Opinión

La construccion de una industria de cine En republica dominicana

Decía el gran cineasta, pensador y poeta argentino Fernando Birri, que hay que combinar la paciencia con la impaciencia a la hora de crear. Es decir, debemos ser pacientes para elaborar apropiadamente una obra artística, y a la vez, ser impacientes para exigirnos a nosotros mismos, exprimiendo nuestra sensibilidad al máximo.

Todo esto, a propósito de actitudes que hemos visto y oído repetir una y otra vez, de sectores que reclaman una mayor calidad a las películas dominicanas y con mucha razón. Donde la pierden es cuando piden una mayor proporción, por ejemplo, que si hacemos 20 al año, que 10 de ellas, si bien no lleguen a obras maestras, estén cerca de serlo. Esto es una barbaridad.

Recuerdo una anécdota del cine ruso, cuando a un burócrata se le ocurrió la brillante idea de que si se hacían 50 películas al año y 5 eran sobresalientes se ahorraban una gran suma excluyendo 45 y así se concentraban en 5 de buena calidad. ¿Resultado? Ese año las 5 fueron desastrosas. La creación artística no funciona como una ciencia exacta, ni pretende serlo, los formulismos son buenos para la química o la física, pero no para el arte.

Hemos pasado de hacer una película cada 5 o 10 años con sobresaltos, a producir 15 o más en 12 meses, lo cual tal vez sea hasta excesivo. Pero hay que tener cuidado con copiar las veleidades del funcionario ruso y comenzar a poner trabas para reducir la cantidad de filmaciones. El mismo mercado y los espectadores serán los elementos ideales para corregir los niveles de producción y ajustarlos al tamaño real.

El arte produce lo bueno, lo malo y lo mediocre. Si bien se exhibe una cantidad de cine alimenticio y financiero -para mayor gloria de las cuentas bancarias de algunos inversionistas-, por otro lado observamos esta o aquella obra con mucha calidad y apegada a los estándares de producción de las industrias más veteranas, por lo que se debe pedir largueza de miras y menos hipterismo fílmico.

Crecer o no crecer… ¡he ahí la cuestion!

Hace unos días asistimos al Upfront 2017, o para ponerlo en español, al avance de algunas de las películas de cine dominicano que veremos en el 2017, organizado por Caribbean Cinemas. En este, se mostraron los tráileres de 4 de ellas: El Hombre que Cuida de Alejandro Andújar, La Otra Penélope de Vladimir Abud, Ovni producida por José Miguel Bonetti y Mr. Emmet de Héctor M. Valdez. Es un hecho que no puede pasar desapercibido, puesto que hace años no se hacía y es una muestra de los avances organizativos en la industria local.

Otra actividad interesante fue la organizada por Vicio Films, que hizo un recuento de su producción de cortos los días 8 y 9 de Octubre, que además de servir para recaudar fondos con vistas a rodar su primer largometraje Cielo para Dos, dio un salto de avance en una productora que anida una camada interesante de nuevos talentos.

La Escuela de Diseño de Chavón se apresta a dar apertura a su escuela de cine, dirigida por la experimentada Tanya Valette. Se propone formar nuevas camadas de cineastas imbuidos en el espíritu de las vanguardias creativas con la intención de romper con los vicios de los cánones dominantes, en alianza con gente del sector y artistas de otras disciplinas.

El recambio generacional y la formación de cineastas más proclives al uso de las nuevas tecnologías, dotados de una visión crítica, es lo que persigue la nueva carrera de Comunicación Audiovisual y Artes Cinematográficas de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra -PUCMM-, una institución académica que ya realiza La Semana Más Corta, una muestra que ya es toda una referencia en la producción de cortos y nuevos talentos.

Como se ve, si bien persisten los problemas estructurales típicos de una industria de cinematografía en pañales como la dominicana, podemos decir que se dan pasos para corregir algunos entuertos. Cosa que olvidan muy frecuentemente los impacientes, y sin que se nos meta en el saco de los complacientes “Budas” del análisis fílmico del patio, que no ven los fallos de nuestras películas.

De la crítica al analisis

Las emociones son buenas en los deportes donde es licito excederse en su expresión, más en el análisis, las dosis altas de emotividad son fatales para los resultados deseados. Dejamos de ser un factor de claridad para convertirnos en militantes radicales, y el fuerte de estos no es el análisis, sino más bien la acción ciega carente de reflexión.

El analista trabaja con datos y obras que después de un proceso pasado por el tamiz de su sensibilidad, y acudiendo a los conocimientos acumulados sobre el tema, arroja un texto que sirve para informar, esclarecer dudas o plantear soluciones. Me parece que la cortedad de miras o el exceso de emociones nos impiden ver el panorama completo.

El cine dominicano pasa por un momento de ebullición y explosión productiva que puede confundir a más de uno. Estoy de acuerdo en que los procesos creativos y técnicos están muy acelerados, lo que no permite en ocasiones dedicarle la mirada pausada que requiere un arte tan exigente. Esa prisa le está haciendo daño a nuestras películas, por lo que muchas están saliendo crudas del horno y eso se nota.

Del otro lado, un exceso crítico le está impidiendo a mucha gente apreciar los avances que hemos logrado y minimizar pasos dentro del sector, tanto de la parte privada como de la pública. Si usted no guarda sus emociones o su ego, y no puede controlarlos, puede llamarse fan, cinéfilo celoso o como quiera, pero analista no.

Afirmar como lo hace el director español Agustí Villaronga, de que el cine dominicano carece de personalidad, es una imprecisión imperdonable para un cineasta de su categoría. Primero, porque no creemos que tenga un conocimiento profundo de lo producido aquí, y segundo, porque con todas sus carencias e imperfecciones, el espíritu de búsqueda flota en los temas de la mayoría de nuestros filmes, para bien o para mal.

Hay que seguir recordando a Fernando Birri y combinar la paciencia con la impaciencia. Es tiempo de miradas largas y profundas a la industria del cine dominicano. Dejemos esa sensibilidad a flor de piel y la tendencia a solo ver lo negativo. Debemos lograr un equilibrio analítico adquiriendo los grandes ojos de “lobo feroz” que nos permitan ver mejor y más lejos…

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