Opinión

El complejo proceso dominico-haitiano II

En el artículo anterior terminé el último párrafo diciendo, que el problema básico en las relaciones entre los ciudadanos haitianos y los dominicanos no estuvo en la ocupación que ellos hicieron a nuestro territorio, sino en el objeto de esa ocupación.

Antes de continuar en el orden de la explicación del disgusto que tuvieron los criollos españoles que luego se convertirían en contrarios a muerte de la ocupación, quiero decirles que en 1821, entre los días 30 de noviembre y 1 de diciembre de ese año, un grupo de empleados de alto nivel acordaron crear un Estado en la parte este de la isla, ocupada por criollos españoles y lo hicieron con tal medida de ingenuidad -quizás por falta de experiencia en el orden de la práctica política y del conocimiento geopolítico- que lo colocaron en anexión a Colombia sin haberse puesto en comunicación previa con Simón Bolívar, quien había creado dicha república. Pero además de la falta de creatividad que demostraron al ponerle el nombre de “Haytí Español”, al parecer José Núñez de Cáceres y sus acompañantes desconocían las relaciones bilaterales entre la nación haitiana -a través de la historia de Toussaint- y el libertador de aquellos territorios del sur de las américas.

Lo que acabamos de decir debe enseñarnos, que lo que no se siembra en el corazón del pueblo, el pueblo no lo defiende. Esa acción no fue hecha con intenciones populares sino elitistas y por eso la gente común no levantó un dedo para defender ese invento.

Esa acción comandada por José Núñez de Cáceres, se desvaneció en poco tiempo y dio motivos a los haitianos para argumentar la ocupación y tratar de solucionar un problema mayúsculo, creado por Boyer a raíz de la unificación de Haití y la promesa hecha por él a los militares seguidores del fenecido autoproclamado Rey Henri I, quien gobernó una parte del territorio haitiano.

La promesa hecha por Boyer a los militares que sirvieron al antiguo reinado fue la de repartirles tierra y convertirles en terratenientes y como las tierras que estaban en la parte oeste de la isla tenian dueños, entonces el presidente Boyer tuvo la idea de adentrarse a la parte este del territorio y resolver el problema repartiendo los predios que tenían ocupados los criollos españoles. Ese fue el objetivo estratégico del presidente unificador de Haití, pero esa estrategia la pudo desarrollar solo en una pequeña parte, debido a los conflictos que surgieron al poco tiempo de la ocupación, como era de esperarse debido a la falta de planes reales de convivencia y negociación efectivas para el éxito de la interculturalidad en el contexto del año 1822 y subsiguientes.

Dos pueblos muy diferentes en su cultura holística no se funden, sus principales obstáculos son el idioma, las creencias fundamentales como la religión que se practica y su forma de convivir a través de costumbres y praxis de vida cotidiana en cada uno de ellos.

Volviendo al objeto de la ocupacion, la tierra era el medio de producción que hacia posible la vida del criollo español, que se dedicaba a crear conucos en forma transitoria, porque se mudaba de las tierras después de cosechar en ellas por un tiempo y buscaba otro terruño para ubicarse de nuevo y producir allí sus viandas, sus legumbres y criar algunos bovinos y caprinos para su uso personal y lo que le sobraba lo vendía en el escaso intercambio comercial que existía en la época de las primeras décadas del siglo XIX.

La interculturalidad es un proceso altamente complejo, en donde se mueven intereses y fluctúan necesidades múltiples, las que deben ser manejadas en un accionar de equidad, autoridad y disciplina. Es en ese orden, que debemos ver más allá de lo territorial, es decir, la geografía que nos sirve de plano, para ir a cada uno de los procesos-situaciones en la que surgen conflictos. La interacción social conlleva un intercambio permanente de conductas, las que producen reacciones naturales imposibles de ocultar o de acallar a la fuerza o a través de la persuasión, porque estallan un día por la presión acumulada. En este punto es bueno decir, que estos conflictos surgen en cualquier lugar, en la familia, en la empresa, en los intercambios, etc. Y lo decimos para afirmar, que la separación entre individuos no tiene que ser impulsada solamente por la opresión o por atropellos infames; se produce también por ser incompatibles en lo cultural y étnico, así como por diferir en creencias fundamentales.

No olvidemos que tenemos el deber de tener en cuenta que la interculturalidad depende de múltiples factores como hemos afirmado en párrafo anterior, porque las distintas concepciones culturales levantan los ánimos y enfrentan a los individuos más educados, más conservadores y ni hablar de los que no tienen esos denominadores. La comunicación, es también un problema para el intercambio y en el caso que nos ocupa, somos de lenguas distintas. La diferencia en cuanto al desarrollo económico, político y social es también un obstáculo mayúsculo para la equidad de las relaciones, cuestión que tiene soluciones bajo escenarios de acuerdos y discusiones de consensos no muy perdurables en el tiempo, pero que pueden mutar en forma sostenible e inteligente.

Otro aspecto de importancia en las relaciones interculturales como la que estamos reflexionando, se encuentra en el enraizamiento de los valores sociales, que en la interculturalidad deben desarrollarse promoviendo el respeto de la diversidad, en donde ambas naciones tienen derechos fundamentales en el desarrollo del ser como es y como desea ser.

Es bueno puntualizar, que la ética intenta implantar sobre la convivencia unos valores afines para construir relaciones de armonía en la interacción social.
En el próximo artículo vamos a dedicarnos a reflexionar sobre dos tópicos que consideramos importantes, el primero, sobre argumento del presidente haitiano para ocupar el territorio que hoy posee la nación dominicana y en segundo lugar, el cómo era la armonía entre criollos de habla hispana y los haitianos en el tiempo que se vivió la ocupación haitiana desde 1822 hasta 1844. Y en ese mismo sentido, en una cuarta entrega de esta serie intentare rebatir la validez contextual de las expresiones de Toissain Louverture de que “la isla es una e indivisible”.

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