Daris Javier Cuevas
Ya sabemos que un banco central es la entidad que tiene la facultad y la autoridad legal para emitir el dinero que circula en cada país, cuyas funciones están orientadas a regular los elementos fundamentales para el funcionamiento de la economía, así como controla la cantidad de dinero que circula. En adición, regula la disponibilidad y el costo del crédito, y es el coordinador del sistema de pagos y el prestamista de última instancia, que en el caso dominicano, ambas están establecidas en el espíritu de los artículos 27 y 33, respectivamente, de la ley monetaria y financiera No. 183-02.
Por mandato del art.28 de dicha ley, el Banco Central de la RD está empoderado de regular los aspectos relacionados con los cambios internacionales, es decir, con las transacciones en moneda extranjera o en divisas. Por igual, esta entidad administra las reservas internacionales, según el artículo.31, lo que le permite tener incidencia en el mercado cambiario, preservar el valor de la moneda local, moderar el ciclo económico y mantener la estabilidad del sistema financiero, con lo cual logra conducir la política monetaria del país, su principal objetivo.
Es a partir de ese marco legal que se entiende mejor la intervención del Banco Central en el mercado cambiario, que en palabras de su gobernador, Héctor Valdez, se anunció “la decisión de colocar gradualmente en el mercado de divisas entre US$100 y US$200 millones para satisfacer los requerimientos de dólares de los agentes económicos, como manera de contribuir con el comportamiento normal de las actividades productivas del país”.
Ante la inexistencia de razones monetarias y fiscales, admitidas por las autoridades monetarias y financieras, capaz de influir en una conducta improcedente en el patrón dinámico del mercado de divisas local, se han generado múltiples conclusiones acerca de esta intervención repentina. Por un lado se atribuye a intenciones insanas fruto del proceso electoral, otros entienden que se han producido minidevaluaciones en el tipo de cambio que dispararon la alarma en los agentes sobre una posible pérdida del valor de la moneda local, fruto de lo poco efectivo que está siendo la política monetaria y sus instrumentos.
En ambos casos, esas ideas no encuentran certeza fruto de que carecen de explicaciones lógicas y de fundamentos sobre la dinámica de la actividad económica. Para tener una idea concreta de esta afirmación, solo hay que observar el indicador mensual de actividad económica (IMAE) del Banco Central, donde para el primer trimestre del presente 2016 se registró un crecimiento de 5.7%, en tanto, las reservas internacionales lograron alcanzar US$5,171.2 millones las reservas brutas, y US$5,122.2 millones las reservas netas.
Ante tales indicadores, ¿cómo se explica la intervención del Banco Central bajo criterios de los fundamentos de la teoría económica? Una buena razón para interpretar tal situación es concebir que el tipo de cambio es una de las variables de mayor importancia en una economía, en razón de que influye de manera directa sobre los precios de los bienes e insumos importados, al igual que las expectativas que agentes económicos proyectan sobre el devenir de la economía en el corto y mediano plazo. En adición, afecta el comportamiento del PIB y el empleo, los cuales tienen consecuencias impredecibles para la economía de manera general y solo eso tiene una poderosa razón para que el Banco Central actúe de manera preventiva en lo inmediato.
La intervención del Banco Central se justifica si se toma en consideración que cada vez más el manejo del tipo de cambio se hace mucho más relevante como resultados de sus efectos sobre la economía local, el sistema financiero y la balanza de pagos, el cual toma mayor dimensión en las grandes economías, dado el auge del fenómeno de la globalización, lo que explica, en una alta proporción, la importancia e influencia que tiene la política cambiaria en una economía. Pues hay que resaltar que la política cambiaria es utilizada para impulsar el equilibrio de la balanza comercial, cuya importancia tiene razón de ser cuando se presentan los procesos devaluatorios en cada país, que cuando están asociados a situaciones especulativas deterioran la moneda nacional, impactan encareciendo las importaciones cuyos efectos estimulan la espiral inflacionaria destruyendo el poder adquisitivo de la moneda local.
Aunque el régimen cambiario de la RD es flexible, es decir, fluctuación libre, sin la intervención del Banco Central, este no puede autoexcluirse de la dinámica del mercado cuando el flagelo de la especulación está presente ya que por su propia naturaleza los tipos de cambio son muy volátiles.
Las evidencias empíricas ponen de manifiesto que la volatilidad en los tipos de cambio sorprende a las autoridades y agentes económicos, fruto de que los tipos de cambio son notablemente difícil de predecir, más aun, la demanda de exportaciones e importaciones y la oferta monetaria juegan papeles determinantes en los tipos de cambio, así como en las expectativas de inflación ya que hoy en día se reconoce su impacto no tan solo en el mercado de bienes, sino también en el mercado de activos financieros, razón suficiente para entender la actuación del Banco Central, muy acertada.