Hablan los hechos

Bosch y Fidel, una amistad entrañable, tan fuerte, como vínculos entre República Dominicana y Cuba

Desde 1939, Juan Bosch, fundador de nuestro Partido de la Liberación Dominicana, creó un vinculo directo y cercano con Cuba, a donde tuvo que exiliarse para evadir los planes del tirano, Rafael Leónidas Trujillo, de convertirlo en uno de sus colaboradores intelectuales.

En efecto, Bosch llegó a Cuba, donde dirigió una edición de las obras completas de Eugenio María de Hostos, lo que le marcó en forma definitiva para llevarle a asumir ideales políticos y patrióticos.

Unos meses más tarde, en julio de ese mismo año, Don Juan, crea junto a otros exiliados políticos el Partido Revolucionario Dominicano, la organización de mayor fuerza contra la tiranía trujillista, desde el exilio.

Pero en 1947, de manera casi fortuita, se produce el encuentro entre dos figuras llamadas a jugar roles trascendentales desde sus respectivos ámbitos de acción.

Juan Bosch fue de los principales organizadores de la conspiración de 1947 que partiría desde Cayo Confites, en la costa cubana, para derrocar la dictadura de Trujillo. En la que Fidel Castro figuraba como uno de los soldados internacionalistas.

El legendario navegante dominicano, Ramón Emilio Mejía del Castillo, “Pichirilo”, identifico el yate Angelita, perteneciente al tirano Trujillo en las cercanías de los cayos donde entrenaban los dominicanos,

Luego del avistamiento, el ímpetu del joven Fidel Castro hizo acometer su toma, lo que se logró, y de esta forma el futuro líder de la Revolución Cubana obtuvo el grado de Teniente de las fuerzas expedicionarias.

Trujillo había sobornado al jefe del Ejercito Cubano, quien dispuso desmantelar el campamento guerrillero y detener a sus integrantes, Castro escapó a nado, pero antes le solicitó a Juan Bosch que le cediera el arma que levaba al cinto.

Bosch fue a Venezuela, y continuó su campaña contra Trujillo. Luego regresó a Cuba, a pedidos de sus amigos en el Partido Revolucionario Auténtico, donde desempeñó un papel notorio en la vida política de La Habana.

Cuando Fulgencio Batista dirigió un golpe de Estado contra Prío Socarrás en 1952, Bosch fue encarcelado. Después de ser liberado, se fue de Cuba y se dirigió a Costa Rica, donde dedicó su tiempo a tareas pedagógicas y a sus actividades como líder del PRD.

En 1959, inicia la Revolución Cubana, dirigida por Fidel Castro, un hito político, económico y social en los países del Caribe. Bosch, percibió el proceso que iniciaba y escribió una carta a Trujillo, el 27 de febrero 1961, donde le decía al dictador que su papel político, en términos históricos, había concluido en la República Dominicana.

Décadas después, el 11 de junio de 1988, Fidel Castro impone a Bosch la Orden José Martí, dándole cumplimiento al acuerdo 888 del Consejo de Estado. Cuatro años antes, esa misma instancia le otorgó la Orden Félix Varela, el más elevado reconocimiento del gobierno cubano a personalidades vinculadas con la actividad cultural.

Bosch fue invitado por el Gobierno Revolucionario de Cuba. Le dieron la bienvenida en el aeropuerto capitalino, entre otros funcionarios, Roberto Fernández Retamar, presidente de la Casa de las Américas y Julio Le Riverend, presidente de la Asociación de Historiadores de América Latina y el Caribe (ADHILAC).

Tres días más tarde numerosas personalidades, y público en general, se congregaron en la Casa de las Américas –institución de la que antes fungió como jurado de su Premio Literario y que publicara su libro De Cristóbal Colón a Fidel Castro, El Caribe frontera imperial– para escuchar su conferencia magistral Hostos, sembrador antillano.

