La vida política de la República Dominicana toma el curso de su dinámica social y económica, conectada con las tendencias regionales y globales. Por ello las organizaciones protagonistas de sus procesos actúan acorde con el mismo en el tiempo y en el espacio, o de lo contrario corren el riesgo de quedar rezagadas o desaparecer.
Como el fin de un partido político es llegar o mantener el poder, y su medio es el pueblo, que lo lleva a la administración del Estado mediante elecciones nacionales o locales en nuestro sistema democrático, estas organizaciones selecionan a sus dirigentes a cargos legislativos y administrativos mediante procesos internos muy complejos y delicados, lo que les obliga a entonar con los tiempos para ser eficaces. Tratan de ser lo más democráticos posible, para mantener cohesión interna, buena imagen y ser exitosos, apicando distintos métodos de elección, que incluye reservación de cuotas establecidas estatutariamente, primarias internas, asambleas de delegados y selección por encuestas.
Las investigaciones sociales mediante las encuestas ha ido creciendo como alternativa en el sistema de partidos dominicano y para los aspirantes, siendo una solución cuestionada por algunos pero que, sin dudas, evita el canibalismo y la confrontación que ha provocado el derioro y desaparación de importantes organizaciones del sistema. Los procesos de primarias bien administrados son una buena y demostrada solución electiva, pero la masificación y falta de regulación mediante una ley que ponga eso en manos de la Junta Central Electoral (JCE), hoy día las hace difícil de implementar y controlar, ya que los intereses individuales muchas veces los contaminan, dejando secuelas, cuyos ejemplos dañinos tenemos de sobra en los últimos años.
Las populares encuestas ya no son sólo un recurso de trabajo científico de planificación estratégica personal, de empresas, de los partidos, organizaciones sociales y del Estado; también se han convertido en instrumentos de mercadeo para medios de comunicación en busca de aumentar su penetración en la población y en arma de propaganda de candidatos o partidos para intentar variar percepciones o posicionamientos.
Ahora la demanda de los servicios de empresas que se especializan en estos estudios se dispara en las temporadas electorales dominicanas pero, aunque los partidos políticos deben adecuarse a esta realidad, deben tener mucho cuidado con el tema porque no pueden dejar un proceso tan delicado de elección de sus líderes al criterio puramente técnico y empresarial, ya que hay muchos detalles en su aplicación e interpretación que es materia exclusiva del conocimiento y experiencia política, además de los principios e ideología. No no se trata de vender refrescos ni pastillas; estamos hablando de líderes que componen la materia medular de una organización, de la nación o de sus comunidades.
Estos estudios son costosos cuando se aplican rigurosamente. Por ejemplo, si un partido quiere saber la realidad más aproximada de la potabilidad de sus aspirantes a alcaldes de municipios y de distritos municipales de la República Dominicana, con un nivel de confianza de un 95 por ciento, necesita encuestar de manera aleatoria y segmentando su territorio en zonas rurales y urbanas acordes con las proporciones demográficas exactas determinadas por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), con un mínimo de 290 personas en su distrito más pequeño y 380 para los municipios más grandes. Si tenemos que RD tienen 155 municipios y 234 distritos, suman 389 escenarios a estudiar, que multiplicados por una media de 380 unidades son 147 mil 820 cuestionarios. El costo promedio de una investigación de este tamaño anda en el mercado local por los 10 dólares por cuestionario, lo que nos da un valor total de 1 millón 478 mil 200 dólares, que convertidos en pesos dominicanos significaría un monto de 66 millones 740 mil 730 pesos, calculados a una tasa de 45 pesos con 15 centavos. Y se recomienda que se hagan con 2 empresas distintas para comprobar su veracidad; aparte de que aquellos precandidatos o candidatos que tienen posibilidad económica o buenos padrinos hacen sus propias mediciones para diseñar sus estrategias políticas y promocionales, sin contar las que hacen algunos empresarios. Este panorama no deja manera de cuantificar el costo real de este método en nuestro país. Pero eso no quiere decir que las primarias sean más económicas porque ellas implican la inversión imposible de cuantificar, que sería la suma de los gastos de los partidos, los colaboradores más la de sus aspirantes para lograr ser electos.
