Lo que comenzó con la notable carencia de apoyo de los expresidentes republicanos durante la convención de su partido a mediados de Julio, así como la renuencia de gran parte de la elite partidaria a sumarse al proyecto del magnate neoyorquino, hoy se traduce en un aumento considerable del rechazo hacia un Donald Trump, quien ve cómo se desvanecen, gracias a sus propias acciones, las posibilidades de dar gran salto hacia la Casa Blanca.
Contrario a lo que dictaría la lógica en una campaña que se acerca a su etapa final, la estrategia de Trump, en vez de atenuar su discurso y tratar de conquistar aquellos segmentos de la sociedad que se muestran indecisos o disgustados con el devenir de la economía, la seguridad y los tropiezos de la clase política tradicional, no ha hecho más que mostrar con creces el por qué no está preparado para ser presidente, y menos de Estados Unidos, la primera potencia del mundo.
Al parecer, las características profesionales de las que ha hecho alarde durante su campaña, es decir, lo de ser ¨un empresario exitoso¨, dueño de una fortuna multimillonaria (aunque su valor real ha sido puesto en entredicho), y de no ser un político de formación perteneciente a la elite de Washington, son las mismas que hoy le están pasando factura.
Es precisamente la falta de formación y experiencia, no solo en lo que a la política se refiere, lo que ha llevado a Trump a asumir una retórica populista y demagoga, que ignora las realidades tanto domésticas como internacionales por las que se sostiene la nación estadounidense.
Es así como, en lo que se puede calificar como una arremetida temeraria, ha agudizado sus ataques de cara a las elecciones de noviembre, incurriendo en señalamientos e indirectas nada agradables para el electorado.
Tal fue el caso de su llamado a la Asociación Nacional del Rifle, el Lobby más poderosos de Washington, a que intercedieran en detener a Hillary en su avance en las encuestas por las tendencias demócratas a controlar el acceso a las armas.
Por si no fuera suficiente, y aprovechando el ambiente convulso que vivía Estados Unidos luego del ataque perpetrado por Omar Mateen en el club nocturno Pulse, en Orlando, Florida, el candidato republicano señaló al presidente Barack Obama como el creador del Estado Islámico, y a Hillary como la cofundadora. Al respecto agregaba que tal masacre se hubiera evitado si los presentes tuvieran derecho a portar armas dentro del local, declaración que generó el rechazo de los ejecutivos de la Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en ingles), quienes señalaron que no se puede permitir ni promover el uso de armas en espacios de ingesta de alcohol.
No obstante las críticas que a nivel político y social le han generado tales declaraciones, un factor elemental ha sido la pérdida de apoyo entre mujeres republicanas que otrora eran consideradas leales a los candidatos electos por el partido.
Dicho cambio se manifiesta luego de los ataques verbales que dirigiera el candidato contra la madre de un soldado musulmán caído en combate, quien pertenecía al ejército norteamericano. Este cuestionó el silencio de la señora, alegando que podría deberse a los escasos derechos que tiene la mujer en la religión musulmana.
La indignación general entre las estadounidenses no se hizo esperar, y como bien se acaba de señalar, el rechazo no fue ajeno al sentir de republicanas que manifestaron su oposición, considerándolo inapropiado para asumir la presidencia del país.
En efecto, el posicionamiento entre las mujeres ha descendido más de 13 puntos desde finales de Julio, lo que puede ser capitalizado por Hillary Clinton a sabiendas de que más allá del aspecto ideológico que diferencia a ambos partidos, el contexto ha llevado a que la campaña se centre en un asunto de pragmatismo e idoneidad política para conquistar al electorado.
Según indican los estudios, el voto duro de Trump se ha concentrado exclusivamente en el segmento masculino anglosajón, de escaso nivel académico, quienes han visto en la inmigración una amenaza a sus fuentes de ingreso, o al menos así lo ha señalado el candidato republicano en una muy hábil retorica que pone como chivo expiatorio a las minorías, en especial la inmigración ilegal.
Los escándalos y desencuentros no han cesado ahí, puesto que las declaraciones inapropiadas del magnate han trascendido lo doméstico, llegando al plano de lo internacional con ejemplos tales como los cuestionamientos del compromiso u obligaciones de Estados Unidos para con los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), a quienes incluso advirtió que les establecería condiciones financieras.
Además, llegó a invitar abiertamente al gobierno ruso a que interviniera con piratas cibernéticos o ¨Hackers¨, en las elecciones presidenciales estadounidenses en contra de Hillary Clinton. Esto último a propósito de los cuestionamientos a que ha sido sometida la candidata demócrata sobre el manejo de correos electrónicos del Departamento de Estado.
Los efectos negativos de tales desaciertos están pasando notable factura al posicionamiento del candidato republicano, obligándole incluso a realizar importantes cambios en su equipo luego de que Paul Manafort, su hasta entonces jefe de campaña, renunciara tras denuncias en su contra sobre un escándalo de corrupción en Ucrania, donde se le acusa incluso de haber recibo unos 13 millones de dólares de un partido pro-ruso.
En una respuesta que aparentó ser más un producto de la desesperación por frenar su descenso en las encuestas, que un acto sincero de rectificación y cambio en su accionar, Trump ha manifestado arrepentimiento por sus declaraciones, las cuales según alegó, se produjeron en medio del calor del debate político.
El panorama de cara a noviembre parece ir tomando el rumbo esperado, partiendo del hecho de que resultaba contrario a la lógica que un candidato advenedizo e inusual, poseedor de un discurso agresivo en sentido general, pudiera tener oportunidad de ganar las elecciones.
Los estadounidenses han podido percibir en el ejemplo del Reino Unido con el Brexit, las consecuencias de no medir las pasiones y decantarse por los impulsos básicos ante los procesos de crisis, toda vez que los mismos son aprovechados por personajes irresponsables que fomentan el temor y el resentimiento social, sin proponer soluciones reales a los problemas.
Con algo más de dos meses de campaña por cursar antes de las elecciones del 8 de noviembre, es probable que continúe la tendencia actual hacia arriba en la intención del voto por Hillary Clinton, en detrimento de la candidatura de Trump.
Ello, a sabiendas de que, aun atenúe su retórica, el magnate republicano ya ha mostrado de qué es capaz cuando se encuentra bajo presión, así la clase de decisiones puede tomar en perjuicio de la seguridad y el futuro de Estados Unidos, en un mundo multipolar y desafiante como el de hoy.