A muchos ha sorprendido la suspensión por parte de Estados Unidos del embargo que prohibía la venta de armas a Vietnam anunciada por el presidente Barack Obama durante su reciente visita al país asiático, donde por más de 40 años ejerce el poder de forma monopólica el Partido Comunista.
El hecho es, sin duda, trascendental, si se toma en cuenta que la decisión solo tiene dos precedentes en toda la historia: la venta de armas a la Unión Soviética en el marco de la Segunda Guerra Mundial y la facilitación de equipos bélicos estadounidenses a China a principios de la década de 1980 como parte de los esfuerzos por contrarrestar la influencia soviética en el Oriente Lejano.
No se puede perder de vista, además, que hace apenas 40 años Estados Unidos sufrió en Vietnam una humillantederrota militar que aún marca, cual mancha indeleble, el orgullo de la primera potencia del mundo.
Sin embargo, la decisión es tan solo la consecuencia lógica de la recomposición del ordenamiento mundial en marcha desde la desaparición de la Unión Soviética y, particularmente, de la dinámica en este contexto de los acontecimientos en el Extremo Oriente.
Estados Unidos y Vietnam restablecieron sus relaciones en 1995, vente años después de finalizada la guerra que enfrentó a los dos países. Otros veinte años han pasado desde entonces, registrándose en la última década un creciente proceso de acercamiento que ha incluidoencuentros al más alto nivel, como las visitas a la Casa Blanca del presidente Truong Tan Sang, en julio de 2013, y del secretario general del Partido Comunista Nguyen Phu Trong, en julio de 2015, un reconocimiento de la decisiva influencia de ese cargo político que no tiene función alguna en el gobierno.
Desde la firma en julio de 2000 del Acuerdo de Comercio Bilateral, el intercambio comercial entre los dos países pasó de US1, 500 millones a US36, 000 millones en el 2014. Estados Unidos se convirtió rápidamente en el principal destino de las exportaciones vietnamitas (17%).Según fuentes oficiales, la inversión extranjera directa captada por este país durante los últimos 25 años asciende a la suma de US211, 000 millones de dólares.
Los expertos aseguran que le economía vietnamita tenderá a acercarse más a la estadounidense luego de su incorporación al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), un tratado de libre comercio que incluye a 12 naciones de la cuenca del Pacífico liderado por Estados Unidos.
Vietnam, con 94 millones de habitantes, tiene una economía en rápida expansión. Según cálculos del Banco Mundial, su el PIB, que ha estado creciendo a un ritmo superior al 7%, se expandirá a un ritmo del 10 por ciento anual en la próxima década como consecuencia de su participación en el TPP.
La colaboración entre Hanói y Washington que ahora se extiende al plano militar obedece a la confluencia de intereses estratégicos en el plano político, diplomático y de defensa. En el complicado ajedrez político del mundoactual y particularmente de la región asiática, Estados Unidos se ha visto precisado a introducir cambios en su política encaminada a mantener en Asia el equilibrio de poderes fortaleciendo sus vínculos con países como Vietnam, Filipinas Malasia e Indonesia.
Las nuevas alianzas están llamadas a suplir el rol que durante la guerra fría jugó China como parte de los esfuerzos por contener la influencia soviética en el extremo oriente, que entonces contaba con Vietnam como uno de sus puntales.
En mayo de 2014, hace casi exactamente dos años, en un artículo publicado en Vanguardia del Pueblo bajo el título“¿Se romperá el equilibrio de poder en Asia”, decíamos:
“Después de la llegada de los comunistas al poder en 1949 Estados Unidos declaró benigno el socialismo chino, como parte de su estrategia para mantener en Asia el equilibrio de poderes y alinear a China con su política antisoviética.
“En 1969, cuando se produjeron los enfrentamientos militares sino-soviéticos por una disputa territorial, Estados Unidos apoyó al régimen de Mao Zedong. En 1970 el gobierno norteamericano produce un giro espectacular en su política hacia china, que abarcó un deliberado apoyo al crecimiento económico del país asiático, donde más tarde los reformistas al mando de Deng Xiaoping tomaron el control del partido y el Estado, iniciando un proceso de profundas transformaciones económicas que, en varias etapas, incluyeron la sustitución de la economía planificada por una basada en las leyes del mercado, la apertura a la iniciativa privada y a la inversión extranjera, la privatización de empresas estatales, el levantamiento de los controles de precios y la eliminación de las políticas proteccionistas, entre otras medidas importantes.
