El periodo 2014-2016 has sido muy difícil para la economía de America Latina y el Caribe, bastaría con revisar que durante los últimos dos años e identificar que las cifras se han encendido en rojos, fruto de que al cierre del 2016 se registró una contracción promedio de -1.1% en el PIB. Dentro de la región, América del Sur fue la subregión más afectada con una caída de -2.4 %, en tanto y que el Caribe se contrajo en -1.7 %, lo que pone en evidencias que muchas políticas económicas que se han estado aplicando han resultando ineficaz en los objetivos primarios de crecimiento con estabilidad macroeconómica.
Ante tal situación del cuadro macroeconómico exhibido por la región de America Latina, esta procura implementar políticas económicas acorde con lograr un retorno por la senda del crecimiento del PIB para el presente 2017, para lo cual todas las estrategias han de estar impulsada por el aumento de los precios de las materias primas y la recuperación del comercio internacional. En tal virtud, los tipos de cambio serán fundamentales para lograr dichos objetivos ya que la sensibilidad cambiaria en la región definirá las perspectivas del comercio exterior de la zona frente al mundo y las señales de cambios que se envían desde EE.UU.
Pero es que el panorama macroeconómico que se observa en la economía mundial, permite llegar al convencimiento de que la región de Latinoamérica se ha colocado en un punto de inflexión, en el cual ha de producirse una ruptura en el mediano plazo con el modelo tradicional prevaleciente y el patrón de cohabitación que es el dualismo económico, esto es, un sector que se innova en términos tecnológico frente a otro que se resiste a los cambios con practicas ancestrales. Existen las expectativas de que América Latina volverá a crecer, aunque de manera moderada y sin motores claros que la impulsen, por tanto, su recuperación será frágil mientras se mantengan las incertidumbres del contexto económico internacional.
Pero resulta que México, Brasil y Argentina conforman las tres economías más grandes de la región y, en la actualidad, ambas pasan por fuertes convulsiones políticas y ajustes económicos que ponen en riesgo sus avances sociales de la última etapa. En adición, estos tres países juntos representan más de la tres cuartas partes del PIB latinoamericano, de ahí la importancia de su desempeño para el resto de la región.
La situación macroeconómica de estos tres países presenta las cifras de un panorama pesimista ya que aunque Brasil cerró el 2016 con un superávit en su cuenta corriente de 47, 692 millones de dólares, pero detrás de esto se esconden las consecuencias de su desaceleración económica de -3.5 % en el año 2015, mientras que para el 2017, se espera un anémico crecimiento del PIB de apenas un 1 %. En el caso de Argentina esta nación transita por unos de sus peores momentos, fruto de que el actual gobierno ha decidido el retorno de medidas de políticas de corte neoliberales que han provocado un aumento en el costo de la vida y los recursos básicos, destruyendo así el poder de compra de la clase trabajadora, mientras que el PIB argentino se contrajo 2%.
En cuanto a la economía Mexicana, sus finanzas enfrentan también los embates de la subida de los precios de la gasolina de hasta un 20 %, lo cual ha generado múltiples tensiones populares. Las evidencias empíricas han permitido estimar que la economía en general creció en el 2016 en un 2 %, el cual resulta inferior a lo registrado en el 2015, y se prevee que se producirá una desaceleración por el orden de un 1.9 % para el este 2017.
Es así como se tiene previsto que para el cierre del 2017, la economía de la región supere las dificultades macroeconómicas, la cual se materializará con un crecimiento del PIB de un 1.8%, el cual sentaría la base para seguir expandiéndose hacia el 2018, aunque ello está en función de la fortaleza de los mercados externos y la capacidad de abordar los desafíos macroeconómicos del entorno. Pero es que recuperar el crecimiento económico e invertir en las personas es determinante a la hora de preservar, y seguir impulsando, las profundas transformaciones económicas y sociales de la región.
Es cierto que los niveles de crecimiento económico alcanzado en la última década ha sido un factor de primer orden para que millones de personas hayan salido de la pobreza y pasaron a engrosar las filas de la clase media. Este fuerte crecimiento económico se produjo en un entorno mundial muy favorable, fruto del auge en el precio de las materias primas y las reformas internas que muchos países implementaron para completar las reformas estructurales que ya se habían ejecutado.
En la actualidad, estamos asistiendo a un escenario con un contexto de creciente incertidumbre en la economía mundial y de importante caída de la demanda interna de los países de la región, situación que implica una realidad de contracción del PIB regional. En igual dirección se encuentran los mercados financieros internacionales, con una volatilidad marcada, la cual se acelera con la salida de Reino Unido de la Unión Europea, con el llamado Brexit, lo que sin lugar a dudas, contribuye a aumentar la volatilidad financiera y la incertidumbre sobre el crecimiento económico, lo que impacta de manera negativa en la disponibilidad de financiamiento para los mercados emergentes, incluida la región de América Latina.