El hecho de que una medición de 1,200 muestras sea confiable para una población como la de los Estados Unidos o para los 10 millones de dominicanos no quiere decir que tomando 50 ó 70 muestras en un distrito municipal, con menos de 3,500 mil habitantes, nos permita saber quién de los aspirantes es el favorito con certeza porque el método estadístico no funciona así. Tampoco las 30 o 40 muestras que se hagan para medir regidores de un barrio popular de la Capital diría nada confiable con exactitud.
Esto te da una orientación de posionamiento con niveles de confianza y podría llevar a una organización política a tomar una decisión incorrecta y antidemocrática que a la corta o a la larga corroe sus cimientos estructurales.
Aunque las empresas que se contratan son calificadas y bien evaluadas antes de responsabilizarla de tan importante trabajo, muchas veces ocurren cosas que contaminan estos estudios al margen de la seriedad de las mismas. Por ejemplo, en 1999 una empresa envío su personal a realizar el trabajo de campo a una provincia del Sur para una encuesta encargada por un partido político y un caudillo de allí preparó un equipo de hombres y mujeres no identificados que monitoreaba a los encuestadores desde el hotel en que se hospedaban y sabían hacia que lugar se dirigían con antelación. Luego activaban otros equipos en la zona a encuestar y condicionaban a la gente o los interceptaban como simples ciudadanos. Sin dudas que esa investigación salió contaminada desde ahí. Esa historia se ha estado repitiendo en muchos lugares a tal punto que un amigo, dueño en una de esas empresas, nos dijo hace dos semanas que tuvo un enfrentamiento con una candidata a alcaldeza en un distrito municipal porque quería ver y opinar sobre su trabajo.
El tema de la calidad profesional del personal encuestador y supervisores lo garantiza el prestigio de la empresa, pero ya es conocido en el medio que su personal son profesionales escasos, por lo que existen varios equipos que ofrecen trabajos de campo a la mayoría de la empresas locales y extranjeras por contrato temporal.
Otro de los factores contaminantes del trabajo de campo es que cuando los aspirantes saben con tiempo anticipado la fecha de hacer las encuestas montan campañas promocionales, publicitarias y actividades de masas exageradas, lo que favorece a aquellos que cuentan con los recursos necesarios en el momento, ya que pueden lograr mejores niveles de recordación a la hora que les preguntan. Con este tema las empresas están buscando alternativas de trabajo que eviten estos hechos aplicando mejores recursos tecnológicos y logísticos para reducir el tiempo de exposición, lo que eleva sus costos operacionales, aunque sabemos que los niveles de delincuencia del país no les permite moverse fácilmente en algunos lugares con equipos sofisticados porque muchos han sido atracados en campos y barrios.
El tema de las encuestas por teléfonos, digitales en portales, periódicos y redes sociales es un capítulo a tratar aparte porque tienen demasiados trucos para manipulación. Para una tarea tan delicada aún tienen mucho cuestionamiento
Los partidos políticos son estructuras sociales vivas y evolucionan en su medio. En la realidad de hoy tienen poca capacidad para aministrar las complejas primarias, que muchas terminan en incidentes y cuestionamiento internos y legales, lo que motiva dar una solución menos difícil con las investigaciones del mercado electoral, pero éstas no son la panacea perfecta; tiene también sus efectos secundarios pero menos dañinos. Lo que sí necesitan es que los partidos estructuren sus equipos técnicos calificados para trabajar junto a las empresas contratadas, supervisando cada proceso, de modo que se logren resultados de mejor calidad y más confiables.
Se espera que la Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas ayude a mejorar estos procesos, tanto el de primarias como el uso de encuestas como herramienta trabajo, de propaganda o elección interna.