Hay que apuntar que a este libro, catalogado como una obra trascendental, Don Juan le coloca el nombre de Fidel Castro en su título al subrayar que luego de que surgiera su figura, los pueblos de la región del Caribe y Centroamérica dejaron de ser mandos y se tornaron rebeldes contra las injusticias imperialistas.

En aquella ocasión en La Habana, se reconoció que además de ser uno de los estudiosos más relevantes del prócer puertorriqueño Eugenio María de Hostos, cuyo sesquicentenario se conmemoraría en enero de 1989, la mayor parte de los expertos catalogaban a Bosch como el escritor vivo más importante de su país

Tal como apunta el historiador cubano, HASSAN PÉREZ CASABONA, “¿Quién le habría dicho en la década del 40 a Bosch que Cuba, que lo acogió como un hijo durante diecinueve años, le otorgaría su condecoración más alta?

¿Hubo alguien capaz de imaginar, que tan extraordinario reconocimiento lo colocaría sobre su pecho Fidel Castro, el joven fogoso que en 1947 se enrolara con decisión admirable junto a él en la expedición de Cayo Confites?

Para entender su júbilo aquel 11 de junio de 1988, en que recibió en el Palacio de la Revolución la Orden José Martí, debemos al menos esbozar algunos de los momentos fundamentales de su existencia, así como acercarnos someramente a los nexos inquebrantables que, a lo largo del tiempo, estableció con nuestro país”.

Fue en 1975 que Don Juan visitó Cuba por primera vez, luego del triunfo revolucionario, en su condición de presidente del PLD. Ese reencuentro, con una tierra a la que amó incondicionalmente, le provocó profundo estremecimiento, lo cautivó de una manera inmensa.

En 1982, Juan Bosch volvió a Cuba para asistir al homenaje al 80 cumpleaños de su amigo Nicolás Guillén, quien el 30 de junio de 1943 fuera junto al general del Ejército Libertador Enrique Loynaz del Castillo y la escritora española María Zambrano, testigo de su segunda boda, esta vez con la nativa de Santiago de Cuba, Carmen Quidiello, de cuya unión nacerían Patricio y Bárbara.

Desgraciadamente, esa visita coincidiría con el fallecimiento de otro de sus grandes amigos: Raúl Roa García, intelectual y revolucionario cubano.

Bosch, junto a otras personalidades de la región, acompañó al líder cubano Fidel Castro, en agosto de 1985 en los salones del Palacio de Convenciones ubicado en el oeste habanero, en su justo reclamo de que la deuda externa de América Latina y el Caribe, había sido pagada con creces por sus esforzados habitantes.

Detalles de la condecoración a Bosch

La ceremonia de 1988 contó además con la presencia de Carlos Rafael Rodríguez y Armando Hart, miembros del Buró Político, integrantes del Comité Central del Partido y representantes del Cuerpo Diplomático acreditado en Cuba. También Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura, y destacados representantes cubanos de las letras y las artes.

El ministro de Cultura Armando Hart expresó que la lealtad del profesor Bosch al ideal democrático, su intransigente defensa de los intereses populares y su antiimperialismo arraigado, “lo sitúan como una de esas personalidades que dejan huella para siempre en la historia, como una de esas figuras que es necesario conocer, estudiar y aprender del ejemplo de su vida

Bosch habla de Cuba y de Fidel

En las palabras de agradecimiento, Bosch dio un ejemplo más de su innata modestia al señalar que no le había dado nada a Cuba, “al contrario, ella me ha dado todo lo que soy”.

Dirigiéndose al líder de la Revolución, añadió que “en vez de estar recibiendo esta condecoración yo debería estar dándole a Cuba lo poco bueno que hay en mí”, y afirmó que en lo adelante, sus actos se ajustarán al rigor exigido por ostentar la más alta distinción que otorga la nación cubana.

Fidel habla de Bosch: una amistad entrañable

En diciembre de 1996, el afamado escritor Juan Bosch fue uno de los invitados especiales del evento concebido por la Fundación Guayasamín para homenajear al Comandante en Jefe Fidel Castro, en ocasión de su 70 cumpleaños.

