Opinión

Reingeniería de los Partido Políticos IV

Con este artículo finalizamos esta serie de ideas sobre lo que pensamos debe ser el futuro de las transformaciones de los partidos políticos tradicionales en América Latina, para evitar su extinción o aminoramiento. En el artículo anterior, finalizamos diciendo, que el informe PNUD del año 1993 finalizaba insistiendo en que “las personas participan y pueden participar de muchas formas y a muchos niveles; es decir en el hogar, en la vida económica a través de la generación de un ingreso, en la vida social y cultural y en el ámbito de la política.” La participación de las personas en sentido general, es importante para el crecimiento individual del ente y el colectivo social, decimos esto para terminar afirmando, que las organizaciones partidarias deben romper con el paradigma organizacional análogo, para pasar a formar parte del nuevo modelo digital, en donde emergen un sinnúmero de posibilidades organizativas de personas a través de la comunicación facilitada por la web.

El partido análogo, debe dar paso al partido digital, hasta ahora, la estructura organizacional de los partidos tradicionales no entienden las nuevas tecnologías y esto los coloca en una situación desfasada frente, no solo ante los nuevos votantes, sino ante una gran masa de personas constituidas en canales de comunicación a través de sus celulares, tabletas, computadoras y otras herramientas de comunicación veloces y efectivas.

Las nuevas tecnologías llegaron para quedarse y poco a poco ir enterrando el sistema análogo global, para ir sustituyéndolo por el sistema emergente. Los partidos políticos de la región latinoamericana, se encuentran en una situación muy difícil, frente a la sociedad civil. Esta situación ha ido enterrando sistemas de partidos tradicionales, lo hizo en Perú, la historia se repitió en Venezuela, ocurrió en Bolivia y con los últimos acontecimientos electorales de la región, muy especialmente en la República Argentina, la tendencia se puede agravar.

La revolución de las nuevas tecnologías, obviando la primavera Árabe, puede dañar la existencia de formidables instituciones partidarias de América, porque los partidos tradicionales no han comprendido a cabalidad, que las nuevas tecnologías han cambiado la relación que existía entre el ciudadano y la política de sus naciones en sentido general. El ciudadano se transforma rápidamente a través de la transmisión de conocimiento informal, en donde los datos recibidos se convierten en información particular para cada uno, que a la vez –debido al bajo nivel educativo o al interés particular muchas veces malsano- son fácilmente manipulados por corrientes muy atentas, capaces de convertir en tendencias las informaciones que ellos manipulan. El sistema de partidos en todo el mundo está afectado gravemente por esta realidad; por lo que para enfrentar ese mal, debe trabajar en el orden de orientar, educar e instruir en sus distintos niveles de acción, para que el ciudadano empoderado que se presenta hoy en el escenario político y social, pueda ser escuchado, orientado y atendido con altura, porque el ente social que está actuando, es más inteligente, mejor formado y en posesión de datos que pueden convertirse en misiles contundentes. Los partidos y sus líderes, deben entender que el ciudadano exige cada día más, porque “sabe” mucho más que antes.

Es preciso entender, que el canal de comunicación hacia la base partidaria, estaba establecido análogamente, porque el partido era el canal natural de expresión política de sus miembros y simpatizantes. Este canal sigue existiendo, pero es cuestionada la legitimidad de ella, porque se entiende, está articulada hacia intereses de la cúpula de mando. En este orden, algo muy importante, cada bando cree en su bando, pero cuestionando la legitimidad de la autoridad general y hasta la particular, cuando es entendida como interesada.

La legitimidad de toda autoridad, está cuestionada, debido a la actitud generalizada de no transparencia. Eso tiene que cambiar, a través del sistema partidario digital, debido a las posibilidades de interacción social orientadora desde el liderazgo estratégico y operativo.

