Humberto Almonte
La atención que dirigen los seres humanos se concentra no sólo en otros seres de la misma especie, lo hace también en objetos, en situaciones, en instituciones, en modas o formas de vida.
El hecho de focalizar las energías en las tareas que nos placen o en objetivos existenciales es tremendamente positivo, son hitos importantes en nuestras historias de realización personal.
De lo positivo de canalizar los esfuerzos a la fijación irreductible como caso de vida o muerte, existe una distancia enorme, pues mientras lo primero se dirige en el camino del crecimiento personal y espiritual, lo segundo avanza a marchas forzadas hacia la autodestrucción del ser como ente consciente y racional.
Las obsesiones van en contra de la mismísima naturaleza humana, pues reducen a las personas a círculos finitos y concéntricos, limitando sus posibilidades de interactuar en la sociedad, cercenando de manera enfermiza los sueños y las utopías.
El cine ha reflejado de manera logopática este tema con películas que nos alcanzan emocionalmente, retratando de manera precisa el impacto dramático de las obsesiones en nuestra existencia.
No siempre los directores han acertado en aproximarse al universo de las obsesiones femeninas, y cuando hablamos de directores, nos referimos a oficiantes de ambos sexos, para no pecar en discriminación de ningún tipo.
Caminar en los pantanos inseguros de la conducta humana nunca ha sido un campo de juego muy seguro para la industria cinematográfica la cual acumula múltiples fallas al aproximarse a tan escurridizo tema.
Dentro de los filmes representativos de este tema hemos escogido a Misery y Atracción Fatal, que reúnen las condiciones para ilustrarnos acerca de esas conductas.
Misery (1990) dirigida por Rob Rainer y derivada de la novela escrita por Stephen King, describe la odisea del escritor Paul Sheldon (James Caan) y la enfermera Annie Wilkes (Kathy Bates). Paul sufre un accidente en medio de una tormenta de nieve siendo rescatado por Annie, quien le salva la vida. Más tarde ella descubre que el escritor va a matar al personaje Misery porque está cansado de él,y la enfermera lo retiene a la fuerza para que escriba otro final, logrando escapar solamente cuando mata a la obsesa.
Con un reparto de lujo y una actuación memorable de Kathy Bates, quién da vida a esta mujer obsesionada con un personaje de ficción, cosa que ella en su visión distorsionada de la realidad no logra distinguir pues en el universo paralelo donde vive, Misery es un personaje tan real como ella misma.
El guionista William Goldman extrae de la novela del maestro del suspenso Stephen King, la atmósfera asfixiante que desprende el libro y que Reiner logra con mano firme mantener a lo largo de sus 107 minutos de duración, sin ninguna recaída en su ritmo narrativo.
Kathy Bates se hizo acreedora en 1990 de múltiples premios por su rol sobresaliente en Misery, pues consiguió el doblete de Mejor Actuación Femenina en el Oscar y Mejor Actriz Dramática en los Globos de Oro, además del premio Chicago Film Critics Association a la Mejor Actriz.
Adrian Lyne condujo en 1987 el filme Atracción Fatal, una historia en donde sus protagonistas Dan Gallaguer (Michael Douglas), un prestigioso abogado casado con Beth (Ann Archer), conoce en una actividad a la atractiva Alex Forrest (Glenn Close), le propone una cita, pero el termina acostándose con ella y en su idea del asunto, esto no pasará de una aventura, sin imaginarse las actitudes extremas que tomara Alex, puesto que ella no asume que ese affaire debe terminar.
Alex comienza un proceso agresivo de acoso en contra de Dan, con llamadas, diciéndole que está embarazada, e incluso ,penetrando en la casa de este, que es la gota que llena el vaso, confesándole el abogado la aventura a su esposa, y denunciando a la policía la situación.
La obsesión de esta mujer no se detiene llegando a secuestrar a la hija del matrimonio y produciendo una situación que terminará de manera trágica, pues ya no distingue los límites entre lo real y lo imaginario, dirigiéndose de manera suicida hacia el fin de su existencia.
Glenn Close borda una actuación brillante, enmarcando en Atracción Fatal a esta personalidad aquejada de un desorden mental que actúa guiada por la unidireccionalidad de sus deseos y pensamientos, en un universo paralelo que sólo existe en su imaginación.
Atracción Fatal consiguió seis nominaciones a los Oscar, incluyendo a la Mejor Actriz (Glenn Close), a la Mejor Secundaria (Ann Archer), y al Mejor director, al Guion adaptado y al Montaje.
El distorsionado mundo de las obsesiones es presentado en estos dos filmes, logrando alcanzar el interés de los espectadores alrededor del mundo con una gran repercusión a nivel de medios y discusiones importantes en las organizaciones profesionales que se especializan en salud mental.
El cine es un medio sumamente apropiado para estos temas y no necesariamente por su condición de arte masivo, también porque la sala oscura y la proyección tienen cualidades cuasi hipnóticas, si le creemos al laureado director español Luis Buñuel y a muchos analistas.
Llevar a la pantalla problemas como las obsesiones, pone esta condición en conocimiento de esas grandes audiencias, y las lleva a reconocerlas dentro de los ambientes cotidianos donde se desenvuelven sus vidas, una misión que este arte cumple con efectividad.