Alberto Quezada
Toda la cantaleta y resabios que se están verificando contra el recién pasado proceso electoral dominicano no deja de ser un espectáculo de muy mal gusto y un ejercicio repugnante de simulación de todos actores que participaron en el.
Todo lo denunciado y declarado a los medios de comunicación por parte de algunos de los actores del sistema de partido representados en sus candidatos presidenciales, congresuales y municipales podrá tener validez, no así credibilidad. ¿Porque digo esto? Veamos.
Todas la vedetes que están en escena parecen ignorar adrede que todos los alegatos y reclamos que vienen haciendo después de conocer los primeros resultados electorales han sido inconductas electorales consuetudinarias entre ellos. Por ejemplo:
¿Desconocen los actores políticos que participaron en las elecciones del 15 de mayo el catálogo de conducta relacionada con los electores en las casillas electorales; no saben nada sobre el condicionamiento, inducción, compra, coacción y venta del voto el día de las elecciones? El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.
Lo que estamos mirando, ciertamente, es un verdadero y desagradable espectáculo de mal gusto, que más que otra cosa lo que da es vergüenza por poner en evidencia la capacidad de simulación de una clase política que se arrastra cada vez más.
Que no me vengan con cuentos, todos son culpables de lo que está pasando y lo que pudo haber pasado, su permisividad con esas malas prácticas es lo que nos coloca en cada proceso electoral como si estuviéramos en el paleolítico inferior y no en el Siglo XXI.
La República Dominicana merece una clase política más sincera, madura y ética que la libre de una vez y por todas de este colectivo de actores que lo que hacen cada cuatro años es ponerla en ridículo.
¡Ya basta! de hacer votar a los muertos, de que resurjan votantes fantasmas, de votación de electores sin credencial o con copia de la misma y de obstruir el voto de quien se presume votará por un candidato opositor. Cambiemos la página.