Hablan los hechos

Los aranceles de Haití

En materia de comercio internacional se tiene se sabe que la dinámica de este consiste en exportar, o vender en el extranjero, e importar, lo que es lo mismo que comprar al extranjero. Si recurrimos al método comparativo del comercio interno con el comercio exterior, se puede apreciar que esta relación entraña grandes complejidades incuantificables para las naciones involucradas.

Durante los últimos treinta años se ha considerado al comercio internacional como un medio para fomentar el crecimiento de una determinada economía, por lo que los países menos desarrollados y las organizaciones internacionales han estado impulsando cada vez más un patrón de comercio sin perturbaciones arancelarias.

Bajo ese enfoque, la pregunta frecuente es ¿porque las naciones se toman la preocupación de comerciar internacionalmente? la razón fundamental de comerciar se debe a que las naciones que se involucran en el comercio internacional es porque se tiene ganancias de ambas partes, las cuales comparten. Esto se interpreta de que en el comercio internacional genera lo que se denomina ganar-ganar, lo cual se produce cuando un país tiene acceso a mercancías que es incapaz de producir, en tanto, el otro país logra colocar bienes en el mercado exterior que le genera divisas.

Aunque normalmente se trata de que los países comercialicen entre ellos, en realidad estos no hacen nada al respecto, pues quienes realizan esta operación son las empresas de las diferentes naciones las que comercian, salvo en los casos que diferentes gobiernos se compren y se vendan directamente unos a otros, como son los casos de las armas y el petróleo. En tal sentido, la mayor parte del comercio lo realizan las empresas, lo que se interpreta que los déficits comerciales internaciones lo generan las empresas el cual ocurre cuando una nación importa más de lo que exporta y dispara la alarma de los gobiernos.

Es importante resaltar que, por su cercanía geográfica y el número de consumidores similares potenciales, se tiene una ventaja comparativa significativa, sin embargo, un obstáculo es que las exportaciones haitianas no son atractivas para RD, en tanto, las de este último son de gran demanda para el vecino Haití.

Hay que poner de relieve que la importancia del comercio internacional varía en función de cada economía nacional ya que algunos países sólo exportan bienes con el fin de aumentar su mercado nacional o para ayudar en el aspecto económico a algunos sectores deprimidos de su economía, pero otros dependen del comercio internacional para adquirir divisas y bienes para satisfacer la demanda interna. Durante los últimos treinta años se ha considerado al comercio internacional como un medio para fomentar el crecimiento de una determinada economía, por lo que los países menos desarrollados y las organizaciones internacionales han estado impulsando cada vez más un patrón de comercio sin perturbaciones arancelarias.

En ese contexto se interpreta mejor las relaciones comerciales de Rep. Dom. y Haití, ya que durante años los dos países lograron realizar comercio ocasional, y de trueque, pero dado que la prosperidad de la economía haitiana durante el siglo XIX fue destruyéndose fruto del abandono de la producción de café, cacao, azúcar y Sisal. Es con el primer tratado de paz y amistad, comercio y navegación firmado en 1874, entre ambas naciones, que se da un giro a las relaciones comerciales con carácter formal, sin embargo, esta intención se redujo al plano político y es aquí donde encontramos una razón fundamental a la informalidad histórica del intercambio comercial.

Pero resulta que el comercio exterior entre RD-Haití, desde la primera década del Siglo XX, adquirió importancia fruto de la escasez de alimentos en Haití y las iniciativas corporativas de dominicanos de comercializar bienes que generen ingresos, pero tal actividad se ha desarrollado con informalidad lo cual se ha expandido a niveles impresionantes y donde el 86% de lo comercializado es alimentos.

Es importante resaltar que, por su cercanía geográfica y el número de consumidores similares potenciales, se tiene una ventaja comparativa significativa, sin embargo, un obstáculo es que las exportaciones haitianas no son atractivas para RD, en tanto, las de este último son de gran demanda para el vecino Haití. Por estas razones se deduce que los consumidores y empresas de Haití tienen ganancias tangibles y de igual manera, las empresas dominicanas tienden a beneficiarse al colocar sus mercancías en un país que cuya demanda sistemática de bienes, abre un espacio comercial atractivo desde una visión territorial por la cercanía.

Pero resulta que el comercio exterior entre RD-Haití, desde la primera década del Siglo XX, adquirió importancia fruto de la escasez de alimentos en Haití y las iniciativas corporativas de dominicanos de comercializar bienes que generen ingresos, pero tal actividad se ha desarrollado con informalidad lo cual se ha expandido a niveles impresionantes y donde el 86% de lo comercializado es alimentos. Ese comercio transfronterizo siempre ha estado siendo arrastrado por una elite haitiana que controla a los gobiernos con la ambición de hacer negocios de reputación dudosa sin límites y han utilizado de manera constante la agresividad de los canales diplomáticos y los instrumentos más deplorables de la política comercial para afectar a la Republica Dominicana.

La economía haitiana no produce los alimentos requeridos para su población, razón por la cual el 90% de estos son importados desde la Rep. Dom, principalmente las carnes, harina, pan, arroz, leche, huevo, pescado, salsa, grasas, azúcar, lo que ha sido un atenuante que mitiga la hambruna y la violencia en ese país.

Vista la dolorosa realidad de que Haití alberga una multiplicidad de malestar combinado con la ausencia de institucionalidad los cuales han hecho que las élites gobernantes y económicas no ayuden con el desarrollo humano de esa nación, y que han sembrado la semilla de su destrucción, lo cual se expresa en que tan sólo un 45% de la población puede leer y escribir, y más de la mitad carece de agua potable y energía eléctrica. Por igual, la economía haitiana no produce los alimentos requeridos para su población, razón por la cual el 90% de estos son importados desde la Rep. Dom, principalmente las carnes, harina, pan, arroz, leche, huevo, pescado, salsa, grasas, azúcar, lo que ha sido un atenuante que mitiga la hambruna y la violencia en ese país.

Pero en su afán por alcanzar riquezas sin límites, las élites económica y gobernante de Haití no han ponderado que su actitud lo hace ser responsables netos de la suerte de su población ya que ni siquiera han podido plantearse la posibilidad de que puedan existir otras formas de relación de los seres humanos con su entorno y tan poco explorar el significado de otras alternativas de cómo enfocar un desarrollo social y económico para una vida digna para la población excluida de la riqueza que genera ese país. Por el contrario, las elites haitianas lo único que han tenido como norte es el afán por la riqueza y recurrir a lo más absurdo al imponer una guerra de aranceles a las mercancías procedente desde la Rep. Dominicana.

Por el contrario, las elites haitianas lo único que han tenido como norte es el afán por la riqueza y recurrir a lo más absurdo al imponer una guerra de aranceles a las mercancías procedente desde la Rep. Dominicana.

La aplicación de aranceles por parte de un país solo se justifica cuando este protege su aparato productivo nacional o cuando procura incrementar sus recaudaciones aduanales por la entrada de bienes considerados de lujos. En ambos casos tal situación es inexistente y lo que se procura es hacer negocios con otras naciones que pueden ser más rentables para las elites tradicionales, pero que en la práctica perjudica a los consumidores más desfavorecidos de la riqueza, lo que se traduce en una aceleración de la pobreza y lanza a los haitianos a migrar por el mundo sin rumbo cierto y las sombras de las penurias.

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