Daris Javier Cuevas
Es importante precisar que un paraíso fiscal se refiere a un territorio donde el pago de impuestos es insignificante y se concentran en ciertas partes del mundo, pero a su vez, es una actividad económica que se busca privilegiar frente al resto, con la finalidad de captar fuertes inversiones, constituir sociedades, acoger personas físicas con grandes capitales y promover la especulación financiera vía la tasa de interés y la confidencialidad.
Pero resulta que la existencia de un paraíso fiscal suele generar, por parte de los gobiernos de las grandes naciones del mundo, una desconfianza enorme y los movimientos de dinero hacia y desde ellos son minuciosamente controlados y revisados, por las implicaciones y secuelas que los mismos provocan, así como los riesgos inherentes que conlleva ese desplazamiento de dinero hacia actividades inseguras. Sin lugar a dudas, el impacto económico y social que tienen los paraísos fiscales sobre los países de tributación ordinaria es muy significativo, ya que se calcula unos $21 billones de dólares el monto de evasión.
Los paraísos fiscales se constituyen en aquellos estados, territorios o jurisdicciones que no aplican tributo a las ganancias, o la aplican a tarifas muy bajas, lo que para la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD) y el FMI, constituye la razón principal para que haya alrededor de más de 60 países en el mundo que se pueden considerar como paraísos fiscales, fruto de que son economías que combinan bajos impuestos, leyes de secreto bancario estrictas y que no cooperan con otros países en intercambio de informaciones en materia tributaria.
Los paraísos fiscales han tenido un desarrollo espectacular a partir de los años setenta, muchos de ellos formándose en la periferia de los países industrializados de América del Norte, de Europa y de Asia.
Aproximadamente, la mitad de ellos bajo bandera británica, aunque casi todos los países de Europa tienen su propio paraíso fiscal y a veces dentro del propio territorio, al igual que EEUU que nunca ha ocultado la existencia de estos en su propio territorio, como es el caso de Delaware.
El desarrollo de los paraísos fiscales ha tenido mayor dimensión porque ha encontrado su viabilizacíon a través de la expansión de la denominada banca transfronteriza, o banca off-shore, cuyas operaciones fueron impulsadas por la desregulación de los mercados financieros, el avance de la tecnología y la globalización financiera, que involucran alrededor de 300 mil empresas distribuidas en los 60 paraísos fiscales identificados, de los cuales la subregión del Caribe alberga la mayor cantidad, en tanto, que Argentina, Panamá y Uruguay resaltan como los países de América Latina donde se han ocultado grandes fortunas del poder económico mundial que evaden impuestos en su país de origen.
Las crisis financieras y las devaluaciones producidas en muchos países, han acelerado el desplazamiento de billones de capitales desde inicio de la década de los 90s que, a su vez, han sido recibido en los diferentes offshore, por lo que se tiene evidencia del movimiento de grandes sumas de lavado de dinero, corrupción y el narcotráfico internacional que procuran ingresar ocultas a las economías, para lograr su legalidad, a través de inmuebles.
Dada la estabilidad política y económica predominante en Panamá, en las últimas dos décadas, así como su grado de confidencialidad, avalado por su legislación bancaria, la gran mayoría de los capitales es hacia los off-shore de ese país que opera con una infraestructura competitiva con el mundo financiero. Es esta la razón por el cual en el 2001 el subcomité de investigaciones permanente del senado de USA ha dado seguimiento al número creciente de estas entidades que ya captaba la fría suma de $100 millones de dólares.
La historia se repite en Panamá, esta vez, con el escándalo mediático apoyado en 11,5 millones de documentos que abarcan alrededor de cuatro décadas, los cuales han revelado la existencia de más de 214 mil empresas que realizan operaciones off-shore de manera legal. Panamá nunca ha ocultado la existencia de los off-shore ya que es el epicentro de su sistema bancario que es de gran importancia en su economía dado que se convierte en el dinamismo de todas las actividades económicas, incluyendo el funcionamiento de su canal, la zona libre de colon, los cuales tienen una dependencia directa e indirectamente del sistema bancario, pues durante el 2015 registró activos totales por el orden de $118.477 millones de dólares, con un crecimiento de 9,2%, con depósitos bancarios que crecieron un 7,5% y una cartera crediticia que se incrementó en un 9,8%.
En ese mismo orden, los bancos panameños acentuaron su patrimonio en un 8,8%, mientras que los activos de la banca privada crecieron un 9,8% y los bancos extranjeros a un ritmo de 9,3%, la banca privada local un 10,4% y la banca oficial un 7,3%.
En adición, la banca impulsa la creación directa del 42.6% de los empleos, por lo que se puede concluir de que esa tipología de operaciones financiera no desaparecerán ni ahí ni en otros paraísos fiscales y, a mi modo de interpretar los hechos, el escándalo surgido tiene como objetivo sacar los off-shore hacia los grandes centros financieros de las grandes economías y con ello tener el control de los movimientos financieros del liderazgo mundial y atraer los capitales que migraron fruto de la crisis financiera iniciada en el 2007.