“Bajo el control monopólico del Estado quedaron la banca, el petróleo y la propiedad sobre la tierra. Y aunque el modelo político basado en la influencia decisiva y única del Partido Comunista quedó intacto, Occidente siempre lo consideró distinto al soviético, a pesar de sucesos como los de la plaza de Tiananmen, en 1989. La apertura promovida por los chinos que facilitó el flujo masivo hacia ese país de capitales de occidente, sobre todo norteamericanos, es lo que explica su éxito económico, que incluye el superávit comercial y las reservas extranjeras más grandes del mundo.
“Quiere decir que mientras el mercado mundial terminó arrodillando a los soviéticos, forzando su capitulación en la Guerra Fría sin tirar un solo tiro, China, sin haber ganado ninguna guerra, pasó de ser un país subdesarrollado en los años ochenta a colocarse en la segunda posición en el ranking de naciones más desarrolladas del planeta, debido a su habilidad para aprovechar a su favor factores geopolíticos que la hicieron atractiva a la inversión, le facilitaron el acceso a la tecnología y le abrieron las puertas a una participación ventajosa en los mercados”.
Pues bien, ocurre ahora que China es el único país con cierta capacidad para disputarle a Estados Unidos la hegemonía en el mundo, lo cual es visto con gran recelo por Washington, actualmente alarmado por la política que impulsa el gigante asiático con miras a asegurarse su predominio en toda el Asia, particularmente en la zona del denominado Mar de China Meridional, un espacio de carácter estratégico que conecta el petróleo y otras rutas marítimas y comerciales de Oriente Medio y Asia del Este. Se trata de la segunda vía marítima de mayor tráfico a nivel global, de importancia capital, además, para el despliegue de fuerzas militares hacia las zonas del Pacífico.
Con este objetivo en mente, China ha producido un giro en su estrategia militar, poniendo mayor énfasis en el desarrollo de sus fuerzas navales para asegurar una presencia efectiva en aguas abiertas. En este contexto han ido ganando cuerpo viejas disputas territoriales que enfrentan al gigante asiático con otras naciones de la zona.
Entre los territorios en disputa están las islas Paracelso y Spratly, cuya propiedad reclaman también Vietnam y Filipinas. Actualmente china lleva a cabo en este último archipiélago la construcción de varios islotes artificiales, pese a las advertencias de los países que invocan su soberanía sobre esos espacios y de Estados Unidos.
Vietnam ha tenido unas relaciones conflictivas con China desde los tiempos imperiales. En dos ocasiones el Dragón Rojo convirtió al pequeño país en una de sus provincias, lo cual explica por qué la desconfianza ha marcado siemprelas relaciones entre las dos naciones, tradicionalmente oscilantes entre el acercamiento y la confrontación.
Las mismas razones que antes empujaron a Vietnam al bloque soviético son las que hoy, tras el colapso de la URSS y el ascenso del gigante asiático al rango de gran potencia mundial, que tiene a Rusia como uno de sus aliados, obligan a este país del sudeste asiático a dirigir su mirada hacia su otrora enemigo mortal. Washington aprovecha esta convergencia de intereses para desarrollar una nueva alianza estratégica dentro de los esfuerzos encaminados a asegurar el equilibrio en el lejano oriente.
Para viabilizar esta alianza los vietnamitas siguen el mismo camino que el gigante asiático en los años setenta, combinando reformas económicas con cambios importantes en el modelo político. A pesar del discurso en favor del respeto a los derechos humanos, imprescindible para guardar las apariencias, Washington celebra los niveles de confianza logrados hasta ahora con su nuevo socio. El levantamiento del embargo a la venta de armas es el mejor indicador.
Así pues, por más increíble que parezca, el Vietnam que con sus tropas de “hombrecillos amarillos” arrodilló a la gran potencia mundial, se consolida hoy como su aliado estratégico.