En el caso dominicano, la familia se ha ido transformando de acuerdo al avance social y económico. Es innegable el progreso en todos los órdenes de la nación, aunque persistan males de antaño, enraizados en la cultura, la que se construye en el quehacer diario; designado científicamente con el sustantivo historia. Los hijos son vistos por los padres hoy, como entes llenos de oportunidades, precisamente aquellas oportunidades que ellos no tuvieron; hablo de una clase media ensanchada en las últimas tres décadas. Esta clase media en todos sus niveles, necesita que los partidos pongan atención en ella, como “multigrupo” al que no debe considerarse “masa” en término general. Esta nueva situación familiar, uniéndola a las nuevas formas de comunicación tecnológica, puede ayudar en el surgimiento de profundas transformaciones de los partidos políticos, reciclándose en una nueva forma, basada en lo no tradicional.

La política y los partidos tradicionales están viviendo una legitimidad cuestionada, lo que se traduce en insatisfacción ciudadana frente al gobierno y al Estado. No entender las nuevas tecnologías y sus nuevas formas de relación, es un pecado que puede traernos graves consecuencias estructurales, porque hoy en día, el ciudadano exige consideración y respeto a sus derechos, que está mejor informado y capacitado para tomar decisiones. En ese sentido, la Red On Line, puede que cambien las reglas del juego en plena jornada sin que lo tradicional pueda responder a tiempo.

En la reingeniería que estamos proponiendo, el partido político pasa a ser un puente digital, a través de las nuevas tecnologías, entre el ciudadano y sus intereses. Para poder hacerlo, debe trabajar su status con respecto a la percepción popular. Existen algunos problemas, como el hecho de que algunos personajes de la alta dirigencia partidaria se creen dioses dentro de sus organizaciones, volviéndose arrogantes, presumidos e irracionales, al momento de ser cuestionados por alguien o “evaluados” por la opinión pública. Algunos pretenden ser eternos en sus puestos, tanto en el partido como en los gobiernos. Otros dirigentes exhiben actitudes poco democráticas, siendo su práctica una copia de la cultura nacional, la que todavía arrastra conductas autocráticas y despóticas exhibidas por los dictadores del pasado lejano y reciente.
Hoy se debe ser practicante de la democracia, no hablante de ella. La desigualdad es cada día más evidente, en cambio la libertad es cada vez mayor; colocando en libertinaje las acciones ciudadana, lo vemos en el tránsito, lo observamos en la escuela, lo vivimos en las instituciones y la conducta de sus clientes internos y externos. Estamos en este punto, en un momento en donde nadie respeta a los demás, existiendo un total enajenamiento de los deberes cívicos.

Otro aspecto importante se encuentra en el sentido público del servicio. Nadie lo respeta, nadie lo asume, es como si no quisiéramos editar el orden consciente y la autodisciplina. Los profesionales no asumen su responsabilidad social, parece que no les importa su entorno, mandando al “carajo” la honestidad en sentido general, colocando a los valores en un discurso para los demás, no para ser vividos por ellos. Estamos en un punto, en donde no importa la credibilidad. Vivimos una situación muy compleja en todo el orden social e institucional, que necesita medidas urgentes de autorregulación, que exista vigilancia efectiva sobre todo lo que ocurre en lo público y en lo privado. Los partidos políticos deben tomar control de su militancia media y alta, para pedirles cuenta, porque no se puede seguir por el derrotero de la malquerencia, la “empujadera” y el “metepié”.

Los desempeños tienen que ser medidos, debe exigirse rendición de cuenta institucional, para sancionar los comportamientos negativos y premiar las acciones positivas. No puede el que se “porta mal” ser igual al que se “porta bien”. Los comportamientos deben tener consecuencias inmediatas, dentro del partido, en la sociedad y en el orden judicial. La democracia no fabrica expedientes, trabaja con instrumentos científicos de investigación y de indagación forense; que cuando se diga que la burra es baya, se tengan los pelos en las manos”.

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