Una revisión a la hemeroteca dominicana de poco menos de los últimos tres años arrojaría como dato sorprendente para los estudiosos de la historia política que se ha registrado lo que podría calificarse como una “oposición atípica”, debido a la falta de propuestas de los competidores del partido en el poder para la solución de los problemas nacionales y la manera inconsistente en que han pretendido capitalizar coyunturas para crecer ante el electorado.
Un chequeo aleatorio de las páginas políticas de los diarios dominicanos deja convencido al investigador de que el importante papel que juega la oposición en toda sociedad democrática, basado en críticas constructivas y fórmulas que utilizaría en una eventual gestión gubernativa ha brillado por su ausencia.
Tras la caída de la dictadura trujillista en 1961 predominó el caos político hasta las elecciones del primero de junio de 1966, que dio origen al primero gobierno electo tras el golpe de Estado al Presidente Juan Bosch en el 1963. El ambiente bélico reinante frente al gobierno de facto no era propicio para el ejercicio de una real oposición, que se desarrolla en regímenes verdaderamente democráticos.
Aunque el gobierno surgido de unas elecciones bajo las botas de la intervención norteamericana de 1965 no podría describirse como auténticamente democrático, debió ejercer el poder con una oposición que no le dio tregua con sus críticas de diferentes géneros y propuestas de solución a problemas que iban desde las libertades públicas, los servicios básicos, la defensa a los recursos naturales, la mejoría del sistema educativo, la salud, la alimentación y todos los sectores productivos.
Desde su ascenso al poder, el viejo Partido Reformista (PR), con Joaquín Balaguer a la cabeza, gobernó con una oposición que encabezada por el entonces aguerrido Partido Revolucionario Dominicano (PRD), le hacía saber al pueblo que tenía otras ofertas frente a las autoridades de turno.
Solo así se erigieron en el espectro partidario jóvenes dirigentes como José Francisco Peña Gómez y todos los que se formaron en el PRD bajo las orientaciones de Bosch.
Pero también surgieron otras organizaciones en el período entre los doce años balagueristas desde el 1966 hasta el 1978, como fue el caso del PLD, fundado por Bosch en diciembre de 1973, tras su renuncia del PRD pocos meses antes.
Una izquierda que iba desde el foquismo bélico hasta el intelectualismo conceptualizador también jugaba su papel, sobre todo entre la juventud estudiosa, que creía en la posibilidad de construir una sociedad más justa y participativa. Todo eso, junto a los partidos de derecha que no compartían la corrupción ni los crímenes políticos de aquella época de terror.
Con el ascenso al poder del PRD en 1978, encabezado por Antonio Guzmán, y su gobierno sucesivo iniciado en 1982 por Salvador Jorge Blanco, se amplió el arcoíris democrático que permitió el crecimiento del PLD, organización que hizo una oposición coherente y de propuestas frente a los gobiernos perredeistas, hasta el punto de que en las elecciones de 1990 se convirtió en el partido más votado.
PLD y PRD, junto a un Partido Revolucionario Independiente (PRI) de Jacobo Majluta, que después se quedó rezagado, planteaban propuestas políticas, económicas y científicas frente a los últimos gobiernos de Balaguer en el período 1986-1996, aunque con sus respectivos estilos e ideologías.
Una oposición frontal tuvo el primer gobierno del PLD encabezado por su Presidente Leonel Fernández entre el 1996 y el 2000, hasta el punto de que la organización, pese a realizar un gobierno de altas calificaciones por los organismos competentes, perdió primero las elecciones congresuales y luego las presidenciales, con el hoy Presidente Danilo Medina como candidato.
Esa situación se produjo cuando los reformistas, que habían sido aliados del PLD en el 1996, buscaron un camino independiente con la candidatura de su viejo caudillo, lo que dividió el voto tradicionalmente antiperredeista.
Con el triunfo de Hipólito Mejía se entronizó lo que se conoció como “un gobierno atípico”, debido al estilo folklórico que impuso desde el poder el jefe del Estado.
