Dentro de la construcción conceptual de la denominada clase política entran todos los individuos convertidos en profesionales de la actividad política. Y esto ocurre, al margen de las posiciones ideológicas y de la pertenencia a una clase social determinada. También en ese orden, colocamos a aquellos personajes próximos al mundo de las finanzas y aquellos pertenecientes a las organizaciones denominadas como sindicales, sean estas asociaciones o gremios. Entran en este renglón además, los que son calificados como de la derecha o de la izquierda, así como los de centro izquierda o centro derecha. La clase política de una nación debe ser formada para el servicio. Lo que acabamos de decir es una obviedad, pero debemos recordarlo constantemente. La razón de lo que decimos, se encuentra en que la clase política ejerce poder desde distintos ámbitos, por esa razón tiene que ser formada. La finalidad de esa formación, tiene su fundamento, en primer lugar, para que pueda entender el alcance de lo que hace y de esa forma llegue a concretar sus acciones dentro del marco de la normas establecidas y con el objeto del bien común.
La clase política debe respetar las reglas del juego de la democracia y bregar efectivamente por superar las lacras de la marginalidad de millones de personas, que por razones particulares o por iniquidades sociales desde el aparato de poder, han sido colocadas en situaciones de calamidad porque no han sido capaces de superar escollos ancestrales que les impiden desarrollarse acorde con el crecimiento de la economía global.
Para defender la democracia como estandarte de los derechos individuales y colectivos, la clase política tiene que rescatar su reputación ante la sociedad y en ese sentido, la formación política debe ser rescatada para hacer posible la profesionalización de las personas que ejercen política y se preparan para gobernar, desde los distintos sectores de acción estatal. Pero antes de eso o durante ese proceso que ha de ser múltiples en acciones urgentes, debe dar la cara a través de sus estructuras de base. Porque encarando los desafíos presentados por las poblaciones necesitadas de esperanza y de soluciones, las que deberán jerarquizarse en una planeación que se respete y retroalimente; debe ser una de las vías en la búsqueda del rescate del prestigio social de la clase política en sentido general.
El propósito de esta acción es validar el quehacer político con hechos cuantificables ante los ojos de la ciudadanía, la que se necesita para que legitime nuestra existencia como entes de poder público. Los partidos políticos están siendo cuestionados, no solo los tradicionales sino también los de nuevo cuño y los múltiples movimientos políticos disfrazados o no de acción social, que fueron apareciendo después de la década perdida de los años 80. Todos están bajo un proceso de crisis, aunque de distintas índoles.
Los antes poderosos partidos tradicionales entraron en crisis profundas, colocándose en una meseta de ardientes contradicciones entre sus líderes y este proceso les consumió, dejándoles fuera de actualización orgánica y de una adecuación ante nuevos escenarios histórico-sociales. Algunos desaparecieron o están en el camino de hacerlo, debido a la falta de respuestas acertadas para el momento actual de los fenómenos políticos.
Es por ello, que los que están funcionando actualmente se encuentran en desfase institucional, lo que causa crisis de propósitos cohesionados hacia fines coherentes con sus fundamentos filosóficos; esto ocurre en la mayoría de los casos. Pero esta etapa de crisis no es nueva, viene sucediendo periódicamente desde la propia génesis de los partidos políticos, en el curso de las calendas del siglo XIX. Pese a ello, muchos dirigentes entran en grandes procesos de crisis de stress, tal vez por desconocimiento de que estos ciclos se presentan para crear oportunidades, abriendo nuevos espacios para que se puedan rearmar futuras posibilidades de éxito. Creemos que las causas de tales crisis en sentido general, se debe a las convulsiones político-sociales que se vienen presentado paulatinamente, dando pie a que el significado de tales denominaciones vaya viéndose en la necesidad de ser modificado, entre otra cosas, por la evolución político social impulsada desde las reivindicaciones de los conglomerados.
Para nuestra suerte, la democracia como sistema de gobierno tiene una gran aceptación en nuestras sociedades, pese a que las demandas por reivindicaciones, sustentadas desde la óptica de la justicia social y levantadas desde los núcleos sociales organizados, no se hayan logrado plenamente. Los líderes políticos deben enfatizar en la realidad de que las demandas sociales y la justicia social están asociadas al funcionamiento de la democracia, por lo que es necesario que las respuestas a estos reclamos se logren dentro de un cronograma que jerarquice las necesidades de acuerdo a las posibilidades económicas, en aras de satisfacer, aunque sea medianamente los pedidos de las masas necesitadas y esto debe encuadrarse, dentro de un espacio de tiempo aceptable.
En este fenómeno, el ajedrez de la política se complejiza cada vez más, debido a todo lo que está en juego en esta entropía que estamos viviendo, en donde los intereses de los sectores poderosos de la sociedad, son colocados por encima del interés general de la misma. En ese sentido, es tiempo de hacer retrospección, porque en donde tienen que hilar fino los altos liderazgos partidarios, es frente a la multiplicidad de fenómenos que se les presentan a los partidos políticos que están ejerciendo el poder ejecutivo y a aquellos con posibilidades de gobernar sus respectivas naciones.