Opinión

El envejecimiento de la obra cinematografica

El tiempo es un filtro implacable que no detiene su paso y despoja a la vida o a las artes de aquellos elementos innecesarios que adornan sin ninguna función práctica nuestras realizaciones estéticas o vitales, las cuales pueden parecer importantes en su momento pero más tarde caer en el olvido.

La obra cuya perdurabilidad asombra al público generación tras generación es la que pasa por el proceso de conexión con los temas ancestrales que preocupan a los seres humanos. Tocar esas fibras en lo más profundo de nuestra psique garantiza la perdurabilidad en el gusto y la memoria de la gente.

Los temas a tratar siempre serán variaciones que se comunican con esas necesidades internas. Quien olvida esto sufre el destino que le aguarda a los escriben en el viento: la indiferencia y la desaparición progresiva del aprecio a tal producto cultural.

Recorrer los caminos epocales conservando los barnices de frescura y modernidad es una aspiración de cualquier artista para con su libro, cuadro, película u otro efluvio estético de la sensibilidad humana.

A todos nos ha sorprendido en algún momento, al visionar filmes que años atrás nos parecían de gran validez por su factura, su discurso y otros factores, resulta que ahora la misma película nos luce arrugada y simple, pues la misma ha envejecido mal, se ha quedado aparcada en la obsolescencia.

La culpa podría estar repartida entre las urgencias de sacar un producto fílmico sin madurar, o el realizador leer mal la realidad del momento montándose en la ola contestataria de moda, pues no solo de intrascendencias viven los cineastas.

Trascender es pasar por las pantallas y las audiencias conservando el mensaje original sin que la pátina del inclemente paso de los años marque sus huellas y vaya desdibujando el espíritu imbuido por aquel cineasta al celuloide. Sin eso, solo queda un cascaron vacío.

¿Qué hace grandes a gentes como Chaplin y a películas como Candilejas -Limelight- (1952 )? Pues que siguen emocionando como el primer día, que los sentimientos que inspiraron a aquel genio no han desaparecido, y no existen atisbos de que vayan a hacerlo. Esa es toda la explicación.

Recientemente he vuelto a ver Esperando La Carroza (1985), comedia del cineasta argentino Alejandro Doria. Pude comprobar que me seguía riendo de las desventuras y miserias de esta familia disfuncional, de su matriarca y de las brillantes interpretaciones de Antonio Gasalla, China Zorrilla y Luis Brandoni. El público parecía estar de acuerdo, pues reía a mandíbula batiente sin importar los cambios producidos desde 1985, año de la realización de la película, con situaciones muy diferentes a las del 2015.

¿Por qué sigue siendo Un Pasaje De Ida de Agliberto Meléndez una referencia del cine dominicano, aun con todo lo que ha llovido desde entonces y con todas las realizaciones que hemos tenido después de eso? La respuesta sigue siendo parecida. Al ahondar este hombre de cine en cierta problemática social, ha tocado el nervio mismo de su tiempo y también de nuestros tiempos, porque ciertamente hay situaciones que aún no han sido resueltas completamente, como es el tema de las migraciones.

A diez años de su estreno, la película dominicana de acción El Sistema (2006), conserva su frescura y la actualidad temática. El filme nos habla de un grupo enquistado en las filas policiales cuyos fines eran asesinar por encargo, la persecución que desata contra un ex integrante del grupo y la lucha de un honesto capitán para erradicar a esos sicarios.

El Sistema fue dirigido por Humberto Espinal y aunque su factura es irregular conserva el interés por un tema que es hoy es más actual que nunca debido a los alarmantes índices de la delincuencia y las orientaciones para reformar el cuerpo del orden público.

Peeping Tom (1960), es un film del director inglés Michael Powell que cuenta la historia de un fotógrafo que usa como excusa su cámara para asesinar mujeres, capturando sus últimas expresiones de terror al morir. El personaje Mark Lewis es un ser traumatizado por su padre, un científico que lo convirtió en un conejillo de indias para sus investigaciones.

En este drama sicológico de honda raíz freudiana el director utiliza la cámara como un mirón o voyeur, retratando la complicada relación entre los seres humanos y este instrumento técnico, devenido en espejo de la psiquis del humano actual.

La problemática descrita no presenta visos de envejecer pues el director bucea en las profundidades de nuestro ser con una mirada exploratoria que no ha cambiado con el paso de los años. Powell es un visionario como artista y analista.

¿Cuál es el denominador común de todas estas películas para seguir siendo modernas? El secreto es que conservan una ligazón que ata los problemas existenciales de la época en que se realizaron al estado de cosas en nuestros días, y sus imágenes no acusan el cansancio ni sus diálogos fatigan nuestros oídos.

Los productos fabricados como churros con fines alimenticios o para engrosar las cuentas bancarias, usualmente no llegan a traspasar más que las barreras de las fechas en que son realizadas, pues mueren pronto de inanición estética e indiferencia.

Tampoco es muy afortunado pensar en filmar para la eternidad o la trascendencia, pensamiento muy extendido en aquellas mentalidades que lo único que buscan es asegurarse un lugar en la historia, y esta como es cruel, los olvidará.

Las películas que no envejecen son esas de una honestidad intelectual y artística a toda prueba, pues sus realizadores han puesto todos sus sentidos en conectarse con la sensibilidad social que les ha tocado vivir, porque la trascendencia no se busca, ella te encuentra a ti.

El buen cine, como las grandes obras de arte, mantiene la frescura y la actualidad, y es intemporal por no atenerse a las modas, pues su mensaje ha hecho un pacto con el futuro.

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