Hablan los hechos

Bosch Convoca Asamblea Nacional para enfrentar con el pueblo a conspiradores

A 53 años de la ignominia

¿Qué buscaba el Presidente Juan Bosch cuando el 24 de septiembre de 1963 manifestaba su intención de renunciar ante la Asamblea Nacional, que convocaría, como lo establecía la Constitución que él mismo había promulgado en abril de ese año?

Era la víspera del golpe de Estado que le depuso, sin lugar a dudas uno de los pasos más negativos y de consecuencias funestas que registra la relativamente corta historia de nuestro país.

Resulta simple deducir, al analizar la trayectoria de vida del líder histórico del Partido de la Liberación Dominicana, que su propósito era poner en evidencia las intenciones de los golpistas, despertar la reacción de la población y consolidar las conquistas democráticas y económicas que conllevaba su gobierno progresista elegido en 1962.

El jefe del Estado ripostó con firmeza ante la actitud de los jefes militares de bloquear su decisión de cancelar al comándate del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas -CEFA-, Elías Wesssin y Wessin (definido como uno de los jefes militares más ineptos en la historia dominicana contemporánea por el ex agregado militar de los Estados Unidos en la década del 70, Bryan, J. Bosch, en su libro “Balaguer y los Militares Dominicanos”).

Las prácticas corruptas y antidemocráticas de la cúpula militar que encabezaba el ministro de las Fuerzas Armadas, Elbin Vinas Román, y que no eran toleradas por Bosch, quedarían expuestas ante las cámaras del Congresuales, Senado y Diputados, reunidas en Asamblea Nacional, como estipulaba la Constitución en caso de intención de renuncia del mandatario.

Sin embargo, era previsible que la dimisión no sería aceptada, sino que tras la exposición de las causas que motivaban esa intención de Bosch, es decir el intento de coaccionar la democracia por parte de militares, la manifestación popular y el apoyo de los congresistas arrastraría a los golpistas y les barrería de sus puestos de mando.

Recordemos que inmediatamente inició su régimen, el Presidente Bosch implementa medidas para revertir la profunda crisis económica heredada del Consejo de Estado que sucedió a la tiranía trujillista.

En efecto, un control eficiente del gasto público se expresó en el equilibrio de la balanza de pagos y a su vez en la corrección paulatina de las distorsiones legadas por la anterior administración.

Bosch propició una rebaja de salarios a los altos cargos de su gobierno, que comenzó consigo mismo. Instruyó una reducción en los gastos de las entidades autónomas del Estado y durante toda su gestión primó el principio de equidad y moderación en el uso de los recursos públicos.

Constitución del 63, la más avanzada

Maestros de Historia e intelectuales, como Euclides Gutiérrez Félix, Franklin Almeyda, Ramón Andrés Blanco Fernández y el mayor general retirado Héctor Lachapelle Díaz, definen las Constitución impulsada por Bosch y promulgada en 1963, como “la más avanzada y moderna en todo nuestro tiempo de nación”.

Lachapelle Díaz, incluso, establece que esa Carta Magna era en sí misma un programa y guía de gobierno, por las conquistas trascendentales que conllevaba para la ciudadanía en términos sociales y económicos.

Esa Constitución, que los golpistas se atrevieron a anular, consagraba en primer lugar el Derecho a la Vida, pero en iguales términos al Trabajo, a la Vivienda, a la Salud, y a la Educación.

Recordar que aun antes de ascender, durante la transición, Juan Bosch comenzó los aprestos para electrificar y llevar agua a todo el territorio nacional y comenzó la construcción de las “Villas de la Libertad”, comunidades integrales donde las familias campesinas tenían garantizada tierra para producir alimentos, casas, escuelas, hospitales y todos los demás servicios.

La Constitución del 63 prohibía los latifundios, la posesión de tierras en manos extranjeras y establecía la expropiación de predios para causas de interés social.

Al mismo tiempo, los trabajadores vieron garantizado su derecho a sindicalizarse, a obtener salarios justos y a participar de las ganancias de las empresas.

Igualmente, la Ley Sustantiva consagraba el respeto a las libertades públicas y de cultos, en particular el derecho a la libre expresión de pensamientos.

Naturalmente, esta defensa del bien común y de los Derechos Humanos, despertaron el recelo de sectores atrasados en las esferas de la Iglesia Católica, militares y empresariales, contra el gobierno de Bosch

El Estado, feudo de Trujillo, botín de la oligarquía

Desde el principio de su proyecto para alcanzar el poder al frente del Partido Revolucionario Dominicano, que entonces encabezaba, Juan Bosch identificó el enorme potencial para fines de desarrollo del país del emporio industrial y estructura económica del Estado que el tirano Rafael Leónidas Trujillo manejara como patrimonio personal.

Con la agudeza mental y visión de futuro que le caracterizara, Bosch visualiza que en términos de competitividad, República Dominicana aventajaba a las demás naciones del área, al contar con una grandiosa infraestructura capaz de transformar y agregar valor a la materia prima y convertirla en bienes exportables.