La oposición que hicieron el PLD, el PRSC y otras organizaciones fue visiblemente prudente, tal vez por las grandes expectativas creadas entre las masas populares por la oferta electoral ganadora.
En los primeros meses el PLD se dedicó a enarbolar sus logros a su paso por el poder entre 1996 y 2000, y a reformar sus estatutos a fin de convertirse en una entidad política más abiertas para las futuras batallas que tendría que enfrentar en las jornadas cívicas criollas.
El grupo conocido como PPH dentro del PRD logró ganar las elecciones congresuales y municipales del 2002, lo que le alentó a reponer la reelección presidencial, entonces prohibida constitucionalmente.
El restablecimiento de la figura de la reelección coincidió con el desplome de la economía con la quiebra de una serie de bancos, una inflación sin precedentes y la caída de la moneda cerca del 60 por uno con relación al dólar.
Entrado el 2003 la crisis económica se volvió insoportable y los dominicanos comenzaron a añorar la presencia del PLD en el poder. Los líderes históricos del PRD, PLD y PRSC, Peña Gómez, Bosch y Balaguer habían desaparecido físicamente del escenario político, y en mayo del 2004, el Presidente Fernández, con el 58 por ciento de los votos contra un 33 por ciento de Mejía, volvió al poder para el retorno de la confianza perdida.
Entre los años del 2004 y el 2008 Mejía mantuvo un bajo perfil, permitiendo que su otrora ministro de Obras Públicas, Miguel Vargas Maldonado, se convirtiera en candidato presidencial del PRD. El mismo candidato llegó a quejarse del poco esfuerzo que hizo el ex mandatario para que su partido ganara los comicios.
En el 2012, la fuerza del PPH dentro del PRD logró desplazar a Vargas Maldonado, presidente del partido, y volver con Mejía como candidato, quien fue derrotado por el PLD, gracias al trabajo mancomunado de su candidato presidencial Medina, la vicepresidencial Margarita Cedeño de Fernández y el liderazgo aglutinador del entonces Presidente Fernández, junto a las fuerzas aliadas.
Tanto en los gobiernos consecutivos de Fernández como en la actual gestión de Medina la falta de propuestas de la oposición ha sido llenada por el apoyo a conatos de huelgas y a descalificaciones a las iniciativas gubernamentales, sin plantear opciones objetivas, sobre todo en asuntos económicos, de seguridad ciudadana, servicios de energía, salud, educación y de interés general.
De la lucha interna entre los perredeistas surgió lo que se conoce como el Partido Revolucionario Moderno (PRM), integrado por los miembros más conspicuos del PPH. La nueva agrupación se ha limitado al apoyo de todo lo que constituye descalificación o ataque al presidente del PLD, sin importar procedencia, así como todo conato de huelga de los denominados grupos populares.
El rasgo más atípico de la oposición, especialmente de la del PPH-PRM, ha sido su ataque feroz al presidente Fernández desde su salida del gobierno el 16 de agosto del 2012. En ello han coincidido con los representantes de la denominada sociedad civil, quienes prefieren combatir al ex gobernante antes que al actual, debido a que, según dicen por lo bajo, el segundo está impedido constitucionalmente de repostularse.
En otras palabras, el objetivo no es el ataque a Fernández y la defensa a Medina, sino sacar del poder al partido morado.
En condición de líder del PRM-PPH, ya el ex presidente Mejía la emprendió contra Medina acusándolo de la supuesta quiebra del campo dominicano, pese a que las gestiones del PLD en el sector agropecuaria superan en todos los renglones a la del que dirigió los destinos del país entre el 2000 y el 2004.
Apostar a la división del PLD como única posibilidad de la oposición retomar el poder podría terminar en un cálculo equivocado, debido a la capacidad que ha demostrado la organización fundada por Bosch para ponerse de acuerdo aún en los momentos más difíciles.
Estudiosos del fenómeno político dominicano entienden que la sociedad estaría más agradecida de la oposición si se manejara con propuestas y críticas constructivas para la solución de los problemas que le aquejan, antes que continuar abroquelándose con entelequias o en el sueño perenne con una división del PLD.