Opinión

Balance económico 2015 en América Latina

En diciembre del año 2015, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), publicó el informe “Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2015”, en el que se analiza el desempeño de las economías de la región, las perspectivas de crecimiento y los desafíos de la política económica para el año 2016.

Este documento, elaborado por la División de Desarrollo Económico de la CEPAL, pone de relieve la vulnerabilidad de las economías de los países latinoamericanos y del Caribe, frente a las fluctuaciones de los mercados internacionales y el desbalance presentado por ciertas economías emergentes de gran incluencia en el comercio mundial. La economía china, por ejemplo, tuvo un crecimiento por debajo del 7%, el más bajo en los últimos 25 años.

La caída de la bolsa de valores de China en agosto del año 2015, en lo que se conoció como el “lunes negro” chino, afectó al resto de los mercados financieros internacionales. La CEPAL estima en su informe que la desaceleración del mercado bursátil del país asiático, con pérdidas de un 8.5%, afectaría las proyecciones del crecimiento mundial para el año 2016, debido a la trayectoria de la expansión de la economía china.

En este balance sobre las economías de la región, se estima que en el año 2015 de manera global el producto interno bruto (PIB) de América Latina y el Caribe disminuyó en 0.4%, lo que se tradujo en una reducción del 1.5% del PIB por habitante en la región, siendo la tasa de expansión más baja registrada desde el año 2009.

A nivel regional, la CEPAL tambien resalta como preocupante la disminución en la tasa de crecimiento de sectores como la construcción, la manufactura y el sector de electricidad, gas y agua. Esto a su vez ha generado importantes repercusiones en el renglón del empleo: “En 2015, se frenó la caída de la tasa de participación y, como resultado de la mayor entrada de personas al mercado de trabajo, en un contexto de baja demanda laboral, se produjo un incremento del desempleo abierto y del subempleo por horas, junto con un deterioro de la calidad del empleo. Una proporción creciente del empleo surgió en actividades de baja productividad, en particular en el trabajo por cuenta propia, mientras que la creación de empleo asalariado fue débil. En consecuencia, la productividad laboral media sufrió un marcado descenso”.

En cuanto a la deuda pública, el informe de la CEPAL destaca que en el área de América Latina el déficit público es relativamente bajo en comparación con otras regiones del mundo, a excepción de Brasil, donde el peso de la deuda pública aumentó 7 puntos porcentuales del PIB durante el año 2015.

Respecto al área del Caribe, sin embargo, la tendencia respecto a la deuda pública es contraria. En los países del Caribe, la deuda ha tenido una trayectoria ascendente en los últimos cinco años, alcanzando un valor promedio cercano al 80% del PIB de algunos países, siendo Jamaica el país que presenta la mayor deuda pública, equivalente a un 131% del PIB de la nación caribeña.

En el caso particular de República Dominicana, la CEPAL estimó que el crecimiento económico del país en el año 2015 fue de 6.6%. En el balance de la economía dominicana, el documento resalta que en el año 2015 el gobierno emitió bonos en los mercados internacionales por un valor de 3,500 millones de dólares, de los cuales mil 900 millones se destinaron a la recompra de la deuda de PETROCARIBE, operación que ocasionó una reducción del saldo de la deuda pública nacional, que se situaba en un 36.3% del PIB en agosto de 2015.

Al momento de la compra, realizada en enero del año 2015, el monto de la deuda con la empresa Petróleos de Venezuela, Sociedad Anónima (PDVSA) ascendía a 4 mil 123 millones de dólares. El Estado logró honrar esta deuda con el pago de mil 933 millones de dólares. Es decir, el ahorro para el Estado representó un monto equivalente a 2 mil 190 millones de dólares. En otras palabras, el Estado logró un descuento obtenido sobre el valor facial de la deuda de un 52%. Se pagó un precio de un 48% por la deuda. Con esta operación, la deuda del sector público no financiero se redujo en 3.3%.

El informe resalta que, aunque en el año 2015 las exportaciones de oro se vieron afectadas por la reducción de los precios internacionales y las exportaciones totales registraron una disminución de un 2.6%, “la mejora de los sectores de construcción y servicios en los Estados Unidos, principal destino de los migrantes dominicanos, incidió en un incremento interanual de las remesas de un 7%, mientras las llegadas de turistas no-residentes experimentó un alza de un 8.5%” y la inversión extranjera directa alcanzó los mil 700 millones de dólares durante el mes de septiembre del año pasado.

De manera conclusiva, la CEPAL espera que para el año 2016, el crecimiento económico de República Dominicana proyecte una expansión cercana al 5.2%, impulsado por un aumento en el dinamismo de los sectores de la minería y de la construcción, aunado a un mayor flujo de turistas y remesas que también contribuirán de manera importante a una mayor estabilidad y crecimiento económico; y se espera que el déficit fiscal se ubique en torno al 2.3% del PIB.

Las perspectivas y proyecciones de la CEPAL para la región en el año 2016 es que las economías de los países latinoamericanos y caribeños estarán condicionadas por los diversos escenarios y riesgos de la economía mundial, cuyas proyecciones de crecimiento para los próximos años muestran bajas tasas de expansión debido a la lenta recuperación de las economías desarrolladas, las dificultades en la zona del euro y las incertidumbres en las proyecciones sobre el desempeño futuro de China y las demás economías emergentes.

De acuerdo al Banco Mundial, en los últimos 20 años la República Dominicana ha sido una de las economías de más alto crecimiento en Latinoamérica, con un crecimiento promedio del PIB en torno al 5.4% anual entre 1992 y 2014. El reto es continuar con esta tendencia mediante el fomento de sectores como la construcción, la intermediación financiera, la exportación y la manufactura, tanto local como de las zonas francas; concentrando este crecimiento en la mejora de la calidad de vida de las personas a través de un mejoramiento de los servicios públicos, la protección de los derechos fundamentales y la satisfacción de las necesidades básicas de los ciudadanos como salud, educación, vivienda y empleo.

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