Hablan los hechos

La diplomacia económica y comercial de China

Desde el inicio del siglo XXI, en el marco de una globalización cada vez más profunda y de grandes cambios a escala global, China ha sido de los principales países del mundo en mostrar una capacidad creativa impresionante en su política exterior. Tal creatividad se evidencia en los planteamientos teóricos que sirven de soporte a su estrategia de inserción en los mercados internacionales, teniendo como plataforma su cautelosa diplomacia.

El mayor acercamiento en la relación de China-EE.UU. fue impulsado a partir de la presencia de la crisis financiera global del 2008 que estremeció la economía global cuyas consecuencias, aun no finalizan.

Entre los planteamientos teóricos de la estrategia de China en un mundo globalizado se puede resaltar la consideración de que la paz y el desarrollo son indisolubles en un mundo multilateral, lo que se convierte en su plataforma de la política exterior. En esa misma dirección, los planteamientos estratégicos del gigante asiático sugieren la confianza mutua, beneficio mutuo, la igualdad, cooperación procurando una estabilidad sostenible a nivel global y la convivencia armónica entre los países.

Bajo ese enfoque, en la actualidad se ha logrado construir la relación bilateral más importante del mundo contemporáneo, como lo es la relación China-EE.UU. La evidencia empírica demuestra la misma en el plano diplomático, comercial, estrategia del manejo armamentista y de seguridad en el plano geopolítico.

El mayor acercamiento en la relación de China-EE.UU. fue impulsado a partir de la presencia de la crisis financiera global del 2008 que estremeció la economía global cuyas consecuencias, aun no finalizan. Ante una situación difícil en el aspecto financiero para EE.UU., con un colapso del mercado de crédito de este país, así como en el mundo desarrollado, con efecto dominó, impulsaba a que China se convirtiera en el mayor comprador de deuda soberana de ese país, lo que en la práctica se interpreta que esta acción ha servido de sustentador activo en el fortalecimiento de las relaciones entre estas naciones.

En ese contexto es que se puede entender mucho mejor el por qué EE.UU. ha sido muy flexible en que los países de América Latina estén impulsando un fortalecimiento en sus relaciones diplomáticas y comerciales con el gigante asiático. Pero es que la historia ha demostrado que la capacidad constante del crecimiento económico no solo es una necesidad de China, sino que también es una fuente de beneficios para el resto del mundo.

Hay que poner de relieve que EE.UU. y China son las dos mayores economías del mundo contemporáneo y entre ambas naciones tienen un PIB combinado superior a U$S 40 billones, EE. UU, U$S 28 billones; China, U$S 1.9 billones, que es la mitad del PBI mundial, U$S 87 billones. Esta realidad puede descifrar que una guerra comercial entre los EE.UU. y la República Popular de China tendría como consecuencia la quiebra del proceso de integración mundial del capitalismo, que es el verdadero significado histórico de la globalización como fenómeno central de la época.

Hay que poner de relieve que EE.UU. y China son las dos mayores economías del mundo contemporáneo y entre ambas naciones tienen un PIB combinado superior a U$S 40 billones, EE.UU., U$S 28 billones; China, U$S 1.9 billones, que es la mitad del PBI mundial, U$S 87 billones.

También se puede resaltar que en la última década se ha modificado el proceso de globalización de la economía mundial. Modificación esta que es verificable en el hecho de que China y los EE. UU han incorporado segmentos cada vez mayores del sistema productivo transnacional, debido al vuelco al consumo doméstico de la primera y a la aceleración de la nueva revolución industrial en el segundo.

Es impresionante que China sea una gran economía que alberga más de 1 350 millones de seres humanos habilitados para el consumo de bienes y servicios. En tal virtud es ponderable la habilidad que tiene esta nación para crecer y aumentar su influencia global en el contexto de las transformaciones sistemáticas, incluyendo la crisis financiera internacional, lo que ha provocado que buena parte del mundo mire al gigante asiático como un faro en medio de la tormenta.

