A la medianoche del pasado 26 de febrero entró en vigor oficialmente en Siria un alto el fuego promovido por Rusia y Estados Unidos con el apoyo de Naciones Unidas.
Un acuerdo en tal sentido fue alcanzado un par de semanas antes durante el último encuentro celebrado en Múnich por el Grupo Internacional de Apoyo a Siria que, además de los dos países antes mencionados, integran la Unión Europea, Turquía, Irán y Arabia Saudita.
Dicho acuerdo cuenta con el apoyo de Damasco, un centenar de grupos armados que combaten al gobierno de Bashar al Asad y otros actores regionales.
Sin embargo, la enorme masa de contradicciones que todavía existen entre las partes involucradas en el conflicto sirio es un factor susceptible de incidir negativamente en el curso de los acontecimientosfuturos.
Lo que hace más delicada la situación es que prácticamente no se pudo crear un mecanismo efectivo para garantizar en forma efectiva el cumplimiento de lo pactado.
El alto el fuego no incluye, desde luego, a los terroristas del Estado Islámico (EI). Pero Moscú y Washington, los principales impulsores del acuerdo, no pudieron unificar criterios sobre cuáles grupos, de la inmensa cantidad que operan en territorio sirio, deben considerarse como terroristas y cuáles no.
Esto atañe, sobre todo, a aquellos que integran el Ejército Libre Sirio (ELS), el principal grupo opositor al gobierno de Asad que cuenta con el apoyo de Estados Unidos, y a otros con los que esta organización armada mantiene relaciones y que según Moscú colaboran al mismo tiempo con el EI o la red terrorista Al Qaeda.
En un artículo publicado en Vanguardia del Pueblo el 17 de noviembre de 2014 bajo el título “Las ´guerras paralelas´ y la ineficacia de la lucha contra el Estado Islámico en Oriente Medio”, advertíamos que los tradicionales intereses geopolíticos de Occidente en la región de Oriente Medio estaban impidiendo el adecuado enfrentamiento de la nueva amenaza representada por el EI.
Desde el momento de la publicación de ese trabajoEstados Unidos ha hecho ajustes importantes en su política hacia la zona. Particularmente, promovió un acuerdo con Irán para alejar a este país del desarrollo de armas atómicas, pero reconociendo al mismo tiempo al país persa como un actor regional importante e incorporándolo al proceso de estabilización de la región. Aunque no se diga, Rusia ha asumido el rol, por sus buenas relaciones con Teherán, de ente generador de confianza, de gran facilitador.
Washington también se las ingenió para morigerarun tanto la posición de Arabia Saudí y lograr que Israel se mantenga a la distancia prudente. Naturalmente, la entrada de Rusia en el escenarioregional produjo importantes cambios en la correlación de fuerzas que facilitaron estos movimientos de Estados Unidos.
Todo esto hizo posible el alto el fuego. Pero el acuerdo en tal sentido ha sido acogido con reservas por Arabia Saudí y Turquía. Este último país, por razones que explicamos en trabajos anteriores, se opuso a la participación de los kurdos en el proceso de negociación del alto el fuego y su actitud de cara al conflicto armado en los territorios de Irak y Siria es uno de los factores generadores de incertidumbre. Está por verse si este país continuará los ataques contra los kurdos en Siria e Irak aun después de la firma del alto el fuego.
Arabia Saudí, por su parte, anunció su intención de transferir aviones de combate a la base de Incirlik en Turquía unos días antes del armisticio. Los primeros aparatos ya fueron enviados. El reino saudí no descarta el envío de fuerzas terrestres al territorio sirio.
Y como si todo esto fuera poco, no obstante el acuerdo sobre el armisticio, Estados Unidos retomó su discurso sobre la imposibilidad de una solución del conflicto sirio mientras esté en el poder Bashar al Asad. Incluso, el secretario de Estado John Kerry habló de la existencia de un “Plan B” en caso de que fracase el alto el fuego.
Todo esto ha generado mucha inquietud en Moscú,donde se teme que Estados Unidos esté llevando a cabo un doble juego.
Sin embargo, estas maniobras no deben impedir ver lo esencial: el sentido del armisticio es facilitar la búsqueda de una solución política al conflicto en Siria. El próximo paso serían las negociaciones, un escenario al que nadie quiere asistir sin fortalezasque mostrar. Damasco lo hizo arrebatándole al EI el control de importantes territorios con el apoyo de la aviación rusa en las semanas previas a la firma del armisticio.
De hecho, la discusión sobre si ciertos grupos aliados del ELS son o no terroristas obedece, en parte, a esta lógica. Moscú también se aferra a ella al declarar que continuará los ataques aéreos contra grupos que tilda de apéndices de Al Qaeda.
Estados Unidos ha dado muestras de que estaría dispuesto a tolerar el régimen de Asad, pero sin el mandatario. Su meta es dividir Siria como se hizo con la antigua Yugoslavia. Pero Rusia quiere un proceso político que conduzca a la legitimación del gobierno de Asad, un viejo aliado al que considera una figura fundamental en una región donde escasean los individuos signos de fiar.
Turquía, por su parte, teme que el Kurdistán sirio se erija en Estado independiente, una idea que no parece disgustar a Moscú debido a los aportes kurdos a la lucha contra el Estado Islámico. Mientras, Arabia saudí teme a la conformación de un eje Teherán-Bagdad-Damasco. Con potencial para extenderse a Saná.
Según ha sostenido recientemente Robert Kennedy Jr., sobrino de John F. Kennedy, en un artículo publicado en la revista “Político” ampliamente reseñado por los medios de prensa rusos, el afán de Estados Unidos por derrocar a Bashar al Asad tiene que ver con su negativa a permitir el paso de un oleoducto desde Catar hacia Europa, lo que terminaría con la dependencia del viejo continentedel gas servido por Rusia.
En su primer día, el armisticio logrado después de cinco años de intensos y devastadores combates se cumplió en 74 localidades del territorio sirio, según el centro ruso de control del alto el fuego.
La noticia no deja de ser esperanzadora, pese a las frágiles bases sobre las cuales descansa lo pactado. Claro, no deja de ser decepcionante constatar que aún queda por superar la vieja práctica de que las grandes potencias decidan a su antojo el futuro de las naciones pequeñas, aun de aquellas de milenaria historia.