Humberto Almonte
Existen quienes pueden creer, que como París, “la democracia es una fiesta”. Nada tiene menos características lúdicas que el ejercicio de ésta. No por menos juguetona, tiende al aburrimiento o a los sobresaltos y vueltas de tuerca que darían para escribir innumerables guiones ante los cuales las películas de aventura palidecerían.
A la prensa le ha tomado por llamar “torneos electorales” a las votaciones para elegir autoridades que regirán los destinos del Estado por una cierta cantidad de tiempo. Y no están tan alejadas del sentido último de esta competencia de propuestas a los ciudadanos, pues un proceso electoral tiene mucho de esos torneos que celebraban los caballeros en la Edad Media.
El cambio que se ha producido en la forma de cómo se envían los mensajes a los potenciales votantes ha sido enorme, pues los avances tecnológicos han expandido la zona de influencia de las informaciones. Ya los medios tradicionales como la radio, la televisión y los periódicos, han cedido el paso al internet y a las redes sociales.
Las campañas políticas de estos días son una mezcla de lo nuevo y de lo viejo, con el predominio de uno de ellos, dependiendo del grado de desarrollo del país en cuestión o de la franja social de ese mismo Estado. No debe olvidarse el asunto de las desigualdades, de las clases sociales, para no fracasar en el intento del acceso al poder.
En estos momentos, las encuestas son mecanismos de medición que determinan con gran exactitud la intención del voto pese a la desconfianza de algunos políticos tradicionales en este método, sobre todo cuando no le favorecen. Quien se resiste a la tecnificación en las formas de hacer proselitismo, caerá víctima de su obsolescencia de pensamiento.
Las elecciones dominicanas serán celebradas el 15 de mayo, las norteamericanas en noviembre y las españolas el 26 de junio, tres países, dos continentes y tres realidades muy distintas.
Filmes como el Disputado Voto del Sr. Cayo (1986), y Los Idus de Marzo (2011), nos acercan a las campañas políticas desde la perspectiva fílmica. El Disputado Voto del Sr. Cayo es una película dirigida por Antonio Giménez-Rico, que se sitúa en los inicios de la transición española y la celebración en de las elecciones de 1977 , después de la muerte del dictador Francisco Franco, autor de la larga noche que padeció la democracia en el país ibérico.
Tomando como base la novela de Miguel Delibes, nos presenta a Víctor o VV (Juan Luis Galiardo), un viejo militante socialista candidato a diputado por la provincia de Burgos, quien en su campaña deberá recorrer los pueblitos de la región acompañado de un par de jóvenes militantes, Lali (Lydia Bosch) y Rafa (Iñaki Miramón).
La competencia para estos representantes socialistas son los ultraderechistas que se suman a la cacería de votos y cuotas de poder, unos para conquistarlas y otros para retenerlas. En una aldea casi despoblada, se encuentran con el alcalde, el Sr. Cayo (Paco Rabal), su esposa, y otra persona con la que Cayo no ha hablado en años.
La realidad política de la España de la época choca de bruces con el idealismo de estos militantes, no solo por el encuentro y la posterior paliza a manos de los ultraderechistas, sino por la dificultad de transmitir sus conceptos políticos a unas personas que no les entienden, escépticos sobre el futuro que se les viene encima.
El último encuentro de Lali y Rafa se da muchos años después en el funeral de VV, y deciden visitar de nuevo a Cayo, constatando su ya absoluta soledad. Este es un filme para ser visto por los nuevos y viejos actores de la política española que volverán a enfrentarse en las urnas en breve plazo.
La reflexión es válida para el PP, Podemos, PSOE, Ciudadanos y todo el sistema partidario que peina las ciudades y las redes sociales en su rol de convencer al ciudadano para que les otorgue su voto. Esto ocurre en una España cambiada hasta los tuétanos que se ha despertado en medio del desastre económico, después de la orgía inmobiliaria y de la indignación subsiguiente.
Los buenos augurios eran la norma en las fiestas romanas de marzo, hasta el asesinato de Julio César en tan sacras fechas, y por eso, no sin cierta malicia, George Clooney decide titular Los Idus de Marzo (The Ides of March), a esta película que dirige, actúa y firma su guión, acompañado de Grant Heslov y Beau Willimon, adaptándola de la obra teatral Farragut North de Willimon .
Este melodrama político es protagonizado por Ryan Gosling como Stephen Meyers, un novato e idealista asistente del director de campaña Paul Zara (Philip Seymour Hoffman), de las oficinas del gobernador demócrata de Pensilvania Mike Morris (George Clooney), quien trata de alcanzar la nominación presidencial por su partido.
Meyers, tratando de ganar Ohio, es tentado por Tom Duffy (Paul Giamatti), jefe de campaña del otro precandidato demócrata, y al negársele, comienza a deslizarse por la pendiente enjabonada en la que termina de bruces en el fango de la política más abyecta.
El mach entre ética y política que Clooney logra en este film, ilustra los peligros que pueden sufrir las buenas almas que se aventuran, armadas de beatificas intenciones pero sin un pelo de perspicacia, en el combate campal de una campaña política. Y entendemos que es bueno repetir, las campañas políticas no son un concurso de simpatías sino una guerra de estrategias para acceder al poder.
Esta reflexión genera varias interrogantes: ¿Quién es el autor intelectual del crimen, cuál es la víctima, conocemos al ejecutor? Hablamos aquí no de crímenes literales, más bien de ganadores y perdedores, de quién gobierna y para ello hace lo que debe, y quién va a la oposición a rumiar el fracaso por no cruzar determinadas líneas. Eso es lo que plantea el director.
Un elenco de actores de primera línea como Gosling, Hoffman o Giamatti, entre otros, dan vida a unos personajes perversamente cercanos a lo real, en un film rebosante de mala fe alejado de ese cáncer llamado corrección política. Con esta obra, su director George Clooney entra de lleno a la liberal tradición de la crítica a una forma de hacer política, pero sin pretender darnos un sermón.
En pocos días se estará disputando en las urnas de la Republica Dominicana la dirección de los destinos de la nación por un grupo de partidos con candidatos a presidente, al congreso y a los municipios. España seguirá en esta vía en el mes de junio, y ya terminando el año, los norteamericanos también elegirán a su presidente para los próximos cuatro años. El cine nos recuerda que esos hechos pasan, pero el propio cine se ocupa de que esos personajes perduren y se fijen en nuestras memorias.
Si hacemos la correcta transferencia a las actuales circunstancias y despojamos a estas películas de la pátina del tiempo, que todo se lleva y maltrata, El Disputado Voto del Sr. Cayo y Los Idus de Marzo, se convierten en lecciones que los dirigentes políticos de hoy deberían aprovechar si se colocasen en la onda de hacer una lectura adecuada de las situaciones que el cine ya se ha ocupado de analizar críticamente.