No se puede negar que en este momento todo miembro del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), tiene una opinión con respecto a la situación creada a partir del 19 de abril, fecha en la que el Comité Político toma la decisión de explorar la posibilidad de modificar la Carta Magna para posibilitar la reelección presidencial por un periodo consecutivo. Pero tampoco se puede dejar de admitir que la conducta de todos los ciudadanos resultó impactada con tal decisión, como lo indica la parálisis de la actividad política, la presencia del tema en las actividades sociales y la sensación de pesadez y duelo en el servicio público.
Esto nos lleva a una primera reflexión, el peso específico que en la agenda cotidiana del movimiento del país tiene el PLD y debido a que se genera este peso.
De los últimos cincuenta y dos años de la historia del país, al PLD la sociedad le ha confiado la conducción del Estado por espacio de quince años, bajo las presidencias del Prof. Juan Bosch, el Dr. Leonel Fernández y el Lic. Danilo Medina. Para caracterizar el factor común de estas administraciones escogeremos datos de los logros reseñados en la serie que, con excelente tinta, publicara para este medio el compañero Fausto Araujo, titulada, Bosch, Leonel y Danilo: 180 meses de brillante gestión gubernamental.
El presidente de por vida del partido, Juan Bosch, en su corta gestión de gobierno caracterizó lo que debe ser un gobierno progresista liberal con enfoque humano; el respeto a los derechos humanos y las libertades públicas, fue el dogma aplicado por primera vez después de la larga noche de la tiranía. Sembró las bases del desarrollo económico y social al desarrollar fábricas, industrias y acueductos e incentivar la agricultura y la pecuaria.
Incentivó con obras y capacitación de las personas el desarrollo del turismo, de la pequeña y mediana empresa e industria, dio inicio en el mundo al desarrollo de las zonas francas, planificó e inició la ampliación de acueductos y la construcción de los parques energéticos. Desarrolló planes de viviendas, y tuvo en cuenta la necesidad de tomar medidas para proteger el medio ambiente de la probable degradación producto del proceso de desarrollo.
En educación, rescató la escuela dominicana, organizándola para formar el recurso humano con las capacidades técnicas y los valores que requerían el desarrollo del país. En salud, fortaleció la eficiencia del sistema sanitario, construyendo nuevos centros de salud y desarrollando el más ambicioso programa de vacunación conocido por la historia para erradicar las enfermedades transmisibles que diezmaban la niñez del país.
Leonel Fernández, 33 años después, reedita la obra del maestro impactando todos los campos de la economía, reencauza la educación, impacta la salud al ponerla en el camino de las corrientes modernas implementadas en la conferencia de Alma-Ata, impulsa el más elevado crecimiento económico al extremo de hablarse y estudiarse a nivel mundial del milagro económico dominicano.
Después de cuatro años fuera del poder la sociedad lo escoge por ocho años consecutivos reeditando los logros señalados, hasta poder pasarle el mando a Danilo Medina, quien con un estilo propio le imprime una nueva dinámica a la dirección del Estado acumulando logros en los campos de desarrollo económico y de justicia social que lo catapultan en la historia del país y del firmamento latinoamericano como uno de sus grandes estadistas.
El factor común que los une se resume en los tres grandes valores garante del Desarrollo Humano y por el que es avaluado todo Estado que sea administrado poniendo en el centro a las personas: la eficiencia, para garantizar la producción de las riquezas necesarias; la equidad, vista desde la obligación de proporcionarles a las personas las capacidades que le permitan usar las oportunidades y la justicia, como garantía del derecho de acceso a los bines y servicios independientemente de raza, credo religioso, sexo etnia posición social o cualquier condición no contemplada que pueda ser objeto de denegación de derechos.
En esos quince años de la historia del país, el paso del Partido de la Liberación Dominicana por la administración del Estado ha impactado de forma tal el genoma social del ciudadano común que ha llegado a modelar el perfil del comportamiento del dominicano de la sociedad de la información, independiente de su posición, partidario u opositor. Del hombre sumiso, propio de quien es adocenado por el control absoluto de un régimen tiránico, pasa a ser el oportunista, aprovechador del momento que le proporciona el sistema desorganizado y que privilegia la corrupción característica de los regímenes subsiguientes, y de ahí, al ciudadano consciente de sus derechos y de la fuerza que proporciona la exigencia organizada de los mismos en un Estado garante de derechos construido por las administraciones del PLD y que están plasmados en ambas constituciones, la del 1963 y la del 2010.
De ahí, no resulta extraño, que con la magnitud de este aporte a la estructuración del perfil del hombre común, la ciudadanía se haya impactado con la decisión del Comité Político del PLD, reaccionando con algún grado de modificación de su conducta, ya sea manifestando sentimiento de ira, enojo, tristeza, frustración, por inconformidad, desacuerdo e insatisfacción, pudiendo generar en el psiquis del individuo violencia y desconfor emocional.
Esto se pudiera expresar con manifestaciones externas hacia otros como apatía o agresión, por lo que explota o, de forma interna, con cambios fisiológicos de depresión, manifestándose con alteración orgánica de los sistemas endócrino, cardiaco o gastrointestinal.
De seguirse profundizando, el afectado podría presentar sudoración, falta de sueño, caída del pelo, taquicardia, palpitaciones, nauseas, diarreas hasta poder desarrollar una enfermedad emocional de tipo ansioso, depresivo o psicótico.
Después de ver la magnitud del impacto en la conducta del ciudadano provocado por la situación del PLD, es de obligación reflexionar acerca de la pertinencia de la solución. La cual, primero tiene un componente de tiempo, pues, dentro de menos de un año será celebrada la consulta electoral y segundo, tener en cuenta que si bien el cuerpo de la institución está representado en su sigla, PLD, su espíritu, la energía vital que ha sido capaz de transformar el genoma social se forma desde su origen, pues, su mentor, marxista de formación, respetó la existencia de la unidad y lucha de contrarios en interior de la organización, por lo que cualquier solución avasallante que aniquile una de las partes puede dar al traste con los resultados favorables al partido de la consulta electoral y conducir al país por senderos de aventura política que lleven a reeditar la historia superada, de esto ocurrir nunca nos perdonará la población.