El mundo ha estado dando seguimiento al acercamiento de los Estados Unidos a Cuba, algo que algunos esperaban ocurriera durante el primer mandato del presidente Barack Obama, y que no ocurrió debido a que si iniciaba los contactos de manera abierta durante los cuatro años de su primera administración, los lobos de la ultraderecha, que siguen anclados en la Guerra Fría y que por tanto no entienden que hay un reordenamiento global con pérdida de hegemonía de su país, desatarían los demonios para impedir un segundo mandato del líder estadounidense.
Obama debió posponer algunas de sus promesas de campaña hasta consolidar su liderazgo nacional, sensibilizando a la sociedad y al mismo establishment, expresado en los poderes del Estado y fácticos, donde se esconde el residuo de los odios ideológicos de la confrontación Este/Oeste, porque los representantes fundamentales de estos grupos no se dan cuenta de que el mundo pasó de bipolar a unipolar, y de éste, en el que creen que están, a multipolar, realidad que nos presenta un tablero geopolítico, geoeconómico, «geofinanciero» y «geocomercial» con actores nuevos que mueven las fichas conjugando estrategias para jaque mate en bloques.
Como sabemos, la unipolaridad ejercida por los Estados Unidos tras la caída del muro berlinés, trajo como consecuencia un retorno al liberalismo económico, que puso como centro de las políticas públicas al mercado; los países capitalistas ya no tenían que suavizar o contener el ímpetu de su naturaleza, expresada en el control del Estado para poner las ganancias de capitales como fin, ya que el referente socialista no existía como estimulo sedicioso que desembocara en las revoluciones populares que predicaban los sustentadores del socialismo real.
Los Estados Unidos junto a Gran Bretaña lideraron la brutal acometida contra todo lo que oliera a políticas sociales; el neoliberalismo se fue imponiendo entonces a través de fórmulas que, según sus promotores, crearían las condiciones para impulsar el desarrollo global. Las fórmulas estaban contenidas en un recetario llamado Consenso de Washington, que el Tesoro, el Fondo Monetario Internacional, el Bando Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, impusieron, sin estudiar las realidades políticas, económicas y sociales de los países.
Sabemos que la implementación de estas políticas derivaron en crecimiento económico con profundización de la pobreza; esto es, acumulación de riquezas por parte de unos pocos y carencias materiales para las mayarías. Este cuadro reactivó el discurso de los partidos de izquierda, sobre todo en América Latina, que pasaron de no tener referente ideológicos, tras el colapso de las democracias populares, a articular nuevas alianzas, en un amalgama de posiciones ubicadas desde el extremo hasta el centro, para satisfacer las demandas de cambios de los pueblos de nuestro hemisferio, atrapados en un cada vez más obsceno cuadro de desigualdades sociales y económicas.
El triunfo de Hugo Chávez en Venezuela representa el punto de inflexión que marca el inicio de oleadas de partidos de izquierda que comienzan a asumir el poder e incluso uno, como el peronismo en Argentina, que se recicló, y pasó de ejercer un gobierno de corte neoliberal con Carlos Menem, a recuperar la administración de la mano de Néstor kirchner, para gobernar desde una visión de izquierda.
Con el presidente Chávez, como ficha de vanguardia, se inicia el efecto dominó que alcanzó casi toda la geografía latinoamericana, con las excepciones de Colombia, Panamá México y Guatemala, porque Costa Rica, bajo el liderazgo de Oscar Arias y Liberación Nacional, a pasar de la cercanía tradicional con los EE.UU, decidió establecer relaciones con China, competidor, por la hegemonía mundial, con el poder del norte de nuestra América. Honduras y Paraguay fueron frenados por golpes de Estado de formas y estilos distintas, y en Perú, Ollanta Humala, que alcanzó el poder con las fuerzas de izquierda abandonó el carril seducido por las fuerzas conservadoras .
Sobre el nuevo tablero Latinoamérica comienza a definir su propia agenda. Este escenario hizo posible que el 17 de diciembre de 2008, el presidente de Brasil, Lula da Silva, convocara en Salvador de Bahía, la «Cumbre de América Latina y El Caribe sobre Integración y Desarrollo», CALC, convocado sin la participación de EE.UU, Canadá y Europa, para abordar los temas: Crisis Alimentaria, Crisis Financiera, Crisis Energética y Cambio Climático.
Este evento se convirtió en la antesala de lo que sería la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, una respuesta a la Organización de Estados Americanos, OEA, instrumento creado por los Estados Unidos para legitimar sus acciones interventoras en la región, las que se expresaron en derrocamientos de presidentes, intervenciones militares y la creación de instituciones como las Escuelas de Las Américas, con sede en Panamá que sirvió para entrenar a golpistas, torturadores, terroristas y asesinos.
El nuevo teatro latinoamericano no solo sirvió para sepultar el Área de Libre Comercio para las Américas, ALCA, y crear la CELAC, sino para darle un giro diferente al acercamiento entre los países del Sur que procuraban la facilitación de comercio a través del MERCOSUR, acción que se expresó en la creación de la UNASUR, esquema que procura la integración política de los pueblos de la subregión.
No puede dudarse de que la mayoría de los partidos progresistas que están en el poder en América Latina han tenido como referente a la Revolución Cubana y que los líderes de estas formaciones construyeron un liderazgo bajo la orientación directa o indirecta de Fidel Castro, por lo que en la creación de estos organismos políticos necesariamente hubo de estar la orientación del líder revolucionario. Esa fue la razón que llevó al fracaso la VI Cumbre de las Américas en la que no se redactó un documento final porque EE.UU y Canadá se negaron a abordar los temas «Bloqueo contra Cuba y «Malvinas».
Tras finalizar aquella cumbre los líderes latinoamericanos advirtieron a EE.UU y Canadá que no habría otra edición del encuentro sin la presencia de Cuba. ¡Dicho y hecho! En la VII no solo estuvo el más grande país de Las Antillas, sino que allí se anunció el reestablecimiento de las relaciones diplomáticas entre la isla y el coloso del norte, porque la administración del presidente Obama entendió que en medio del reordenamiento global, Latinoamérica se consolida como bloque y no pretende dejar fuera a ninguno de sus hermanos, y menos a Cuba,referente de lo que se construye ahora; por ello Cuba es la puerta para llegar al resto como lo admitió el mandatario estadounidense en su reciente intervención ante la ONU.