En el encuentro final el líder de la Revolución Cubana, refiriéndose al dominicano expresó:

“Pero estaba recordando también cuando conocí a Bosch en Cayo Confites; él no se acuerda y yo casi tampoco. ¿Eso en qué año fue, Bosch, en 1946 (Le dice que fue en 1947) ¡Ah!, bueno, pues tenía entonces 21 años. Esto significa, simplemente, que desde muy joven llevé a cabo una lucha intensa”.

En esa propia intervención, más adelante, añadió:

“porque desde muy temprano me vi en la situación de tener que arriesgar la vida en algunas actividades relativamente peligrosas, como fue aquel intento, que recordaba hace unos minutos, de participar en el derrocamiento de Trujillo. Juan sabe y recuerda cuán difícil fue aquella tarea, a causa de errores, traiciones y todo eso, de tal manera que cuando ya en un solo barco avanzábamos, ¿saben hacia donde?, hacia Haití: ¿saben para qué?, para atravesar Haití y llegar a Santo Domingo, cuando nos quedaba apenas el 20 % de la fuerza y apareció aquella fragata que no sabíamos si era de Trujillo o era del gobierno de Cuba… Pues no, parece que por suerte no era de Trujillo, o de lo contrario ni Bosch ni yo estaríamos aquí participando en este acto de hoy”, significó Fidel en medio de aplausos.

Fidel Castro en República Dominicana

El Gobierno del Partido de la Liberación Dominica, encabezado por el Presidente Leonel Fernández, no solo tuvo el honor y el coraje de restablecer las relaciones con Cuba, sino que en dos ocasiones recibió la visita de su jefe de Estado, el comandante Fidel Castro.

El jueves 20 de agosto de 1998, Castro arribó a Santo Domingo haciendo realidad, en sus propias palabras, “un sueño de toda la vida”.

El viaje tenía dos objetivos esenciales: participar en la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del Caribe y, una vez concluida esta, realizar una visita oficial a la hermana nación, invitado especialmente por Leonel Fernández, en lo que representaba acto de valentía por parte del presidente quisqueyano.

El Comandante en Jefe fue investido con la “Orden al Mérito de Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Mella, Gran Cruz Placa de Oro”, máxima distinción de la República Dominicana, al tiempo que Fernández recibía, de manos de Fidel, la Orden José Martí.

Pero un momento especialmente emotivo del apretado itinerario desarrollado por Fidel fue cuando a las 9 de la mañana del domingo 23 de agosto, se dirigió a la casa de Juan Bosch, en compañía de su anfitrión Leonel Fernández.

La señora Carmen Quidiello les dio la bienvenida, como antesala del ameno intercambio que sostendrían con su esposo. Luego del fuerte abrazo entre los dos amigos, el presidente cubano le manifestó sonriente “No vine en el 47 pero vengo ahora”.

En sus escritos, Bosch, relató las impresiones que le causó su primer viaje a Cuba después del 1 de enero de 1959, y realizó una semblanza sobre el hombre que conoció como estudiante.

Recordó que Fidel acarició la cabeza de su hijo Patricio, entonces de dos años de edad, en la casa habanera del dominicano en la Calle Zapata, frente al Cementerio de Colón -el ex presidente expresa-:

“Al mismo Fidel, con quien estuve en Cayo Confites cuando él tenía tal vez no más de 20 años, volví a verlo cuando ya tenía 47. Antes lo había visto sin barba y ahora tenía barba; antes era un joven revolucionario que se enroló con nosotros los dominicanos para venir a pelear contra la dictadura de Trujillo y ahora era el jefe del único gobierno socialista de América”.

“Antes era casi un desconocido y ahora es un personaje mundial. Pero ahora es un hombre dulce, tranquilo, preocupado por la suerte de nuestros pueblos como antes había sido un joven casi solitario, de voz baja y gestos lentos, que quería conocer a fondo el proceso revolucionario de los países de América”.