Pero Mientras Bosch tenía la intención firme de que las empresas que estuvieron bajo control de la familia Trujillo, mantuvieran e incrementaran su eficiencia y dieran beneficios al pueblo, era claro que tanto los intereses de Estados Unidos como de la oligarquía local pretendían apoderarse de esos bienes.

Todo ello explica que desde el inicio del gobierno de Juan Bosch la conspiración para hacerle zozobrar fuese constante por parte de sectores patronales, militares, religiosos y foráneos.

De donde vino la orden

Está claro que los golpes de Estado, deponer a un gobierno, son acciones que solo pueden ser acometidas por jefes militares que ostenten mandos de tropas.

Para esa época, década de los 60, los mandos militares dominicanos estaban claramente narigoneados por Estados Unidos a través de su sede diplomática.

El investigador periodístico y escritor, Víctor Grimaldi, ha explicado que contrario a la interpretación del intelectual ya fenecido Ramón Font Bernard, la orden de dar el golpe de Estado contra Bosch si fue transmitida por el asesor estadounidense en Seguridad, Anthony Ruiz, pero quien era una figura diferente a su colega Dan Mitrione.

Grimaldi asegura tener fotos donde aparecen juntos Ruiz, norteamericano de origen mexicano, y Mitrione, también estadounidense pero de origen italiano.

Mitrione y Ruiz eran asesores de los militares y policías dominicanos que pertenecían a los servicios de inteligencia de Estados Unidos. Las fotografías donde aparecen juntos le fueron cedidas a Grimaldi por el mayor general ya fallecido Eulogio Benito Monción Leonardo.

De acuerdo a un relato del general Monción Leonardo, la madrugada del 25 de septiembre en el Palacio Nacional, donde se encontraba también el agregado militar de Estados Unidos, Fritz Long, Anthony Ruiz se apresuró a transmitir la orden de derrocar a Juan Bosch ante la amenaza del Presidente de convocar a la Asamblea Nacional para representar renuncia.

Temor de Estados Unidos

La principal razón de que Estados Unidos actuara para impedir esa reunión de la Asamblea Nacional era que allí quedara expuesto su apoyo a un contingente militar disidente que pretendía invadir Haití y derrocar al régimen de Françoise Duvalier desde territorio dominicano.

Bosch había reaccionado con indignación al enterarse de que tropas haitianas opuestas a Duvalier, comandadas por el general rebelde León Cantave, y con el respaldo financiero y logístico de Estados Unidos, se entrenaban en tierras dominicanas aledañas a la frontera.

Obviamente, de denunciar esta situación ante el fuero del Congreso, la posición internacional de Estados Unidos, de patrocinar esta conspiración, como demostraban los informes de inteligencia, quedaría muy maltrecha, y por eso se precipitó el acto de derrocar a Juan Bosch.

Agudeza de un líder

Apresado Juan Bosch en Palacio por los militares golpistas, recibió el mensaje del teniente coronel Rafael Tomas Fernández Domínguez, de que contaba con 12 oficiales jóvenes leales a su régimen dispuestos a asaltar la sede del gobierno para rescatarle.

La sensatez primó en el estadista y visionario, quien desestimó ese plan, al considerar con razón que sería un suicidio y por tanto lo mejor era preservar esa oficialidad progresista para más adelante emprender el retorno al poder en mejores condiciones.

Recodaremos el mensaje escrito que desde su encierro forzado en Palacio transmitió Juan Bosch al noble y glorioso Pueblo Dominicano.

Carta al pueblo dominicano desde el confinamiento

El Presidente de la República Dominicana.

Al Pueblo Dominicano:

Ni vivos ni muertos, ni en el poder ni en la calle se logrará de nosotros que cambiemos nuestra conducta. Nos hemos opuesto y nos opondremos siempre a los privilegios, al robo, a la persecución, a la tortura. Creemos en la libertad, en la dignidad y en el derecho del pueblo dominicano a vivir y a desarrollar su democracia con libertades humanas pero también con justicia social.

En siete meses de gobierno no hemos derramado una gota de sangre ni hemos ordenado una tortura ni hemos aceptado que un centavo del pueblo fuera a parar a manos de ladrones. Hemos permitido toda clase de libertades y hemos tolerado toda clase de insultos, porque la democracia debe ser tolerante; pero no hemos tolerado persecuciones ni crímenes ni torturas ni huelgas ilegales ni robos porque la democracia respeta al ser humano y exige que se respete el orden público y demanda honestidad.

Los hombres pueden caer, pero los principios no.

Nosotros podemos caer, pero el pueblo no debe permitir que caiga la dignidad democrática. La democracia es un bien del pueblo y a él le toca defenderla. Mientras tanto, aquí estamos, dispuestos a seguir la voluntad del pueblo.
Juan Bosch,

Palacio Nacional, 26 de septiembre, 1963

Año y medio después, tras el trabajo sostenido y metódico de un líder verdadero, como lo era Bosch, apoyado por la sagacidad, gallardía y arrojo de militares jóvenes como Fernández Domínguez, Francisco Alberto Caamaño, Juan María Lora Fernández, Héctor Lachapelle Díaz, y muchos otros más, se produce el golpe democrático de Estado y el levantamiento popular que luego se convirtió en Guerra Patriar de Abril del 1965.

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