril del presente año 2015.

Allí les dijimos a los alumnos y profesores, que el Estado Liberal se construyó sobre una mesa trípode, cuyas patas fueron: la revolución industrial, las revoluciones burguesas y las revoluciones liberales. Y les puntualizamos, que en este aspecto se trata, de un ordenamiento político, que se asienta sobre la base del pensamiento liberal, el cual posee una clara base individualista, en donde los intereses individuales están por encima de los intereses colectivos. También les dijimos, que los fundamentos intelectuales del liberalismo fueron establecidos por John Locke. Enfatizamos, que donde el liberalismo fue plenamente enraizado y difundido como un movimiento global contra el viejo orden, fue durante la revolución francesa que se marcó el ritmo para el futuro desarrollo de la historia humana; aunque puede afirmarse, que la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica marcó considerablemente estos cambios bruscos, podría decirse que producidos por el agotamiento del sistema monárquico y colonial.

Puede afirmarse que durante el Siglo XX se trató de terminar con los vestigios liberales, fortaleciéndose nuevas formas de gobierno, con nuevas plataformas ideológicas, el surgimiento del primer Estado basado en los argumentos marxistas y el fortalecimiento de la socialdemocracia, pero al cabo de aproximadamente unos setenta años de rivalidad entre el capitalismo y el marxismo, con el fin de la guerra fría, el liberalismo reaparece en forma contundente.

Es necesario hacer un poco de historia para que se pueda entender mejor el proceso histórico que nos ha colocado en la situación actual, para ello debemos incursionar en muchos años antes del año 1989. Iniciemos en las predicciones hechas por muchos economistas y políticos, sobre la gran depresión del año 1929. Citemos a los que creemos se destacan entre todos, a Ludwig von Mises y a Friedrich A. Hayek. Ellos argumentaron el advenimiento de esa gran crisis del año 1929, afirmando que fue el producto directo del intervencionismo monetario y fiscal, que emprendieron los gobiernos durante los años veinte. No siempre hay que hacerle caso a las recomendaciones de los expertos, pero lo cierto es que en los Estados Unidos se originó una recesión económica sin precedentes, que deprimió todo el sistema monetario y económico de entonces.

Con esos antecedentes, y según algunos, como producto de asumir recetas económicas no apropiadas, se produjo la grave recesión inflacionaria de los años setenta.

Desde los años cincuenta se inician las bases para que los teóricos elaboraran, por primera vez, un cuerpo completo y perfeccionado de doctrina liberal; en ese proceso luego participaron pensadores de otras escuelas liberales, menos comprometidas, como la de Chicago, en donde protagonizan Knight, Stigler, Friedman y Becker. Se debe citar en ese proceso histórico, al ordo-liberalismo de la economía social de mercado alemana, de la autoría de Röpke, Eucken, Erhard; y a la llamada Escuela de la Elección Pública, de la paternidad de Buchanan, y Tullock. En todo ese acontecer histórico, cabe mencionar el triunfo de la llamada revolución liberal-conservadora protagonizada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, en los Estados Unidos e Inglaterra a lo largo de los años ochenta.

Margaret Thatcher impulsó el programa de privatizaciones de empresas públicas más ambicioso que hasta hoy se ha conocido en el mundo, redujo al 40 por ciento el tipo marginal del impuesto sobre la renta, acabó con los abusos de los sindicatos e inició un programa de regeneración moral que impulsó fuertemente la economía inglesa, lastrada durante decenios por el intervencionismo de los laboristas y de los conservadores más pragmáticos, como Edward Heath. Pero en este devenir de las calendas, quizás el hecho histórico más importante haya sido la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento del socialismo en Rusia y en los países del Este de Europa. Todos estos hechos han llevado al convencimiento de que el liberalismo y la economía de libre mercado son el sistema político y económico más eficiente, moral y compatible con la naturaleza del ser humano.

Vista esa breve historia, podemos decirles, que en la próxima y última entrega de esta serie, veremos a grosso modo la difícil situación contemporánea del liberalismo. Para ello enfatizaremos en la crisis económica profunda que sufre el mundo, la que ha traído el desprestigio al sistema democrático global, para entonces analizar, cómo la democracia ha ido perdiendo su legitimación inicial ante la ciudadanía, generándose una desconfianza en la política como nunca antes en la historia de la era democrática y en consecuencia, se vive hoy, un gravísimo cuestionamiento hacia los partidos políticos y sus líderes por parte del soberano, situación que amenaza seriamente la estabilidad democrática.

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