Según los estudios realizados por la UNESCO, PISA, OCDE y otras organizaciones que se dedican a este menester de la evaluación de procesos de gestión alrededor del mundo, la proporción de niños de sexto grado que provienen de familias pobres obtienen resultados de no competencia en matemática, cinco veces mayor que la de los niños que viven una situación económica acomodada. Esta es una tendencia que se ha mantenido en más de un lustro y la República Dominicana no escapa a esa realidad deprimente y poco esperanzadora en el contexto del combate a la pobreza.
Está altamente demostrado, que los niños de los hogares marginados son los que necesitan en forma urgente de una educación cualitativa, que tenga la pertinencia social requerida, para alcanzar escaños superiores de prosperidad. Se sabe a ciencias ciertas, que la educación es la única vía perdurable de crecimiento y desarrollo de los que forman la periferia social, aquellos que han sido marginados por siempre de los aprendizajes necesarios para arribar a la superación personal que les encamine hacia la superación de la pobreza económica, la que por demás inicia en la pobreza de espíritu, la que amuralla la desesperanza y el pesimismo en la cultura de estos seres humanos.
Amar al prójimo demostrando compasión y solidaridad desde la implementación de políticas públicas capaces de coadyuvar en el sentido de la superación personal, que levante esperanza de progreso y sobre todo, capaces de crear la necesidad de convertirse en alguien productivo, capaz de auto sostenerse con sus conocimientos, competencias e ingenio. Esto es lo único que podría devolver la dignidad humana a estas personas, las que muchas veces se auto descalifican por falta de orientación y ayuda social no clientelista.
La nación necesita que aparezcan políticas capaces de crear necesidades de progreso individual y familiar, que rompa de una vez y por todas con la cultura paternalista del que se cree que no puede ser autosuficiente y se descalifica como un individuo social capaz de ser productivo por motus propio, para que pueda cambiar la familia y los que la componen que tienen edad escolar, puedan tener las ayudas anímicas y paradigmáticas desde el hogar. Todo esto para que la nación inicie el despegue anímico capaz de lograr que alcancemos -como sociedad dominicana- una matrícula universal de altos niveles de aprendizaje y rendimiento académico y que por fin nuestros jóvenes obtengan niveles de logros altos en las pruebas internacionales. Esto no será posible sin que el ánimo de los ciudadano sea elevado y la moral se levante en sentido holístico.
El ministerio de educación, la familia de cada uno de los alumnos y alumnas que participan en la educación pública tienen que entender, que el éxito del aula va a depender siempre del profesor que imparte docencia en ella, por lo tanto hay que buscar fórmulas de entendimiento y concientización entre todos los actores que participan en los procesos escolares. Los primeros que tienen que ponerse de acuerdo son los profesores y los padres, para que uno sea soporte del otro en cuanto al trabajo del padre en el hogar y la formación del niño, adolescente o joven. Formación que inicia con las responsabilidades mutuas que tiene que desarrollar el binomio alumno-padres y que tienen que ver con la escuela y la sociedad, cuando tiene que completar trabajos pendientes, investigaciones asignadas, lecturas para reportar, modales que cambiar con respecto a su comportamiento social dentro y fuera de la escuela.
Ojalá la República Dominicana pueda sorprender al mundo en la próxima jornada del Programa para la Evaluación Internacional de alumnos -denominada PISA por sus siglas en el idioma ingles- con resultados de altas calificaciones, pero ese sueño no será posible si se continúa descalificando al profesor y enemistándose con el gremio que les agrupa. Para que los resultados en educación mejoren en sentido general, se necesita de un profesor activo en el aula, que desarrolle el potencial creativo de cada integrante del aula, que cambie la actitud pesimista por una optimista en todo el proceso de cambio, que mejore consistente y sistemáticamente la actitud de los alumnos frente a los desafíos y retos del conocimiento nuevo, para que sea capaz de mejorar su desempeño, sobre un comportamiento que nazca de la necesidad de aprender y demostrar que sabe lo que la escuela dice que sabe.
Es una pena que niños promovidos a tercer grado no tengan las competencias de lectura que deben tener para poder tener éxito en ese grado y así poder promoverse al siguiente sin ese lastre que les convierte en tartamudos, debido a que en sus prácticas lectoras deletrean como si fuera un ejercicio de separación silábica. La competencia lectora en los primeros grados es esencial para el éxito escolar de los alumnos, por lo que se hacen necesarios programas que intervengan en el Primer Ciclo del Nivel Primario, como han hecho otras naciones y como se evidencia en los informes internacionales.