La cadena de éxitos de China, sumado a su apuesta por la estabilidad por encima de cualquier meta, ha sido esencial para que la comunidad internacional cifre sus esperanzas en ellos. Para avalar esta interpretación solo hay que observar que durante el periodo 1980-2015 el Producto Interno Bruto (PIB) chino se multiplicó por 16 y en el 2010 superó al de Japón y se convirtió en el segundo mayor del mundo, sobrepasado solo por el de EE.UU.

El desarrollo de la inversión China, más allá de sus fronteras, también ha tenido como buen receptor a América Latina, región con la que ha desarrollado una importante alianza estratégica.

Desde la óptica de la economía global, es de trascendencia el hecho de que se haya registrado un aumento de la economía china en 2017 de 7.3%, y en especial el auge de su comercio internacional fue superior al 15%, esto es, un incremento en forma más que proporcional el intercambio mundial en este período. Por igual, también esa economía ha reorientado la inversión de las compañías transnacionales hacia la producción de alta tecnología destinada al mercado interno, lo que ha implicado que esta crezca sobre la base de la demanda doméstica por el orden de un 94%.

Este panorama predominante de China en la economía global, y observando las tendencias globales de cara al 2030, en el cual la EE.UU. admite que la nación asiática ya lo ha superado en cuanto al valor de importación y exportación de mercancías, convirtiéndose en el país con mayor comercio del mundo. Esto se puede demostrar en que a ese ritmo de avance es muy probable que este país reemplace a la potencia norteamericana antes del 2030, para convertirse en la mayor economía de la tierra.

Tan solo hay que observar que las cifras de la inversión directa china en el extranjero y la inversión extranjera en el gigante asiático son indicadores que también avalan su potencial de inserción en el resto del planeta. Estas cifras expresan que en el 2015 las inversiones chinas superaron los 120,000 millones de dólares, para ubicarse como el segundo país inversor en el extranjero, solo por detrás de EE.UU., pues en el 2007, existían 30 empresas chinas que figuraban en la lista Global 500, lo que para el 2017 saltaba a 115.

En ese contexto es que ha de interpretarse la apertura Diplomática de la Republica Dominicana con la República popular de China, con la cual tiene un intercambio comercial de US$1,697.19 millones, de los cuales RD, exporta US$130.6 millones e importa US$1,566.92 millones.

El desarrollo de la inversión China, más allá de sus fronteras, también ha tenido como buen receptor a América Latina, región con la que ha desarrollado una importante alianza estratégica. Las cifras oficiales confirman que en los últimos años el comercio bilateral ha crecido hasta los 200,000 millones de dólares y el gigante asiático es el primer mercado de destino de las exportaciones de Brasil y Chile, y el segundo de Perú, Cuba y Costa Rica.

El crecimiento sostenido sin precedentes de la economía china y su impacto en el panorama económico mundial es uno de los cambios paradigmáticos más relevantes de las últimas tres décadas; la economía china creció a un ritmo promedio de 10% durante el periodo 1978-2017, con una sostenibilidad proyectada sin vulnerabilidad para el 2022. En tal sentido, las consecuencias globales de las decisiones de política y diplomacia económica son diariamente visibles, como es el caso de las recientes decisiones del gobierno de EE.UU. de elevar los aranceles a ciertos productos provenientes de la Unión Europea y la República Popular China, desencadenamiento esto en una guerra comercial entre las grandes economías mundiales.

El enfoque de China hacia la diplomacia económica ha experimentado cambios significativos en los últimos años, especialmente después de la crisis financiera mundial. Al haberse transformado en la segunda economía más grande del mundo, los diferentes países consideran inexcusable lograr que se construya y fortalezcan relaciones armónicas con la reconocida potencia comercial del mundo y en ese contexto es que ha de interpretarse la apertura Diplomática de la Republica Dominicana con la República popular de China, con la cual tiene un intercambio comercial de US$1,697.19 millones, de los cuales RD, exporta US$130.6 millones e importa US$1,566.92 millones.

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