Opinión

Fidel Castro en la historia

El fin de la biología de Fidel Castro es un hecho que da cuenta también de su grandeza, de que por sus hechos y sus acciones siempre estuvo en el centro de interés de la opinión pública mundial.

La humanidad sensata ha lamentado hondamente su muerte.

Paradójicamente el mismo día en que murió, fue el mismo día en que salió desde México con la firme e irrenunciable convicción de que tenía que regresar a su patria, Cuba, para reconquistar y devolverle la libertad a su pueblo.

Sí, Fidel Castro fue un eterno rebelde con causa, que en la primera etapa del proceso de lucha que emprendió, con plena conciencia política e histórica, se planteó la noble tarea de destronar la dictadura de Fulgencio Batista.

Fidel Castro fue un líder tan excepcional que aún inaugurando sus pasos por la política, y recién entrado al escenario de la historia, supo transformar, por la fuerza de la voluntad y del instinto, el fracaso militar inmediato y transitorio que implicó el asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, en un triunfo que lo hizo trascender y casarse con la eternidad al pronunciar en el juicio la famosa, memorable y célebre frase: “Condenadme, no importa, la historia me absolverá”.

Ciertamente la historia lo absolvería por haber tomado la firme determinación de luchar contra una dictadura ilegal e ilegítima al transitar el camino del restablecimiento de la democracia y la reconquista de la libertad.

La condición de hombre público que asumió siempre las causas de su pueblo la construyó y la desarrolló en el contexto de la historia y de las grandes luchas que tienen lugar en su decurso.

La entrada triunfal en La Habana en 1959 de la guerrilla de Fidel Castro, después de haber enfrentado durante tres años al ejército de la dictadura de Batista en la Sierra Maestra, marca el inicio de una nueva era en Cuba.

Pero como los procesos sociales e históricos en general no se desarrollan ni mecánica ni unilinealmente, las acciones y los hechos no responden, generalmente, a planes perfecta y previamente elaborados por la razón humana.

En otras palabras, la historia humana no es una aplicación mecánica de la razón a la realidad material.

Lo anterior es válido para apuntar que el guerrillero y el rebelde con causa que fue Fidel Castro todo el tiempo no era un socialista consumado cuando toma el poder por la vía de la fuerza en 1959.

Sí, Fidel Castro encarnó y asumió un proyecto de liberación nacional, pero no era posible que ese proyecto sobreviviera, dadas las crecientes contradicciones internacionales e internas, sin alinearse con uno de los bloques o de las potencias en pugna en el contexto de la Guerra Fría que vivía el mundo, que fue fundamentalmente una guerra ideológica y política.

Cuba necesitaba y precisaba que uno de los bloques en pugna le sirviera de paraguas ideológico, político y económico, y ese bloque contrastante poderosísimo frente a Estados Unidos era la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas –URSS-. Un proyecto de liberación nacional en las mismas narices de Estados Unidos no era definitivamente posible sin el apoyo de la URSS.

Pero todo proceso de liberación nacional, que es per se un proyecto de transformación política, social y económica precisa de ingentes recursos para ser llevado a cabo, y Cuba no tenía, ni tiene aún, esos inmensos recursos.

La altísima dependencia de los subsidios que ofrecía la URSS por parte de Cuba planteó limitantes, históricamente hablando, al desarrollo multilateral e innovador de la revolución en Cuba, a tal punto que si bien se avanzó en educación, salud, seguridad ciudadana y pública y seguridad social, la modernización se atascó en la economía, en el desarrollo de nuevos sectores económicos, el fortalecimiento de la industria, el desarrollo del turismo, de la vivienda y de grandes obras y proyectos de infraestructura y en el aumento de la productividad y del bienestar.

Y fue que la revolución se desarrolló en forma de coto cerrado, es decir, de espaldas a los gigantescos y acelerados cambios que se daban en la economía mundial, en el comercio internacional, en las inversiones y en el desarrollo de la ciencia y de la tecnología en el contexto de la globalización, porque, en parte, Cuba siguió atada a las relaciones bilaterales con la URSS y a viejos esquemas y paradigmas, descuidando el pragmatismo y la innovación en las relaciones internacionales (políticas, diplomáticas y económicas).

Por eso las grandes penurias y miserias que se mantuvieron latentes durante cierto tiempo en Cuba, salieron inevitablemente a la superficie cuando se derrumbó la URSS en los años 91- 92, producto de los efectos directos de la Perestroika de Gorbachov.