“Ahora, como antes, la palabra déspota tenía para él un significado repugnante. `¿Te acuerdas de que fulano era despótico con sus hombres?´, me decía hablándome de uno de los jefes de Cayo Confite, el pequeño islote de la costa norte de Camagüey donde nos habíamos reunido varios cientos de hombres que nos preparábamos para caer en territorio dominicano”.

Fidel Castro, de su lado, se ha referido en varias ocasiones al ilustre dominicano en los últimos años. En el 2009, por ejemplo:

“Conocí a Juan Bosch, historiador e ilustre personalidad dominicana en 1946, cuando no había cumplido aún 20 años, era estudiante del segundo año de la carrera de Derecho y líder de los estudiantes de esa Facultad, presidente por añadidura de la organización de solidaridad con la democracia dominicana, en la lucha de ese valiente pueblo contra la tiranía trujillista, erigida por las fuerzas norteamericanas que habían intervenido en la isla en 1928.

“Bosch y yo estábamos en el batallón Sandino, héroe nicaragüense que luchó contra los interventores yanquis y fue asesinado por esto, a raíz de otra intervención imperialista en aquel país centroamericano”.

“El prestigioso intelectual dominicano no era el jefe de aquella expedición. La dirigían otros políticos dominicanos. Casi todos actuaban de buena fe, pero movidos por ideas e intereses de clase, incluso oligarcas y burgueses”.

“Estando en la isla, un día llegó un grupo de dominicanos y, entre ellos, Juan Bosch. Muy pronto hicimos amistad. Entre tanta gente en el cayo a mí me gustaba conversar con él; de todos los dominicanos que conocí fue el que más me impresionó. Lo recuerdo como un hombre mayor.

Cumplí 21 años en el cayo, y pienso que Bosch ya tendría unos 36 ó 37 años. Su conversación realmente conmovía, la forma en que se expresaba; parecía un hombre muy sensible. Vivía muy modesto allí, al igual que todos los demás, y creo que sufría lo mismo que la gente.

Yo no lo conocía, no sabía que era el escritor, el historiador, el intelectual. Lo vi como un dominicano honorable, de conversación agradable, que decía cosas profundas y sensibles; transmitía todo eso.

Se le veía como una persona que sentía los sufrimientos de los demás, estaba sufriendo por el trabajo duro de la gente.

Además vivía la emoción, porque era el intelectual, al fin y al cabo, que se incorpora a la acción, llegada la hora de la lucha –un poco como hicieron Martí y otros muchos intelectuales de nuestra propia guerra-.

Pudiéramos decir que era allí el hombre de mayor calibre, el más destacado. Muchas veces nos íbamos para el extremo de la isla y conversábamos; sus palabras me marcaron mucho.

Así nos hicimos amigos. La amistad tiene un mérito por su parte, él ya era una personalidad y yo era un estudiante joven que no significaba nada entre tantos jefes, coroneles… Yo era un teniente y mandaba un pelotón. Sin embargo, Bosch me trató con mucha deferencia y consideración”.

Fidel condeno intervención estadounidense en RD

En su discurso del 1 de mayo de 1965, con motivo del Día de los Trabajadores en la Plaza de la Revolución de La Habana, el presidente de Cuba, Fidel Castro dedicó una gran parte de su contenido a condenar la intervención norteamericana en la República Dominicana, destinada a sofocar el movimiento constitucionalista que buscaba reponer a Juan Bosch.

El Internacionalismo del PLD y el apoyo a Cuba

Desde su fundación, y sobre todo en la época de la llamada guerra Fría, el Partido de la Liberación Dominicana, y su líder y fundador, Juan Bosch, desarrollaron una política de solidaridad con Cuba y un derecho a la autodeterminación.

En ese tenor, se recuerda el gran activismo del Comité Dominicano de Amigos de Cuba, presidido a sugerencia de Don Juan, por el recio intelectual y dirigente peledeísta, Euclides Gutiérrez Félix.

Durante los momentos más cruciales del bloqueo a la mayor de las Antillas, era costumbre escuchar en los actos de solidaridad a los que asistían los militantes peledeístas consignas en respaldo a las luchas de los cubanos y de otros pueblos hermanos.

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