Durante la celebración de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, los 33 países miembros de la entidad regional acordaron de forma unánime, crear un foro de cooperación ministerial con China, mecanismo que se instaló la segunda semana de este mes de enero en Beijing, con lo que se dejó en marcha un compromiso de cooperación en el que se plantea el beneficio mutuo y el incremento, en 10 años, del intercambio comercial de cerca de 130 mil millones de dólares a 500 mil millones, según las palabras de Xi Jinping, mandatario del poderoso país oriental.
A este acercamiento, que sin dudas viene a acentuar el carácter multipolar de la realidad comercial que se construye en el mundo de hoy, algunos analistas le llaman el ´´desembarco chino´´, término despectivo que insinúa el inicio de la colonización económica de América Latina por parte del gigante asiático. Pero tanto el liderazgo latinoamericano como el chino ven en esta aproximación oportunidades de negocios para una región de 594, 6 millones de habitantes que va avanzando lentamente hacia el desarrollo, y un país con cerca de 1,400 millones de ciudadanos que día a día demandan más bienes y servicios y que por demás se ha convertido en la economía más grande del planeta.
Como he dicho antes, Latinoamérica está viviendo un proceso de liberación nacional que se incubó, paradójicamente, en el colapso de la Unión Soviética, que trajo como consecuencia la arrogancia del capital que impulsó reformas estructurales para imponer el neoliberalismo, sobre el cual se edificó el capitalismo salvaje que sembró desigualdades económicas y sociales, lo que llevó, sobre todo en nuestra región, a resucitar el discurso progresista que una nueva izquierda rescató para vender por la vía electoral a un empobrecido pueblo que comenzó a ser rescatado en medio del estremecimiento de las fuerzas hegemónicas que, tras triunfar en la Guerra Fría, armaron el armazón unipolar que se les vino encima para crear la multipolaridad que China y la CELAC quieren aprovechar en su beneficio.
La mayoría de los gobiernos de Latinoamérica han salido, en consecuencia, de la prisión geopolítica en los que solo podían ser actores de reparto. Esta nueva realidad sumada a la que creó para China el gran reformador Deng Xiaoping, y a la surgida a raíz de las oportunidades que ofreció la globalización a Sudáfrica, Rusia y la India, empuja este acercamiento, abre espacios para la búsqueda de nuevas oportunidades de progreso y bienestar para los países emergentes que comienzan a desafiar a las tradicionales fuerzas hegemónicas.
Los tiempos del pillaje quedaron atrás, por ello esta cooperación Sur/Sur es para el beneficio mutuo, por ello el presidente Xi anunció una inversión de 250 mil millones de dólares para los próximos 10 años, y aunque la desaceleración de la economía china ha afectado las exportaciones de materia prima de América Latina, se presenta la oportunidad de revisar el modelo económico para reorientarlo hacia industria, y con la inversión anunciada, los 100 millones de turistas que el gigante distribuye, lograr el desembarco en doble vía, como lo plantea el plan quinquenal de cooperación aprobado.