Opinión

Juan Bosch: Un gigante

“A Propósito de la celebración del 107 aniversario de su nacimiento en la comunidad de Río Verde, Provincia de La Vega”.

Sin querer pecar de exagerados, estamos absolutamente convencidos de que los dominicanos tenemos el privilegio de compartir la nacionalidad con uno de los pensadores más grandes que ha producido la humanidad en la época contemporánea. Se trata sin lugar a ningún tipo de dudas, del profesor Juan Bosch.

Los aportes de don Juan a la literatura política dominicana son inapreciables; y no es necesario estar de acuerdo con sus juicios, muchas veces polémicos, para aquilatarlo como una de las mentes más prolíficas de la historia del país y de América Latina. El pensamiento político de este dominicano excepcional trasciende las fronteras de nuestra patria. Es el padre y maestro de la escuela política liberal dominicana.

En el profesor Juan Bosch se conjugan las cualidades del líder político completo: Un organizador inigualable e intelectual infatigable. Sin embargo, lo que lo engrandece y le da el toque de excepcional a esta conspicua figura y arquetipo de la democracia dominicana, es la perfecta combinación que logró de la teoría con la praxis política.

Solo un hombre que reúna las condiciones antes mencionadas es capaz de organizar, primero en el exilio político, el Partido Revolucionario Dominicano, el cual lo llevara al poder en el año 1963; y después de su rompimiento con sus antiguos compañeros del PRD, pasa a fundar el Partido de la Liberación Dominicana; convirtiendo a este Partido, antes de su muerte, en la fuerza política más importante del país, al extremo que dos de sus discípulos ya han ocupado la Presidencia de la República.

Decía Orlando Martínez, una de las más excelsas plumas del periodismo dominicano, en un artículo que publicara el 24 de octubre de 1973, cuando todavía el profesor Juan Bosch ocupaba la presidencia del PRD: “Es meritoria en Juan Bosch su defensa de las libertades públicas cuando le tocó gobernar este país; también, su predicción y posición vertical después de los gloriosos y difíciles días de abril de 1965”. Y seguía diciendo Orlando: “Si todas estas cualidades son reconocidas por alguien que no es perredeísta, que también en otras ocasiones, cuando fue necesario, ha señalado defectos. ¿Qué se ha de esperar de un simpatizante del buey?”.

Don Juan es el padre del liderazgo político liberal en República Dominicana. Bajo su égida nacieron y se desarrollaron líderes de la categoría de José Francisco Peña Gómez, Jacobo Majluta, Leonel Fernández, Danilo Medina, entre otros. José Francisco Peña Gómez, que sin lugar a ningún tipo de regateos, fue uno de los discípulos más aventajados del profesor Juan Bosch, calificó a Don Juan en más de una ocasión, como “el superastro de la política dominicana”.

Ningún político dominicano del siglo pasado dio connotaciones de tener un conocimiento tan profundo de la historia del país como Bosch. Es el único de su época que realizó planteamientos políticos propios, partiendo de su experiencia y avalados por la rigurosidad y la certeza que implica el conocimiento de la realidad social en que se desenvolvía. El pensamiento social y político de Juan Bosch está extensamente expuesto en sus obras, tan diversas como sus conocimientos, sobre cualquier aspecto relacionado con la actividad cotidiana.

Todo aquel, por más pobre que sean sus conocimientos, que se dedique a estudiar o a leer la obra del profesor Juan Bosch, de seguro que aunque al final de cuentas no comparta las concepciones del Profesor, por lo menos aprende a conocer el comportamiento y las singularidades del pueblo dominicano; y por qué no, a conocerse a sí mismo. Lo más común en suceder es, que todo aquel que se vea atraído por la magia de leer a Bosch, termina haciendo partícipe de sus ideas. Es decir, termina siendo boschista; porque sus ideas nunca mueren.

El boschismo, que es el instrumento ideológico y doctrinario del PLD, es el único planteamiento social, político y económico, que salvo las inevitables reactualizaciones y reacomodamientos a los cambios que de manera vertiginosa ocurren en el mundo de hoy, los cuales repercuten en todos los rincones del planeta, puede colocar nuestro país en condiciones de responder con eficiencia a los grandes retos que nos plantea la gran revolución tecnológica de este siglo.

La visión futurista de don Juan, sus proyecciones contempladas en el presente, le dieron la oportunidad de vislumbrar las grandes transformaciones políticas, sociales y económicas que se han producido y están por producirse. Solo hay que detenerse a revisar el pensamiento del gran maestro, cuando exponía lo siguiente hace ya varias décadas, en sus notas sobre sociología, sociedades y sociólogos: “Todas las sociedades, sea cual sea su régimen político, están moldeadas fundamentalmente por la economía que anima la vida material de los pueblos. El tipo de economía que le da vida a las sociedades, determina cómo se organiza una sociedad, y el curso de los hechos que provoca la organización de la sociedad es el que determina cómo será la historia de esa sociedad”.

La reciedumbre moral de Don Juan no admite comparación en la política vernácula contemporánea. Fue un hombre que renunció a todo, en su inalterable apego al cumplimiento del deber. Hizo lo que solo hacen los grandes colosos de la historia: renunciar a la riqueza y al placer. La única riqueza y el gran placer de su vida, fue servir a su partido y a su pueblo.

A propósito de estas cualidades tan escasas entre los hombres, no podemos dejar de mencionar al apóstol de la independencia cubana José Martí cuando decía, citamos: “El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber y ese es el único hombre practico cuyo sueño de hoy será ley de mañana, porque el que haya puesto sus ojos en las entrañas universales y visto hervir los pueblos llameantes y ensangrentados en la alteza de los siglos, sabe que el provenir, sin una solo excepción, está del lado del deber”.

Las presentes y futuras generaciones de dominicanos tendremos que recurrir permanentemente a saciar nuestra sed de conocimientos en la fuente inagotable que nos brinda la vida y la obra de Juan Bosch, el dominicano más grande y excepcional del siglo XX, un gigante de la historia.

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