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Referéndum en Italia: Europa y sus cambios políticos

Una vez más la Comunidad europea asiste incrédula y desconcertada, ante lo que parece ser un avance progresivo del populismo y los efectos de la anti política, en contraposición con la notable decadencia que padece el sistema político tradicional a nivel no solo regional, sino global.

Esta vez le tocaría el turno a Italia, una nación emblemática de la parte occidental del mundo, debido a que en ella reposa la esencia de la cultura, prácticas políticas, ordenamiento social, literatura e incluso arquitectura que conocemos hoy en día. Cabe destacar que la mayor parte de esta herencia habría sido absorbida de la antigua Grecia en los tiempos en que Roma forjaba su República (509 a.C. al 29 a.C), siendo proyectada posteriormente por el poderoso Imperio en que devino (27 a.C al 476 d.C), a través de legendarias conquistas que moldearían el mundo hasta la actualidad.

La disolución del Imperio y el posterior inicio de la etapa conocida como ¨la Edad Media¨, comprendería un periodo de cierto letargo y falta de esplendor que sería superado con la incursión del Renacimiento y el Humanismo, periodos que volverían a poner a Italia en el centro de la historia a través de las artes y la ciencia. Luego, con la llegada del siglo XX y las consecuencias que para esta nación significó la Primera Guerra Mundial, permitiría el surgimiento de un líder carismático y populista, quien sustentado en un evidente vacío de poder, daría forma al sistema Fascista (un Estado corporativo, bajo un régimen totalitario y nacionalista) en aras de devolverle a Italia ¨la grandeza característica de su etapa Imperial¨.

Sería el derrocamiento de este dictador, Benito Mussolini, y la instauración de un nuevo orden mundial tras la conclusión de la ¨Segunda Gran Guerra¨, lo que llevaría a Italia a adoptar las medidas necesarias, a través de una nueva Constitución votada en 1948, para evitar la concentración de poder por parte del Primer Ministro, destinando un sistema bicameral equilibrado el contrapeso político. En este nuevo formato que favorece un Poder Ejecutivo limitado, obliga al mandatario en funciones a contar con el apoyo mayoritario de los miembros de ambas cámaras legislativas (Senado y Diputados) para poder gobernar, lo que supone la alta posibilidad de desencadenar un proceso de ingobernabilidad producto de cualquier tipo de diferencias políticas. En efecto, esto acarrearía gran inestabilidad para Italia, llevando a que desde la promulgación de la Constitución del 1948, esta nación europea viera desfilar por el ejecutivo a unos 65 gobiernos y 41 primeros ministros, a razón de un nuevo mandatario cada dos años, lo que supone más del doble de la media europea.

Precisamente fueron estos los factores que llevaron al actual primer Ministro, Matteo Renzi, a formular la necesidad de una reforma a la Constitución, propuesta que asumiría como un compromiso desde que llegó al poder a principios del 2014 en sustitución de Enrico Letta, quien solo logró permanecer 9 meses en el cargo. La propuesta de reforma impulsada por Renzi procuraba reformular las funciones y peso político del Senado (el Senado y la Cámara de Diputados tienen los mismos poderes en Italia), reduciendo su número de miembros de 315 a 100, a la vez de que su representación sea territorial por lo que serían electos por los gobiernos municipales, no por voto directo.

Tal iniciativa iría acompañada simultáneamente de un aumento al margen de maniobra y poder del Ejecutivo, no solo en contraposición con el Legislativo, sino también de cara a los gobiernos regionales, como forma de procurar la ¨estabilidad política¨ que amerita el sistema. En concreto, la reforma abarcaría unos 46 artículos del total de 138 que posee la Carta Magna italiana, cambios que la oposición sin embargo señaló como la posibilidad de una reinstauración del autoritarismo y concentración de poder, propios de la época fascista de esta nación.