No obstante esas debilidades estructurales de la sociedad y de la revolución cubana, Fidel Castro fue un practicante militante de la solidaridad internacional hasta el último momento de su vida.

Baste recordar el envío de cubanos a combatir en Angola por la liberación e independencia de ese pueblo. Como presidente del Movimiento de Países No Alineados siempre estuvo a la vanguardia en la defensa de los intereses de los pueblos oprimidos del Tercer Mundo y en contra de todas las prácticas abusivas, discriminatorias y enajenantes de la condición humana.

Fidel Castro fue pueblo, fue nación, fue humanidad, y tiene un lugar especial reservado en los anales de la historia como un verdadero gigante del siglo XX, de América y del Tercer Mundo.

Hay que destacar que Cuba resistió estoica y heroicamente el brutal y descomunal bloqueo económico y financiero que Estados Unidos le impuso, el cual tuvo consecuencias incalculables sobre la isla. Y supo sobreponerse y vadear con éxito el pretendido aislamiento diplomático que buscaba Estados Unidos con su expulsión de la OEA.

Por último, yo no creo que socialismo y democracia, democracia y socialismo sean incompatibles, por lo que creo que es posible cohabitar y convivir con la democracia en el socialismo o en un proyecto de liberación nacional.

Lo anterior lo digo para apuntar que no estoy de acuerdo con que la hegemonía política haya estado en manos de una sola familia durante 57 años.

Pero más aún, ¿cómo es posible que la revolución no haya preparado la sucesión civil para dar paso a la alternabilidad en el ejercicio del poder o que lo que había de sucesión civil en Cuba, representada por las generaciones intermedias, haya sido destutanada y pulverizada por Raúl Castro en aras solo de preservar la hegemonía política?

Como se ha eliminado la posible sucesión civil, la única que queda y está a la vista es la sucesión militar.

No preparar la sucesión civil para ir transfiriendo el poder político a las nuevas generaciones de políticos comprometidos con la revolución ha sido un fallo de la revolución.

Fuera Fidel Castro del escenario, ¿qué pasará en Cuba en los próximos cinco o diez años?

Aunque nunca he creído en el fin de las ideologías de Francis Fukuyama, lo cierto es que estos tiempos no están hegemonizados por encendidos debates ideológicos, por lo que los jefes de Estado, de gobierno y los líderes políticos en general tienen que proceder en base a una muy alta dosis de realismo y de practicidad.

Con ese alto sentido de realismo y de practicidad hay que seguir impulsando los cambios económicos y políticos en la isla de Cuba, para someterla a un necesario proceso de modernización y de actualización en todos los órdenes.

Y Cuba debe enfocarse en trabajar con efectividad y eficacia la normalización de las relaciones diplomáticas y comerciales con Estados Unidos, habida cuenta, además, de que el otro paraguas de los subsidios petroleros que representó Venezuela prácticamente ha desaparecido. Y por fin lograr que se descontinúe el bloqueo económico y financiero que ha acogotado a Cuba.

De la misma manera que debe priorizar el fortalecimiento de las relaciones económicas y comerciales con la Unión Europea.

No debe descuidar las relaciones con el Sudeste asiático, en especial con China Continental e India.

También debe fortalecer las relaciones con Rusia y con las naciones árabes.

Fidel Castro ejerció siempre un liderazgo muy carismático, tan contagioso y dotado de tanto magnetismo, que no obstante ser un personaje muy controversial por sus ideas y sus posiciones, despertaba la admiración tanto de unos como de otros, de los más fervorosos seguidores y amigos, por un lado, y de los más enconados adversarios y enemigos, por otro lado.

Estamos frente a un hombre monumental-líder, mentor e ideólogo- que fue leal a sus ideas y sus convicciones siempre y que no se rindió nunca. Creador, además, de una sólida conciencia política, social e histórica a tono con el espíritu del proyecto de liberación nacional que encabezó.

Al despedir a Fidel Castro, un verdadero gigante de la historia del siglo XX, figura icónica del nacionalismo y del anti-imperialismo, estamos despidiendo a un hombre verdaderamente universal que no morirá nunca, vivirá eternamente en las ideas y en los sentimientos de los pueblos de América y de los pueblos del Tercer Mundo en sentido general.

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