Opinión

El “Aparato de Poder del Estado”

Los gobiernos progresistas de América Latina que ha gobernado en las últimas décadas, no tocaron los puntos clave para viabilizar cambios necesarios en la actitud procedimental del “Aparato de Poder del Estado” en sus respectivas naciones, quedando a merced de las estructuras fácticas, porque cuando las oligarquías se han visto afectadas por los procesos, inician una serie de actividades integrales que procuran desacreditar las vías legítimas de consolidación democrática del crecimiento y desarrollo ciudadano.

Esos núcleos poderosos de la sociedad, tratan de detener el avance social desde sus particulares puntos de vista, por considerarlos no convenientes, creyendo que esa realidad de cambio afecta su hegemonía social mantenida por siglos. Como núcleos de poder, ejercen sus actividades muchas veces al margen de la formalidad del Estado, fundamentando sus acciones en la autoridad informal que ejercen sin el menor comedimiento, fluyendo, influyendo y confluyendo con una capacidad irresistible en el ámbito político de nuestras democracias carentes de madurez institucional.

A estos grupos solo les importa su beneficio particular, encontrándose arraigados en modo profundo en la sociedad económicamente poderosa, no importándole su legitimidad de acción, porque en verdad no tienen nuestras débiles democracias las herramientas necesarias para que sus comportamientos tengan las consecuencias que ameritan sus conductas, muy por el contrario y debido a las debilidades intrínsecas en lo institucional, encuentran aliados en unos tontos útiles que cavan sus propias tumbas enajenados de la realidad, embriagados por el éxtasis de su ignorancia.

Tristemente estos remanentes del atraso existen y tienen todo el poder de acción y recursos, capaces de liquidar cualquier vestigio de peligro que amenace su existencia presente y futura. Ese aparato de poder solo puede ceder aniquilándolo y no existe manera desde la historia de hoy, en que eso pueda suceder. De hecho en América, solo Cuba lo pudo hacer en forma contundente, pero su costo ha sido demasiado alto.

Las naciones de América que podrían soportar la embestida del renacer de la derecha, serian aquellas cuyos liderazgos sean emocionalmente capaces de entender, que estos sectores pueden imponerse sin necesidad de la fuerza bruta, como antes; pero hoy en día con la gran ventaja del manejo casi general de la opinión pública a través de las empresas de comunicación que han adquirido, como una demostración de inteligencia práctica. Ahora solo tienen que explicitarse a través de las nuevas tecnologías de la comunicación y de sus asalariados, los que a demás de competentes, casi siempre están bien claros de lo que buscan en forma general y particular.

Sobre las opiniones, la mayor parte de las veces no es necesario que las impongan por la fuerza, solo tienen que repetirlas y hacerlas repetir muchas veces, al estilo del alemán que previo y durante la segunda guerra mundial afirmaba: “Una mentira dicha mil veces, es una verdad irrefutable”. Por esta y muchas razones más, necesitamos unidad de pensamiento y acción, al estilo de nuestro líder y guía, el profesor Juan Bosch; él entendió a carta cabal, que a esta gente de los sectores dominantes, les basta con explicitar, con simplemente sugerir sus deseos para que se conviertan en realidad; porque la clave de su ejercicio es su capacidad de control de los mecanismos externos a la política para lograr poder político.

Ellos ejercen dominio de recursos vitales y estratégicos, los que le otorgan control ideológico de aquellos que sí tienen qué perder. Se trata de la preservación de privilegios de innegociable posibilidades de debilitamiento, no se trata de un juego, como piensan muchos personajes metidos en el ruedo político.

Esta capacidad de dominio social es objetiva, porque controlan los mecanismos económicos, lo que le dan poder real para fluir, influir y confluir en el objeto de su misión en forma legal o cuasi legal. Nosotros nos hemos estado desenamorando de un gran acuerdo hecho a partir de la casualidad establecida en el año 1996 y restablecida en el 2004, cuando se logró conformar la plataforma del bloque progresista. Ahí confluyeron los dominadores de los poderes facticos, con capacidad de moverse tras unos dedos titiriteros duchos en las artes de la madeja de hilos, capaces de acompañar y acompasar en forma inteligente los cambios que buscan en cada misión.

No es precisamente momento de jugar a los tontos, porque puede que nos pase como al presidente de las manos limpias del 1982 al 1986; un fehaciente descubridor de que “no es lo mismo llamar al diablo, que verlo llegar”.

La democracia entrampa a los líderes, haciéndoles creer que pueden lograr sus propósitos, olvidándose de quién es que manda en las sociedades organizadas; se asocian con ellos en proyectos supuestamente comunes y terminan acorralados por la realidad del dominio efectivo del poder a través de los vínculos culturales de la sociedad cimentados en costumbres, formas y en la economía ancestral. Es preciso saber, que el poder siempre ha estado en manos de la derecha, todas la naciones.

Solo hay que ojear un poco sobre cómo influyen en un ejercicio sutil sobre los movimientos bancarios, sobre las actitudes de la oligarquía en sentido global, porque manejan la forma pensamiento cerrado y los enraizados sentimientos de la plutocracia. Tienen ancestrales maneras de manejarse con las regiones, los trabajadores independientes, las centrales y sindicatos. Siempre ha controlado la comunicación masiva para construir las verdades que les conviene. No olvidemos a Juan Bosch, que sabía otear, que agudizaba su olfato para enmarcar las acciones para trabajar sobre las sensibilidades del capitalismo de estado, mejor conocido como mercantilismo empresarial.

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