He aquí nuevamente donde entra en escena la variable que ha permitido al populismo ganar terreno en desmedro de la clase política tradicional, que no ha sabido brindar respuestas oportunas y prácticas a las problemáticas de las sociedades europeas, y por qué no, del mundo occidental en la actualidad. Esto ha generado que la palabra ¨Referéndum¨ comience a general inquietud a lo interno de los Estados, por el hecho de que se ha podido constatar que los votantes rara vez ejercen su elección en función de lo que está en juego, y en cambio usan la consulta como una forma de mostrar su aprobación o no al gobierno de turno.

Todo indica, que al igual que sucedió en Reino Unido con el Brexit, en Colombia con el acuerdo de paz y las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el gobierno italiano ha sufrido un gran revés en vista de la capacidad que tuvo la oposición (el Movimiento 5 Estrellas) o ciertos líderes, de alimentar en la población el resentimiento hacia la clase política tradicional, así como interpretar sus anhelos, temores y desconfianza (todo esto potenciado como resultado de la crisis económica) para canalizarlos en contra de los actuales mandatarios.

El resultado de la votación sería una clara respuesta de rechazo a Matteo Renzi, quien al igual que David Cameron (ex primer Ministro de Inglaterra), ligó su destino a la aprobación o no de la consulta popular, generando una especie de vinculación directa entre la reforma planteada y el devenir de su gestión. En ese sentido, lo temido por muchos se tornó en realidad al momento de ser publicados los resultados, donde el NO obtuvo 59.95% contra un 40.05% del SÍ, en una votación que contó un aproximado del 70% del electorado.

Como era de esperarse, el primer Ministro puso su renuncia tan pronto se hizo público el balance de las votaciones, lo que para muchos supone la posibilidad de un proceso de inestabilidad a lo interno de Italia y posiblemente en la UnionEuropea, a sabiendas de que esta nación representa la tercera mayor economía de la Mancomunidad. Sin embargo, a diferencia del Brexit, lo que estaba en juego con el referéndum italiano eran asuntos de política interna, no así aspectos de carácter internacional.

A pesar de ello, ha comenzado a extenderse por toda Europa el miedo al auge de ciertos líderes que haciendo uso de la demagogia, el ultra nacionalismo, populismo y la decadencia de la democracia liberal (como modelo ¨por excelencia¨ de un sistema económico universal e integral), den el salto al poder en países como Francia, Países Bajos y el propio Italia. Estos líderes se venden como una representación del pueblo, ajenos a ideologías políticas o elites económicas (en el caso de Marine Le Pen en Francia, esta ha adoptado una postura menos radical en términos de derecha, xenofobia y antisemitismo que su padre, pero sigue representando el nacionalismo de mano dura), como sucede con Beppe Grillo del Movimiento Cinco Estrellas en Italia.

En el caso particular de Europa, además de la crisis económica desencadenada a partir del 2008, factores importantes para el descontento de los ciudadanos y que han sido detonante del cuestionamiento a nivel regional han sido: la crisis migratoria (Italia es uno de los mayores receptores de migrantes ilegales desde el norte de África), el auge del terrorismo como resultado de la campaña europea en Iraq y Siria, la desconfianza en las autoridades por los altos niveles de desigualdad social y la corrupción.

Los crecientes cuestionamientos al sistema democrático, han llevado a los ciudadanos a preferir líderes con ciertos rasgos autoritarios y características del ¨hombre fuerte¨, que en seguimiento a su retórica manipulada, sean capaces de enderezar con mano dura los desvíos a los que ha llevado, según algunos, la incompetencia de los políticos tradicionales.

De momento Austria, país europeo que celebró sus elecciones presidenciales recientemente, pudo sortear las garras del populismo al elegir al ecologista Alexander Van der Bellen sobre el extremista Nobert Hofer, lo que representa un respiro para la Unión Europea en su afán de recuperar el prestigio y estabilidad perdida. Nos queda ver cómo Italia llevará a cabo su cambio de gobierno, mientras Europa y el mundo buscan respuesta al desgaste de un sistema democrático, que tras ser vinculado por décadas al capitalismo, hoy se cuestiona su capacidad de promover un necesario contrato social…

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