A raíz de que se han sonado los tambores que declaran la guerra comercial entre naciones, en particular China-EE.UU, en el mundo se está induciendo a que el comercio exterior se ajuste al marco de las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), las cuales permiten la adopción de medidas cuando un Estado miembro adopta medidas proteccionistas injustificadas frente a uno o más países. Esta preocupación se deriva del hecho de que la política comercial global está atravesando un momento de turbulencias después que el gobierno de EE.UU ha planteado fijar aranceles a la importación de acero y aluminio, generando intranquilidad en el sistema comercial.
En el contexto de dichos anuncios, sobre medidas de política comercial, es que se han se han desatado desasosiegos fruto de que se vislumbran un mayor riesgo de concretizarse una escalada de las barreras comerciales en todo el mundo. La situación está en que de progresar una aceleración de medidas restrictivas, o una cantidad de medidas unilaterales, automáticamente, esto puede estimular a otros países a hacer lo mismo, lo que eso puede producir un entorno de efecto dominó difícil de parar y ese es el riesgo que corre el comercio mundial.
Aunque siempre ha estado presente la discusión sobre proteccionismo y medidas unilaterales, el comercio global ha registrado un dinamismo aceptable, y que desde el 2008 todas las medidas restrictivas que se han impuesto hasta hoy afectan solo al 5% del comercio mundial. Pero resulta que impulsar una guerra comercial en tiempo de globalización podrían deteriorar, aún más, el crecimiento del comercio mundial ya que en el 2016 este registró un anémico 1.3% con una expansión de 3.6% en el 2017, lo que se proyecta repetir este comportamiento en el 2018.
En EE.UU se entiende que si este país está perdiendo muchos miles de millones de dólares en el comercio con prácticamente todos los países con los que hace negocios, recurrir a las guerras comerciales es favorable para que esta nación pueda recuperar la supremacía en el comercio global. Bajo esos criterios erráticos, en la casa blanca se concibe que se impone la intención de aplicar tarifas arancelarias por el orden del 25% a las importaciones de acero y del 10% a las de aluminio, pues esto es lo que ha encendido la alarma de la guerra comercial global.
Si se concretiza la guerra comercial, se estima que los nuevos aranceles restringirán las importaciones en unos 20.000 o 25.000 millones de toneladas de bienes, lo que se interpreta que esto equivaldría a la mitad del volumen que importó la Unión Europea en el 2017. En virtud de la capacidad global, los mercados recurrirán de manera obligada a la adopción de medidas de contingencia tutelares en el comercio mundial y esto plantea escenarios inimaginables.
Dado de que se han dado a conocer una lista de 106 productos, entre ellos la soja, los automóviles, los productos químicos o ciertos tipos de aeronaves, a los que se impondrá un arancel del 25%, lo que equivale a decir que el conjunto de mercancías grabadas tienen un valor de importación de 50.000 millones de dólares, que es el paquete de productos chinos que EE.UU pretende gravar. Sin lugar a dudas, China está obligada a explorar nichos de Mercados que colocará a estas naciones en otro escenario de conflictos que involucraran al resto del planeta cuyas consecuencias son indeseables.
La reacción de China ha quedado establecido cuando ha asegurado que las acciones de EE, UU violentan gravemente las reglas del comercio multilateral, considerando se está ante la presencia de un acto que justifica la defensa de sus derechos e intereses legítimos. Pues desde que la casa blanca ponderó la decisión de aplicar elevadas tasas de aranceles a productos chinos en respuesta a prácticas que califica de desleales, la respuesta por parte del país asiático y sus empresas, es que haría lo propio y con la misma intensidad, tales posiciones extremas han puesto en evidencia que el mundo transita por la indeseable ruta de la guerra comercial.
Para que se tenga una idea de lo que representa la guerra comercial entre las dos potencias económicas del mundo, EE.UU-China, solo hay que ponderar que de los 106productos afectados, el más relevante es la soja, cuyo valor de importación superó losUS$13.900 millones de dólares en el 2017. En esa misma dirección le siguen los automóviles, con US$12.280 millones, y las aeronaves de menor tamaño, con US$9.500 millones, el propano licuado con US$1.760 millones, el algodón con US$980 millones y el sorgo US$950 millones.
Ante la decisión de EE.UU, China entiende que cualquier intento de ponerlo de rodillas a través de amenazas e intimidación que nunca han tenido éxito y tampoco lo tendrá en esta ocasión. La potencialidad de una brecha es la buena noticia en virtud de que China ha dejado abierta la posibilidad dialogar en materia comercial, acusando a EE.UU de omitir la oportunidad de consultas y negociación de manera frecuente y notificada a través de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
La radicalización en la guerra comercial, por ambas partes, alcanza su mayor efervescencia en virtud de que desde la casa blanca justifican la aplicación de los aranceles como respuesta al robo de propiedad intelectual por parte China durante décadas. Ese escenario es lo que ha obligado a que las empresas estadounidenses sean forzadas a entregar su tecnología a los rivales locales a cambio de tener acceso al potente mercado chino, lo que se interpreta como el origen del conflicto comercial.
En la actualidad, a escala global se está ante la presencia de una guerra comercial fruto de que China y EE.UU han oficializado subidas de aranceles a mercancías por valor de 6.000 millones de dólares, los cuales incluyen impuestos al acero y al aluminio chino, por un lado, y la carne de cerdo, ciertas frutas, vino y tubos de acero que impuso Pekín, por otro. Esto resulta insignificante si se considera que el comercio bilateral entre ambas potencias alcanzó, en el 2017, la fría cifra de US $630.000 millones, pero la entrada en vigor de esta segunda ronda de tarifas supondría escalar el conflicto comercial de forma considerable, porque entre ambas listas se señala a productos cuyo valor asciende a los 100.000 millones de dólares.
Las amenazas apenas han comenzado, pero la guerra ya ha sido declarada y EE.UU ha anunciado aranceles sobre la importación de 1.300 productos chinos por valor de 50.000 millones de dólares y China ha contraatacado poniendo sobre la mesa su propia lista, por una suma similar. Todo esto lo que es expresa es una guerra comercial donde se aprecia un dialogo entre sordos y se vulneran las normas regulatorias de la OMC.