Hablan los hechos

Valoran reunión Medina-Martelly como un acierto del Gobierno dominicano

Si algo debe reconocérsele sin el menor regateo a los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) ha sido el tacto diplomático y político con que ha manejado sus relaciones con el vecino país de Haití, y es evidente que en esa línea se enmarca el encuentro en Barahona este martes 13 de octubre entre los presidentes Danilo Medina y Michel Martelly.

Mientras sectores extremistas, tanto en Haití como en República Dominicana, propugnan por la confrontación hasta llegar a plantear el rompimiento de las relaciones entre ambos estados, lo cierto es que en lo que respecta al gobierno dominicano ha primado la prudencia, que jamás podría interpretarse, como alegan algunos sectores, como debilidad por parte del presidente dominicano.

El Presidente Medina, conocedor de la verdadera realidad socioeconómica y geopolítica en que se desenvuelven los dos países que pueblan la isla, sabe que los pueblos dominicano y haitiano conviven fraternalmente, pese a que sus élites de alguna manera se manejan con algún grado de hostilidad.

Por el hecho de que el gobierno haitiano haya impuesto una veda a 23 productos dominicanos, la verdad es que su población los sigue adquiriendo, mientras de este lado de la isla los de debajo de ambas naciones comparten en forma cotidiana sin prejuicios tan graves que puedan distanciarlos.

En medios de comunicación del país, en momentos dados al tremendismo y al sensacionalismo se ha criticado que el Presidente Medina haya accedido a la propuesta de encuentro por parte de su homólogo haitiano, cuando sus postura va acorde con lo que ha sido su trayectoria frente a Haití, de búsqueda de entendimiento sin renunciar a la defensa de la soberanía nacional.

República Dominicana, que tiene competidores reales en la región caribeña, entre los que no figura Haití, está compelida a mantenerse siempre abierta al diálogo, y pese a ser víctima de provocaciones no ser nunca la que tire la primera piedra.

Por el hecho insoslayable de que los dos países comparten un mismo territorio no existe la más mínima posibilidad de sobrevivir en paz que no sea el diálogo y la negociación. De la confrontación se perjudican los dos pueblos, con ganancia para los competidores de República Dominicana.

Se estima que el bloqueo de los 23 productos dominicanos por parte de Haití representa para la economía nacional unos 500 millones de dólares al año. Pero ocurre que más de un millón de haitianos se gana la vida de una u otra forma en el lado dominicano, sin mencionar los beneficios que obtienen por atenciones sanitarias.

Como se advierte, el extremismo no es el camino en las relaciones de los gobiernos de dos pueblos amigos, separados por la historia, pero obligados a convivir en la misma isla. El Presidente Medina parece haberlo entendido así, pese a inconsecuencias del liderazgo haitiano.

Una prensa internacional alineada

República Dominicana, como nación, ha cosechado la peor parte en el tema migratorio manejado por la prensa internacional, tras los esfuerzos oficiales de las últimas dos décadas por regular a los extranjeros residentes en el país como es norma general en casi todas las naciones del mundo.

Un reciente rastreo por los cables de las agencias de prensa extranjera demuestra que República Dominicana no tiene la mejor imagen frente a las naciones del hemisferio proyectada con el Plan Nacional de Regulación de Extranjeros, y observa que la impresión que tienen los ciudadanos de países hermanos es que solo se trata de expulsar a los ilegales haitianos del territorio nacional.

La especie más difundida es que la Ley 169-14 fue promulgada como un Plan de Regulación de Haitianos y no de extranjeros, como su letra y su espíritu lo establecen.

Se ha tratado de ignorar el estudio del Ministerio de Planificación y Desarrollo, junto a la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), que arrojó en el 2013 que en el país residían oficialmente 524 mil 632 extranjeros procedentes de por lo menos 60 países, equivalente al 5.4 por ciento del total de la población, estimada entonces en 9 millones 716 mil 940 personas.

El estudio, con respaldo técnico y financiero del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y la Unión Europea, determinó que de la totalidad de los inmigrantes 458,233 nacieron en Haití, lo que representaba un 87.3 por ciento; mientras que 66 mil 399 eran originarios de otros países.

Después de Haití, según la investigación, las diez naciones que más de sus nacionales vivían en el país eran Estados Unidos, 13 mil 524; España, 6 mil 720; Puerto Rico, 4 mil 416; Italia, 4 mil 40; China, 3 mil 643; Francia, 3 mil 599; Venezuela, 3 mil 434; Colombia, 2 mil 738 y Alemania, Mil 792.

Otras naciones cuya presencia de sus nacionales se ha incrementado en los últimos años son Perú, Ecuador, Corea, India, Paquistán, Gran Bretaña y Argentina, quienes para residir en el país deberán regularizarse, lo mismo que los haitianos.

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