Daris Javier Cuevas
Los economistas saben perfectamente que la teoría económica constituye, en general, la base sustantiva que dirige la especificación de todo modelo económico, en el cual ha de tenerse una combinación del dominio del pensamiento económico, la microeconomía, la macroeconomía y la historia económica, áreas que permiten interpretar los ciclos y las tendencias de la economía, con el auxilio de las matemáticas para establecer la cuantificación de su desempeño.
Es importante destacar que un modelo económico es decidido por el Estado, y procura asegurar la mejor relación posible entre las empresas y la economía doméstica, cuyas aplicaciones corresponden al ámbito de la economía política, donde la noción se usa para nombrar a aquel proceso que es orquestado por un gobierno para organizar la actividad económica.
Es en este marco que en política económica existen tres grandes modelos, que se ocupan de las relaciones entre las medidas legales, políticas y sociales que formulan los estados para conducir e influir sobre la economía, los cuales son el modelo de economía centralizada, donde el Estado interviene para regular la actividad económica, el modelo liberal, donde el mercado decide su autorregulación, y el modelo Mixto, que combina aspectos de la economía centralizada y del modelo de mercado.
Aunque es muy frecuente escuchar en el debate político y económico plantear que para dar un salto al progreso o una mejor distribución de la riqueza, y en consecuencia disminuir la pobreza, es necesario realizar un fuerte cambio en el modelo económico, resulta que al nivel de la economía como tal, los modelos pueden ser divididos en macroeconómico y microeconómicos, ambas áreas contienen modelos tanto específicos, así como generales, siendo estos últimos considerados como escuelas del pensamiento. En la actualidad en términos de aplicación de los enfoques de política económica predominan el Neoliberalismo y el Keynesianismo, los cuales se pueden considerar entre los modelos generales de la economía política y los más específicos de la economía.
Durante el período desde la Segunda Guerra Mundial hasta finales de la década de los setenta se ha considerado cómo el período en que la economía de América Latina asumió lo que se conoció como el “modelo de industrialización por sustitución de importaciones“, calificativo con que se asumió la concepción de la aceleración del desarrollo en muchos países de la región, el cual consistía en restringir las importaciones de bienes manufacturados con la finalidad de fomentar el sector industrial local.
En el caso de la Rep. Dom, la adopción del Modelo de Sustitución de Importaciones se ubica a partir de 1968, de manera formal, como estrategia deliberada de crecimiento y desarrollo económico, aunque se tiene la precisión de que en la dictadura llegó aplicar esta estrategia para fomentar la industria local que beneficiaba los intereses del grupo gobernante, pero a su vez, se convirtió en un instrumento sustentador del desarrollo del sector industrial local, y así creció este sector en el país.
Durante el período 1969-1973, la adopción del Modelo de Sustitución de Importaciones, fue notorio el esplendor del crecimiento de la economía de hasta un 11.4%, lo que combinado con el auge en los precios internacionales del azúcar, perfilaba a la economía dominicana como su época de oro, para entonces. Pero resulta que desde el inicio de los 80s, esta fue impactada de forma adversa, dando paso a un nuevo modelo económico que obligó a redefinir sus estrategias de crecimiento y desarrollo económico, sin embargo, la existencia de tres tipos de objetivos de política económica diametralmente opuestas durante la década de los ochentas fueron demoledoras para reorientar y adoptar un nuevo modelo dinamizador de la economía, cuyos enfoques dominante respondían a los postulados de la escuela neoliberal, en su versión más limitada y pragmática de corte Fondomonetarista a partir de 1982, fruto del predominio de los postulados del consenso de Washington a escala mundial. Es así como entre mediados de los 80s e inicio de los 90s, se adopta un nuevo modelo que sepulta el predominante entre las décadas de los 60s y 70s.
He observado que en los últimos años se han hecho críticas fuertes al modelo económico dominicano donde solo se hablan palabras dispersas e incoherentes planteamientos insustanciales, sin embargo, dado que nada es estático e inflexible, un cambio en el modelo económico debe plantearse sobre enfocar un dinamismo que impulse el empleo y las mejoras salariales en general, sin eliminar beneficios, priorizar el crecimiento del PIB, promover una reforma fiscal integral seria, reduciendo sustancialmente las exenciones y reorientando el sistema tributario hacia un tributo progresivo de manera gradual, explorar nuevos mercados e incrementando la oferta de bienes transables, impulsar la modernización del sector productivo sobre la base de la innovación tecnológica y la competitividad, así como impulsar cambios sustanciales en las aduanas y más acceso al financiamiento, cuyos objetivos son contribuir con la adopción de un modelo económico acorde con los cambios mundiales y la preocupación por mitigar la pobreza y la desigualdad.